Comenzaba a correr la segunda mitad del siglo XX y en pleno centro de Santiago, específicamente en la intersección de la calle Rozas con Puente, existía una casa comercial de nombre Casa Moya, de propiedad de don Ramón Moya Lasalle, quien fue alcalde de la comuna de El Monte por dos periodos entre 1967 y 1973 y luego un periodo entre los años 1992 y 1996. Para promocionar la tienda y aumentar las ventas tuvieron la genial idea de crear un concurso con el lema ¡No paga usted, PAGA MOYA¡, en el cual luego de que el cliente compraba y pagada la mercadería, la boleta entraba en una tómbola de sorteo y si era seleccionada, entonces el valor de la compra la absorbía el establecimiento comercial, es decir MOYA, sin ningún costo para el cliente.
Desconozco si la campaña resultó en un éxito de ventas para la citada casa comercial pero el eslogan fue ingeniosamente acuñado por un diario de la época, esta vez no como estrategia publicitaria de algún tipo de comercio sino para referirse a los despilfarros de dineros fiscales causados por malas decisiones o incompetencias de alguna autoridad pública, cuya responsabilidad de pago sería asumida por el Estado, sin responsabilizar del bache financiero al causante del escollo. ¿Así cuando una inversión pública fracasa, quien paga? Moya, y los ejemplos abundan: ¿Cuándo fracasaron las dos propuestas de Constitución, quien paga? Moya, ¿Cuándo se destinan convenios a dedo a fundaciones truchas quien paga? Moya. ¿Cuándo fracasó la construcción del CESFAM, quien paga? Moya, ¿Cuándo la pileta de la plaza de armas no funciona por incompetencia en la fiscalización de la construcción de la remodelación, quien paga? Moya.
En cambio, si el privado fracasa Moya no paga la boleta, la paga el privado, siempre.
En octubre de 2019 se decreta la ley PEC I (Precio Estabilizado a Cliente), esto en medio del contexto del estallido social (o como usted prefiera definir) y evitar que luego del alza aproximada de 9% en las tarifas de electricidad esto sirviera de combustible para el ya “encrispado” ambiente nacional. En 2022 esta farra eléctrica debería haber terminado, porque recuerde que esta vez la boleta no la paga Moya, en cambio se decreta la ley PEC II, aumentando un estimado a la fecha de más de US$6 mil millones el pozo de deuda a las eléctricas.
Esta no la paga Moya.
En definitiva, lo que se hizo es pasarnos un préstamo de las empresas eléctricas sin siquiera informarnos del costo futuro de los intereses, ni preguntarnos si realmente deseábamos acumular dicha deuda a futuro. Por lo menos con la política “rásquese usted mismo” de los retiros de fondos de las AFP sabíamos muy bien las consecuencias que esta tendría en nuestros fondos individuales y se alertaba también sobre las consecuencias en el alza de la inflación.
Solo bastaba ver la experiencia de otros países del continente con políticas de fijación por ley de precios como medidas de mitigación de alzas. Hacerse el desentendido tiene costos, que en su caso y el mío no los paga Moya.
Recuerde, cuando un parlamentario vota políticas irresponsables y no se informa adecuadamente a la población sobre las consecuencias el que paga siempre es Moya, en cambio la boleta de electricidad la pagamos todos.
Cristián Pérez Garay – Vicepresidente Movimiento Amarillos por Chile










