Me encanta el mes de Septiembre. Es un mes en que se respira un ambiente distinto al resto de los meses, incluso Diciembre en que toda la gente se apretuja para comprar en los mall y tiendas en general, haciendo esfuerzos mágicos para estirar el presupuesto y cumplir con la lista de regalos para la familia y amigos.
En cambio, en Septiembre se respira un aire distinto. Amanece con el sonido de las aves, se empiezan a planificar los días siguientes, tal día para la reunión familiar, otro para los amigos y todo alrededor de la parrilla y el carbón. Algunos celebran las fiestas tranquilas en sus casas y otros prefieren las siempre llenas fondas o ramadas.
Para estas fiestas siempre hay una prenda de ropa nueva para exhibir y no es raro concurrir hasta una peluquería para darse una manito de gato que nos permita estar presentables para estas fiestas, ya que deberemos exhibirnos ante familiares y amigos, que generalmente suelen reunirse sólo para estas festividades. Antaño incluso se pintaban las casas y se hacían inversiones en ropa nueva para todos los miembros de la tribu.
Desde la década de 1830, todos los chilenos celebramos el 18 de Septiembre como la fiesta de nuestra Independencia. Anteriormente, a esa fecha, el pueblo celebraba este hecho el día 12 de Febrero de cada año, conmemorando la Batalla de Chacabuco, encuentro bélico entre el Ejército Libertador y el Ejército Realista ocurrido en el norte del valle de Santiago en 1817.
Estas fiestas eran netamente rurales e incluso asistían muchos ex combatientes de esa noble gesta militar, lo que producía cierto desenfreno en el consumo de bebidas alcohólicas y riñas entre ellos. Para muchos miembros de la sociedad de Santiago y la Iglesia, las denominadas Fiestas de la Challa se consideraban desenfrenadas y como una manifestación de la incivilización y barbarie que no coincidía con los ideales austeros y europeizantes que ellos perseguían. Es por ello que la Iglesia y los realistas buscaron bajarle el perfil e importancia a esta celebración, proclamando un nuevo día de las fiestas patrias, el 18 de Septiembre.
La fecha elegida conmemora el momento en que un grupo de criollos ( algunos partidarios de la Independencia y otros no), juraron fidelidad al Rey Fernando VII a quién consideraban el legítimo monarca y se comprometían a gobernar en su nombre mientras se reestablecía el orden en España.
De esta forma, las fiestas adquirieron un cariz más moderado al celebrarse al final del invierno y pasar a ser una fiesta propiamente urbana y muy controlada por las autoridades y las instituciones eclesiásticas y de orden de la época.
En la actualidad, las ramadas o fondas constituyen uno de los sellos distintivos de nuestras celebraciones nacionales, en donde los asistentes acceden a ricas empanadas y suculentos asados y anticuchos, acompañados de abundantes mostos para no atorarse.
Sin ninguna duda, me encanta Septiembre a pesar de que aún no he logrado aprender a bailar cueca con cierta dignidad y por sobre todos, con respeto a nuestro baile nacional.
Una de las costumbres mas encantadoras de estas celebraciones son las reuniones familiares, en que las mujeres conversan en un lugar cómodo del espacio abierto, sea en un campo o en un patio, con alguna bebida espirituosa en la mano y los varones, en actitud ancestral alrededor de la parrilla, con un vaso en la mano y con la otra pellizcando el asado. En ese momento alrededor de la parrilla, es donde se arregla la economía del país, se toman medidas contra la delincuencia y por, sobre todo, se dan lineamientos infalibles para que nuestro equipo de fútbol gane en su próximo compromiso.
Es por ello que reafirmo: Me encanta Septiembre.
José Manuel Godoy Leiva.










