En un giro tan despreciable como previsible, los alcaldes en busca de reelección están dispuestos a sumergir a sus comunidades en un escenario de humillación, donde los ciudadanos son obligados a participar en campañas políticas entre líneas. Este macabro guión incluye la entrega de bolsas de dudoso contenido con el logo municipal, una artimaña financiada directamente por los impuestos de aquellos a quienes se pretende someter.
La desvergonzada estrategia no escatima en aprovechar la necesidad de los más vulnerables, forzando a jubilados a recibir cajas de mercadería financiadas con el IVA de su propio kilo de pan y medicamentos. El cinismo alcanza su punto álgido cuando se obliga a la población a participar en fotografías humillantes para perpetuar la imagen del alcalde actual benevolente y amoroso.
Es innegable que la ciudadanía, hastiada de esta farsa, clama por una mejora real en su calidad de vida. Mientras los líderes municipales buscan su reelección, se empeñan en regalar objetos simbólicos, la comunidad busca soluciones tangibles a problemas que afectan su día a día: desde el deficiente alumbrado público hasta la falta de seguridad, pasando por calles sucias, vertederos ilegales, zonas de sacrificio, zonas rurales olvidadas y un gran etc.
La indignación crece al observar cómo la maquinaria política desatiende las verdaderas necesidades de la población. La discriminación social desde la institucionalidad municipal se manifiesta de manera flagrante, utilizando la miseria como moneda de cambio para la obtención de votos. Este pernicioso juego político deja en claro que la reelección se busca a costa de la dignidad de los pobladores más débiles de sus comunas.
Los vecinos no quieren ser protagonistas de una campaña que los humilla; exigen acciones concretas que transformen su entorno. La mejora en la infraestructura escolar, nuevas sedes vecinales, programas de empleo y seguridad efectiva son demandas legítimas que los alcaldes parecen ignorar en su afán de mantenerse en el sillón alcaldicio. La verdadera campaña debería ser la de una comunidad unida, exigiendo respeto y un cambio genuino en lugar de ser actores forzados en un drama electoral que desprecia la esencia misma de la democracia.
Hector Zuñiga Gajardo – consejero Evopoli Los lagos










