01 de diciembre del 2024. La lectura expone a nuestro cerebro a nuevas ideas, perspectivas y conocimientos, lo que la convierte en una poderosa herramienta para el desarrollo cognitivo de una persona.
Por lo tanto, si hay algún papá o mamá que piense que entregándole a sus hijos una Tablet, un Smartphone o teléfono inteligente, un iPad, etc., estará formando personas que se convertirán en jóvenes geniales y brillantes, quienes, posteriormente serán adultos creativos y autorrealizados, deberá tener muy presente que existen altas probabilidades de que ese “efecto mágico” jamás se produzca.
Por el contrario, investigadores de la Universidad de Harvard pusieron en evidencia que un menor interesado en la lectura y que haya desarrollado una buena capacidad lectora, estará: (a) menos expuesto a repetir curso y a desertar de la escuela, (b) será capaz de acumular más años de estudio, lo que le permitirá (c) tener mejores trabajos y empleos, lo que a su vez, (d) disminuirá el riesgo de que caiga en la pobreza.
Pero esto no todo. Otro estudio de tipo longitudinal realizado por los investigadores Stuart Ritchie, Timothy Bates y Robert Plomin con 1.890 parejas de gemelos idénticos que fueron evaluados regularmente a los 7, 9, 10, 12 y 16 años, demostró “la importante influencia de la habilidad lectora en el desarrollo intelectual”. Y un efecto adicional entregado por un tercer estudio: las personas que desarrollan el hábito de la lectura, tienden a tener una mejor salud emocional y a desarrollar, asimismo, su Inteligencia Emocional.
En este sentido, las ayudas tecnológicas son vistas sólo como un complemento a la formación de un ser humano, en tanto que un libro en manos de un niño representa un eslabón esencial en el crecimiento, desarrollo y madurez del menor.
Al analizar los numerosos beneficios que ofrece el hábito de la lectura, cae por el peso de la propia lógica que este efecto no sólo se destaca como un “círculo virtuoso”, sino que podemos ir más allá y hablar, con propiedad, de una “espiral virtuosa”, en que cada una de las premisas –o argumentos– eleva a la persona que la practica a un nivel de desarrollo y competencia superior. Todas las investigaciones que se han realizado con miles de niños de distintos países en relación con el proceso de aprendizaje coinciden en que “el mejor estímulo intelectual que puede tener un menor proviene de la lectura de libros y, especialmente, de la comprensión de aquello que lee”.
Y otro poderoso dato: el mejor ejemplo que se puede dar, es aquel que entregan los propios padres, es decir, si el menor ve regularmente a su papá o a su mamá leyendo un libro, una revista o un diario, el “mecanismo psicológico de identificación –que es inconsciente– sumado al proceso de socialización, conducirá de una manera natural a los niños a convertirlos, asimismo en hábiles y ávidos lectores”.
Los expertos en el tema del hábito de la lectura señalan que muchos materiales y elementos cotidianos –revistas, libros de cuentos, álbumes de fotos, etc.– pueden ser usados para que los niños se interesen por la lectura. Lo importante en este proceso, “es la actividad práctica de interactuar de manera activa con los niños”, contar historias diversas y divertidas con un único y gran objetivo de fondo: desarrollar el interés y el amor de los menores por la lectura, con la finalidad de que ésta sea una experiencia placentera y que la disfrute plenamente.
Para los padres interesados en crear en sus hijos el hábito de la lectura, los expertos en la materia entregan las siguientes recomendaciones:
- Incorporar los libros y/o revistas a sus rutinas diarias: tal como es el caso de leerles un cuento antes de dormir.
- Crear un espacio de lectura: que el lugar destinado a la lectura esté bien iluminado y tenga libros que sean adecuados para la edad de los niños; decorar el lugar con escritos, dibujos o manualidades de los menores.
- Estimular su imaginación: invitar a los niños a escribir o a crear sus propias historias.
- Interesarse por las lecturas de los hijos: preguntar por los títulos, los personajes, el género o el tipo de libros que les han gustado más, y motivarlos a continuar leyendo.
- Leer de manera interactiva con los niños: mientras se lee en voz alta, hacer preguntas a los hijos acerca de los contenidos que se están leyendo, o de aquello que les llame la atención.
Digamos finalmente, que la lectura tiene una serie de beneficios adicionales, tales como: ampliar el vocabulario y mejorar el lenguaje, tanto oral como escrito; fortalecer la capacidad de concentración en aquello que se está haciendo; alimentar y hacer crecer la imaginación y la capacidad creativa de los menores, entre otros beneficios.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










