El 4 de Septiembre de 2021, se cumplirán 200 años del fusilamiento en Mendoza del General Don José Miguel Carrera Verdugo. Fue sin lugar a duda, uno de los más destacados forjadores de la independencia nacional. Merece con creces el nombre de Padre de la Patria, pues fue quién dio forma y vida a un Chile institucional que recién salía de un largo proceso colonial que mantuvo a nuestro país unido a España desde la Conquista.
Fue fruto de una aristocrática familia que, si bien tenía lazos con la Corona de España, las ideas libertarias se encontraban presentes. Fue enviado a España y obtuvo el grado militar de Sargento Mayor del Ejército Español. Regresó a Chile y puso todo su afán para conseguir la independencia de Chile. De carácter soberbio, pero de inteligencia sobresaliente supo ir creando lazos y simpatías entre los criollos chilenos que soñaban con la separación de España y con el nacimiento de una nueva nación.
Por obra de su temperamento indómito, se alejó de la Logia Lautarina a la que había ingresado en su estadía en España, ya que consideraba que esta era lenta y un obstáculo a sus planes para forjar la independencia de Chile. Así fue como empezó a ser rodeado de intrigas y malquerencias de importantes miembros de la logia. Siempre hubo un puñal artero esperándolo en las sombras, pero Carrera además de inteligente, era astuto. Pudo sortear hábilmente mas de un atentado, ya que los felinos ojos de su ordenanza José Conde siempre estaban atentos velando por su seguridad.
Durante su breve gobierno, fundó la Biblioteca Nacional, el Instituto Nacional y creó el primer periódico nacional, La Aurora de Chile, dirigida por Fray Camilo Henríquez. Pero sin lugar a duda, su obra más importante es la promulgación del Reglamento Constitucional de 1812, el que por su contundencia y en sólo 25 artículos logró recoger los derechos ciudadanos que posteriormente estarían presente en todas las constituciones nacionales, incluyendo la que nos rige el día de hoy. Luego de sus continuos conflictos con O´Higgins y después del Desastre de Rancagua, debió viajar a Argentina con el objeto de reorganizar el ejército chileno, desperdigado y carente de equipamiento. Viajó a los Estados Unidos y consiguió naves con pertrechos y soldados, pero al fondear en la Bahía de la Plata, le fueron incautadas por Pueyrredón, Gobernador de Buenos Aires. Finalmente fue encarcelado y trasladado a Mendoza, donde fue enjuiciado sumariamente y condenado a morir fusilado.
El día 4 de Septiembre de 1821, antes de ser llevado al banquillo, se le hizo dar una vuelta por la plaza de Mendoza según relata Francisco Antonio Encina, para que el pueblo lo viera. La concurrencia estaba dividida, unos lo aborrecían y otros lloraban por su infortunio. Se negó a poner la venda en sus ojos, tranquilamente se sacó el poncho que portaba y se lo entregó a su confesor, junto a su reloj y a un mechón de cabello, para que lo hiciera llegar a su amada esposa Mercedes Fontecilla cuando sonó una descarga de fusilería que casi alcanza al fraile y mató a uno de los soldados que lo custodiaba. Tal era la prisa por ejecutar al General, pero pese al apuro, alcanzó a gritar: “Muero por la libertad de América”.
Acto seguido el oficial a cargo del pelotón ordenó que el cuerpo de Carrera fuese descuartizado. La cabeza fue puesta en una caja bajo el arco de la Torre del Cabildo y unos metros mas abajo se colgó uno de los brazos, El otro fue paseado por Mendoza para amedrentar a sus seguidores y el tronco se enterró donde yacían los cadáveres de sus hermanos Luis y Juan José, fusilados dos años antes. Doña Javiera Carrera, hermana del Prócer, logró la repatriación de los cuerpos de sus hermanos en 1828.
La caja que contenía la cabeza del General fue sustraída por José Conde, Ordenanza del General durante horas de la noche y transportada a Santiago en el más absoluto silencio y respeto y hoy día se guarda en la capilla de la localidad de El Monte.
Pablo Neruda, con su pluma inmortal escribió:
“Príncipe de los caminos
Hermoso como un clavel
Embriagador como el vino
Era don José Miguel
Una descarga en su pecho
Abrió un manantial morado
Pasan y pasan los años
la herida no se ha cerrado”
José Manuel Godoy Leiva










