El 23 de agosto fue un día aciago para la comuna de Puerto Montt. Por primera vez, en toda su historia, fue destituido un alcalde por notable abandono de deberes e infracciones graves al principio de probidad. Se trata del alcalde socialista, Gervoy Paredes. Mas allá de las consideraciones políticas y legales de este hito, he preferido abocarme en esta columna a la cuestión emocional.
Como puertomontino, me embarga el pesar y la decepción. Y no es porque tenga una especial cercanía con la figura de Gervoy Paredes o porque crea que el fallo en cuestión es injusto hacia su persona, sino porque es la confirmación de que la máxima autoridad comunal, nuestro alcalde, ha incurrido en una serie de faltas de tal gravedad que dañaron inexorablemente el objetivo mandato: buscar el bien común de todos los puertomontinos y puertomontinas a los que representa.
Uno no puede ignorar su grado de responsabilidad en todo esto, a fin de cuentas, no se llega a ser alcalde de una comuna sin la legitimación popular que expresamos, periódicamente, a través del voto. Dicho en otras palabras, el sabor amargo de esta ignominia estriba en la frustración que sentimos frente a una gestión municipal que nos ha fallado, cuyo horizonte se extravió en el fragor de sus propias ambiciones y pereció ante la excesiva condescendencia de quienes secundaron y vitorearon su actuar negligente e irresponsable. Hemos errado, elegimos un mal alcalde, tal constatación es triste para cualquier persona que le tenga cariño a su comuna.
Ahora bien, de nada sirve autoflagelarnos. Si de algo puede contribuir esta situación es para marcar un punto de inflexión, vale decir, caer en la cuenta de que malos representantes, malas autoridades políticas, pueden comprometer seriamente el bienestar y el desarrollo de una comuna. Se necesitan tan buenos alcaldes, que tengan un buen diagnóstico de las problemáticas locales y cuenten con las herramientas intelectuales y técnicas para resolverlas; como también se necesitan buenos concejales, dispuestos a fiscalizar y ser un contrapeso a la gestión municipal, cada vez que existan indicios de alguna ilegalidad o ineficiencia en el gasto público. Puerto Montt se merece ese estándar; uno que pueda cautelar su progreso y futuro. Mi esperanza, queridos conciudadanos, reposa en ello.
Fernando Gipoulou Andrade – Presidente Región de Los Lagos, Movimiento Amarillos por Chile










