“Las personas tienden a olvidar con una facilidad increíble lo importante que es estar vivos, sanos y felices… hasta que se enferman”.
En febrero del año 2024 la Organización Mundial de la Salud hizo, nuevamente, hincapié en un hecho preocupante, a saber, que la “carga mundial de cáncer estaba creciendo en todo el mundo a un ritmo alarmante”, en medio de una creciente falta de servicio en relación con la enfermedad, razón por la cual, era necesario diseñar nuevas estrategias para efectos de limitar su expansión y poder atender a tanta persona enferma de cáncer.
A su vez, el Informe Mundial sobre el Cáncer dio a conocer que alrededor de un 40% de todos los tipos de cánceres podían ser evitados si las autoridades, las instituciones de salud, el gremio médico y las personas mismas aplicaran de manera adecuada los actuales conocimientos relacionados con las medidas en la prevención del cáncer.
¿Las razones de esta advertencia? Muy simple: los cambios en la dieta así como el estilo de vida que lleva la población mundial han dado lugar a un aumento sustantivo de la obesidad, la inactividad física, la hipertensión arterial, el consumo de alcohol y tabaco, factores que en conjunto han incidido en diversos tipos de cáncer de aparición temprana.
El cáncer no se combate solo con medicinas, intervenciones quirúrgicas, quimioterapia o radioterapia. Algunas de estas medidas pueden ser consideradas, incluso, solo de carácter provisorio o paliativo, ya que un tratamiento médico no está en condiciones de asegurar la sanación del paciente afectado en un ciento por ciento, ya que el cáncer puede reaparecer tiempo después –proceso llamado recidiva–, con más agresividad que antes.
A menudo sucede que cuando se solicita la intervención de la medicina, es porque “el cáncer ya está ahí”, por lo tanto, es probable que la persona haya sido “reactiva” frente a un mal que puede atacar a cualquier persona, a toda edad y de todo estrato social.
Se requiere entonces, ser proactivo, entendiendo a la “proactividad como la realización de todas aquellas acciones, actividades y medidas que permitan a las personas evitar o, a lo menos, prevenir y minimizar las posibilidades de contraer y desarrollar un cáncer”. Dicha posibilidad es efectiva y real, y está al alcance de toda persona que tenga conciencia clara del impacto que este mal puede tener en la persona y en la familia. Por lo tanto, si no se toman las necesarias medidas preventivas, todo esfuerzo restante se hace insuficiente, ya que los hábitos de vida de las personas influyen de manera poderosa para que ciertas situaciones vinculadas a diversos males se manifiesten. Lo relevante es trabajar en la prevención de la enfermedad y evitar que ésta se desarrolle.
A continuación, se analizarán algunas medidas de prevención –partiendo por modificar el estilo de vida personal– que ayudan de manera probada a disminuir notablemente el número de casos relacionados con el cáncer. Para ello es preciso hacer diversos cambios y modificaciones profundas en: el consumo de tabaco, la mala y/o poco balanceada alimentación, el sedentarismo, la reducción de peso y en la reducción del consumo de alcohol.
1. Limitación del consumo de tabaco. Se considera al hábito de fumar como un hábito nefasto y como el factor responsable de más del 90% de las muertes por cáncer de pulmón, es decir, el tumor que más frecuentemente se presenta en los varones, y el tercero en importancia para el caso de las mujeres. De acuerdo con los datos que maneja la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer de la OMS, se ha establecido una vinculación causal entre el consumo de tabaco y el desarrollo de cánceres en los siguientes órganos: cavidad oral, laringe, faringe, esófago, vejiga urinaria, páncreas, cavidades y senos nasales, estómago, hígado, riñón, cérvix uterino y leucemia mieloide.
2. Una alimentación equilibrada. Los estudios indican que las comidas ricas en materias grasas, azúcares y aditivos químicos incrementan el riesgo de contraer cáncer de colon y cáncer de mama, debiendo evitarse, asimismo, la ingesta de alimentos fritos, dando preferencia al consumo de pescado por sobre la ingesta de carnes. Y si se ha de comer carne, entonces dar preferencia a las carnes blancas por sobre las rojas. Por otra parte, las dietas que son bajas en fibras, favorecen el desarrollo de cánceres. Por lo mismo, lo aconsejable es consumir frutas, verduras, cereales y legumbres, alimentos que facilitan el tránsito intestinal, ya que todas ellas son ricas en fibras.
3. La práctica de un deporte. No existe informe, investigación o estudio serio que no recomiende la práctica de una actividad física de manera regular. Esta práctica no tiene por qué ser de tipo violento o exagerado, y sus beneficios se extienden no sólo al hecho de que disminuye de manera efectiva el riesgo de contraer cáncer en un 30 %, sino que le restituye al sujeto su autoestima, junto con el hecho de sentirse bien, con energías, con ganas y deseos de enfrentar todo lo que haya que enfrentar. Asimismo, los expertos aseveran que una pauta regular o programa habitual de ejercicios reduce de manera significativa la posibilidad de una recidiva, en aquél caso que se haya tenido un cáncer.
4. La reducción del peso. La OMS señala que desde el año 1980 la obesidad se ha más que duplicado en el mundo, con cifras que impactan: hoy en día circulan alrededor de 1.500 millones de personas con severo sobrepeso, en tanto que hay más de 550 millones de personas con obesidad mórbida, 300 millones de ellos son mujeres, en tanto que 250 millones son varones. El algunos países la población con sobrepeso puede llegar a representar casi los dos tercios de la población. La obesidad constituye un factor de riesgo relevante de enfermedades no transmisibles, tales como: accidentes cardio y cerebrovasculares, primera causa de muerte a nivel mundial; diabetes, que puede conducir a ceguera y amputaciones; osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones que puede producir una incapacidad casi total; desarrollo de algunas formas de cáncer, tales como el cáncer del endometrio, colon y mama.
5. Reducción del consumo de alcohol. El consumo de alcohol está ganado cada vez más espacio en la población juvenil, por lo tanto, al igual que con el consumo de tabaco, se requieren políticas de estado que permitan la realización de programas educativos desde muy niños, por cuanto, hoy en día, ver chicos de ambos sexos consumiendo alcohol a partir de los 11 o 12 años de edad no resulta ninguna novedad. Tampoco lo es, observar a jóvenes de ambos sexos consumiendo en grupos –por “atracón” y en muy corto tiempo– altas cantidades de alcohol. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer y la OMS han logrado identificar al consumo de alcohol como uno de los diez mayores riesgos que contribuyen a la carga de enfermedad en el planeta.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










