Hay veces que el nombre o la imagen “Chile” da la vuelta al mundo, puede ser por un terremoto o calamidad natural que despierta la inmediata solidaridad internacional y nacional. Otras veces es algún éxito deportivo o un escritor destacado con el Nobel u otro galardón, también el inesperado resultado de una elección o una marcha multitudinaria o “estallido social” que quiere cambiar al país desde sus cimientos, despierta el interés mundial.
Hoy en cambio, nuestra bandera, el “Ceachei” y el cálido, extravagante y sonoro nombre de Chile, cubre las portadas de prestigiosos medios mundiales no por un triunfo o derrota deportiva ni por movimientos telúricos ni protestas masivas, sino por el peor de los sentimientos: la xenofobia. Podrán argumentar sobre el descontrol fronterizo, la mala gestión migratoria, los problemas de convivencia, pero ¿quién en su sano juicio vitorea cuando desalmados y exaltados arrojan a una hoguera pañales, juguetes y las pocas pertenencias de desesperados y asustados migrantes?
Nos auto reconocíamos como solidarios, el asilo contra la opresión, casi era un himno el “Verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero…”, pero bastó el rumor, el temor y el nacionalismo barato, para que surgiera el horror. De seguro los miles de marchantes en Iquique no participaron en la quema de los enseres, pero vitorearon o avalaron con su presencia tamaña brutalidad, «Si en una mesa hay un nazi y diez personas que lo respetan, en esa mesa hay once nazis«, afirma un dicho alemán.
El problema migratorio de seguro se irá acentuando a medida que se levanten las restricciones pandémicas; el mal gobierno y las crisis en Venezuela, Haití y otros lugares del hemisferio empujarán a oleadas cada vez mayores a viajar. Un viaje a lo desconocido, nuevas tierras, climas, acentos e idiomas los esperan, y estaba en sus cálculos, sería difícil ya lo sabían de antes, pero de seguro no se imaginaban que en el confín del mundo hombres y mujeres con odio (y temor) enarbolarían palos, antorchas y cánticos violentos para perseguirlos, envueltos en nuestra bandera tricolor, la misma de nuestros libertadores, héroes, deportistas y poetas.
La solución de seguro no es fácil, no basta con declaraciones “buenistas” y políticamente correctas, faltan viviendas, empleos y servicios para todos, los choques culturales suelen ser complejos, pero cuando hay voluntad y sobre todo humanidad se logran milagros. La imagen “Chile” no puede ni debe ser asociada a xenófobos trogloditas persiguiendo a mujeres y niños asustados, los iquiqueños y los chilenos en general seguimos siendo el asilo contra la opresión.
Carlos Schneider Yañez
Odontólogo y Magíster en Gestión en Salud
Universidad de Chile
M.B.A. Tulane University (USA)










