21 de Septiembre del 2025.- El día 21 de septiembre de cada año se conmemora el Día Internacional del Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa y multifactorial del cerebro que afecta las funciones de las células cerebrales y “representa una forma insidiosa de demencia”.Esta enfermedad se inicia, generalmente, entre los 60 y los 65 años de edad, y afecta la memoria, el pensamiento y la conducta de las personas.
Sin embargo, hoy en día, es posible encontrar casos de sujetos que no han cumplido los 40 años que ya presentan síntomas de la enfermedad, condición, que altera gravemente su calidad de vida y que está generando mucha preocupación entre los expertos en el tema, ya que el número de personas con demencia está aumentando a gran velocidad.
La OMScalcula que “para el año 2030 habrá en el mundo más de 82 millones de personas con demencia y para el año 2050 serán más de 150 millones”. El inicio del Alzheimer “es un proceso gradual e implica un déficit y deterioro a nivel cognoscitivo de tipo continuo, desconociéndose en la gran mayoría de los casos la causa exacta del mal”. Si bien, se habla de un factor de riesgo de tipo genético, el hecho de ser portador del gen no implica, necesariamente, desarrollar la enfermedad, ya que existen otros factores que pueden intervenir en el desarrollo de este mal.
El Dr. Alois Alzheimer fue el primero en identificar los síntomas de este mal, cuando al examinar el cerebro de una mujer que había fallecido a los 55 años de edad, detectó que su tejido cerebral presentaba cambios degenerativos y anomalías fisiológicas. Estudios posteriores encontraron “la presencia de altos niveles de aluminio en los cerebros de pacientes con Alzheimer, al compararlos con personas que no presentaban el mal”.
Algunos de los síntomas más habituales del Alzheimer son los siguientes:
1. Problemas con la memoria: se produce un deterioro de la capacidad para aprender nueva información o recordar información aprendida en forma reciente.
2. Alteraciones cognoscitivas: problemas con el uso del lenguaje (afasia); dificultades para realizar actividades motoras, a pesar que la función motora está intacta (apraxia); errores en la identificación de objetos (agnosia); fallas en la ejecución al realizar una serie de pasos secuenciales: abstracción, planificación, organización, ejecución.
3. Desorientación y confusión témporo-espacial: pérdida de conciencia sobre el día en que se está; si la persona sale sola de su casa, puede perderse y resultarle imposible saber cómo regresar a ella.
4. Deterioro significativo de la actividad laboral o social: con la pérdida subsecuente de su trabajo y la fuente de sus ingresos.
5. Inicio gradual y un deterior cognoscitivo continuo: cambios en el patrón de sueño, lo que aumenta el riesgo de sufrir alucinaciones y delirios.
6. Presencia de comportamientos extraños: dar vueltas por la casa sin un objetivo claro, repetir una y otra vez las mismas preguntas, agredir y morder a familiares o amigos.
7. Cambios de personalidad y/o un incremento de la irritabilidad en los estadios iniciales, en tanto que en fases avanzadas pueden presentarse alteraciones en el caminar, alteraciones de tipo motor y, en ocasiones, mutismo y postración total en la cama.
En etapas avanzadas del Alzheimer el enfermo ya no reconoce, o lo hace de manera esporádica, a personas cercanas –hijos, pareja, familiares– y olvida sus nombres. En ocasiones, no reconoce ni siquiera su propio reflejo en el espejo. La comunicación se ve reducida sólo a lo extraverbal, es decir, a gestos, por su incapacidad de comprender el lenguaje, o porque apenas puede hablar, hasta llegar el momento en que sólo emitirá algún que otro sonido y necesitará de ayuda para alimentarse, ducharse y vestirse.
Al comparar a las personas afectadas de Alzheimer con la población general, se constata que quienes tienen familiares de primer grado con Alzheimer de inicio precoz –antes de los 65 años–, tienen más probabilidades de desarrollar este trastorno. Por otra parte, en aquellos casos de Alzheimer de inicio tardío, es decir, después de los 65 años, también existe un componente genético. Se ha demostrado, que en el caso de algunas familias, cuyos integrantes presentan Alzheimer de inicio precoz, existe una herencia de tipo dominante, ligada a algunos cromosomas específicos (cromosomas 14, 19 y 21).
Existen, asimismo, algunos factores externos que podrían ser los causantes del Alzheimer:
1. Factores ambientales: exposición a altos niveles de elementos contaminantes tales como el aluminio, mercurio, cobre, plomo o bien, a ciertos plaguicidas y herbicidas usados de manera abundante en la agricultura, tales como el Roundup (o glifosato), producto que además, es cancerígeno. Lo mismo sucede con los antibióticos y hormonas que se inyectan a los peces (salmones, por ejemplo) a pollos y pavos, a los cerdos y a las vacas.
2. Estilo de vida de la persona: ya sea, que el sujeto lleve una vida muy sedentaria, una mala alimentación con alto consumo de grasas saturadas y de productos con alto contenido de azúcares, escaso consumo de pescado, frutas y verduras, etc., escasa o nula actividad física, además de nula o escasa actividad intelectual: la persona no tiene hábitos de estudio, de lectura o de escritura, lo cual, impide y coarta el uso de todo potencial del cerebro, de modo tal, de mantener activo este crucial “músculo” de nuestro cuerpo.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, investigador y escritor (PUC)










