29 de Junio del 2025.- ¿La razón de consignar esta definición? Por la simple razón de que la duda representa un componente crucial de la condición humana, ya que es la base de nuestro pensamiento crítico y el motor del conocimiento y, en conjunto con su polo opuesto, a saber, la “certidumbre” o “certeza”, constituye un factor de gran utilidad a fin de poder comprender el mundo y desarrollar algunos modelos acerca de la realidad y de la existencia humana. Sin embargo, cuando la duda adquiere un matiz exagerado o cuando alcanza un nivel patológico, esa condición termina por complicarle la vida a cualquier persona.
Muchos expertos en el tema –entre ellos el médico psiquiatra Luis Risco– estiman que la “duda extrema” representa uno de los elementos esenciales que permite configurar la condición clínica llamada “Trastorno Obsesivo Compulsivo” (TOC). En este trastorno psicológico hacen su aparición una serie de síntomas que ponen de manifiesto un estado en el cual la duda recurrente e incontrolable así como la necesidad de ser capaces de manejar la realidad, se hacen presentes. En este sentido, si una persona intenta imaginar un estado en el cual no existe certidumbre alguna acerca de nada, es fácil hacerse una idea bastante aproximada del estado vivencial que hay a la base del trastorno obsesivo compulsivo.
Imaginemos que todo lo que rodea a una determinada persona adquiere un carácter incierto. En esta condición, lo más probable, es que esta persona esté obligada a pensar y repensar las cosas, una y otra vez, aún las más comunes y rutinarias. Incluso más: el sujeto necesitará asegurarse de aquellas cosas de las cuales, normalmente, se siente seguro, tales como, por ejemplo, que las llaves del agua están cerradas, que el gas de la cocina quedó apagado, que sus manos están completamente limpias después de haberlas lavado o que la puerta de salida de la casa ha quedado bien cerrada.
Puede suceder, que la persona se ha asegurado, una vez más, de que todo está bajo control y en orden y, sin embargo, la duda aún persiste, una sensación que obliga a la persona a volver a revisar las llaves, la cocina, la puerta, sus manos, etc. Esta vivencia –llena de dudas e incertezas– lleva “al sujeto a desarrollar una serie de rituales que le permitan obtener algún grado de certidumbre acerca de que todo aquello que es necesario cuidar haya quedado bajo control”. Esta es, en síntesis, la vivencia que experimentan los pacientes que presentan un trastorno obsesivo compulsivo.
El desarrollo de diversos rituales puede alcanzar ciertos extremos que resultan –incluso para el propio afectado– muy incómodos y molestos. Es así, por ejemplo, que se dan casos de personas que necesitan evitar pisar una raya en las veredas por donde transitan, de sujetos que deben entrar con un determinado pie –y no otro– a una habitación, personas que se sienten obligadas a lavarse las manos innumerables veces, en ocasiones, dejando la piel en carne viva, antes de decidir de que éstas han quedado limpias.
Muy conocidos son también los casos de personas obsesionadas por la exacta simetría, donde todas las cosas tienen que mantener un orden específico y no otro, o bien, que se ven obligadas a repetir, una y otra vez, ciertas frases o palabras en silencio y para sí. Todo esto es vivenciado por el sujeto con una clara sensación de absurdo, de actos y acciones que son incómodos o derechamente inapropiados, pero que a la persona afectada le resultan imposibles de evitar u obviar.
Si por alguna razón se produce una situación que le impide al sujeto la realización de alguno de sus rituales, de inmediato la persona se ve embargada por una intensa y desagradable sensación de angustia y ansiedad que no la deja tranquila hasta poder llevar a cabo el ritual interrumpido. Ahora bien, estos casos y ejemplos relatados son de los más sencillos, por cuanto, existen otros casos en los que los pensamientos con carácter incontrolable y recurrente (obsesiones), alcanzan tal nivel de intrusividad que perturban y coartan el normal funcionamiento de una determinada persona, cual es el caso, por ejemplo, de una madre cariñosa que experimenta un elevado nivel de culpabilidad, porque no puede controlar un pensamiento intrusivo, de acuerdo con el cual, ella debe hacerle daño a su hijo.
El “carácter intrusivo, egodistónico e imperioso de este tipo de pensamientos generan mucha angustia y ansiedad en las personas”, frente a las cuales, un refugio –al menos parcial y temporal– lo proporciona el desarrollo de diversos tipos de rituales. Aclaremos que en psicología, el concepto “egodistónico” se refiere a ciertos pensamientos, sentimientos o impulsos que son percibidos como contrarios a la propia identidad y valores, condición que genera malestar o angustia en la persona.
El Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) establece una diferencia entre los dos fenómenos esenciales del cuadro: “la obsesión y la compulsión que fundamentan la denominación de TOC”, donde “las obsesiones corresponden a ideas, imágenes o impulsos recurrentes y persistentes que son vivenciados como intrusivos y absurdos que se imponen al sujeto”, quien ofrece una resistencia, generalmente, sin éxito, y que generan un acusado malestar en la persona, en tanto que “las compulsiones son actos que el sujeto realiza ante una obsesión con el objetivo de reducir el malestar o la ansiedad asociados”, o bien, para efectos de neutralizar algo que se trata de prevenir a través de un proceso de pensamiento mágico, cual es el caso de actos mentales, tales como: rezar, contar, repetir palabras o frases, y formar contraimágenes o actos motores como el lavado de manos o diversos tipos de comprobaciones, tales como abrir y cerrar puertas y/o llaves, una y otra vez.
Digamos, finalmente, que el TOC es un desorden mental que puede ser tratado de manera exitosa, por cuanto, los fármacos, así como también distintas formas de psicoterapia han demostrado su eficacia, por lo tanto, no es necesario que la persona afectada deba experimentar el sufrimiento que conlleva este trastorno. Por lo mismo, es de suma importancia que las personas que sufren de TOC busquen ayuda profesional, o bien, que sus familiares cercanos los ayuden y apoyen en este proceso, a raíz de que el resultado final implicará un cambio radical y significativo en la calidad de vida del paciente.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










