Published On: Sáb, Jul 4th, 2020

Columna de opinión: «En la cancha y en la calle se ven los gallos».

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Alimentos para Chile, canastas de comida, víveres no perecibles, son algunos adjetivos con los que se puede describir una ayuda esperada por la comunidad. En un principio esta ayuda iría en beneficio de las familias vulnerables, aquellas familias que reciben esa denominación mediante una ficha que, de acuerdo con unos puntajes, son catalogados como los más necesitados. Pero con el avance de este covid-19 y los diferentes cambios que esta pandemia nos ha traído, ahora son muchos más los que requieren de esta ayuda.

En el escenario actual al transcurrir los días se presentan sentimientos como desesperación, inquietud, enojo y angustia por esa ayuda que no llega a todos los hogares y que tanta falta hace. Por otro lado, está la desinformación, comentarios mal intencionados, vocerías con distintas informaciones que de alguna u otra manera confunden a la comunidad. Y, por último, discusiones, los infaltables autodenominados protectores de los más necesitados que, mediante acusaciones o misivas, objetan los procedimientos y hacen perder tiempo ante la imperiosa necesidad de la comunidad de tener las cajas en sus domicilios.

Para comprender en forma simple como funciona esta ayuda hay que saber que este proceso es financiado con fondos regionales que son aprobados o rechazados por los CORES. En una sesión se expone el tema y luego los concurrentes aprueban o rechazan. En un principio los CORES de nuestra región dieron luz verde a la adquisición de 37.000 cajas con un costo de 1.511 millones de pesos para productos que fueron adquiridos por la intendencia a dos empresas: DIMAK de Osorno y Distribuidora Elena de la ciudad de Coronel. Estas canastas contienen productos básicos como arroz, legumbres, azúcar, fideos, salsas de tomate, té, hierba mate, aceite, leche en polvo, jurel, atún, harina, levadura, detergente líquido, jabón en barra, productos de primera necesidad que van en auxilio de los diferentes hogares. Luego de la adquisición, estas cajas se repartieron entre las siete comunas que conforman la región (Osorno, Puerto Octay, Purranque, Puyehue, Río Negro, San Juan de la Costa y San Pablo), algunas de estas cajas fueron sometidas a fiscalización para comprobar su calidad y cantidad. Después, en coordinación con los municipios mediante el uso de los llamados mapas de vulnerabilidad, comenzaron a ser distribuidas a los habitantes. En la provincia de Osorno fueron alrededor de 44 mil canastas aprobadas para repartir y cerca de 32 mil destinadas para la ciudad de Osorno. Dicha razón es bajo el criterio que la ciudad estuvo un mes en cuarentena y además por tener una gran cantidad de habitantes y muchos hogares con un registro social bajo el 40%. En esta logística intervienen intendencia, gobernación, municipios, carabineros, militares, representantes de diferentes reparticiones públicas, transportistas escolares (aquellos que reciben subvención del estado) y voluntarios.

 Para entregar 1500 canastas se necesita alrededor de 100 personas, entre choferes, militares, carabineros, empleados públicos, voluntarios, furgones, con un tiempo de trabajo aproximado de 5 horas. Cada canasta (constituida por 2 cajas) pesa alrededor de 24 kilos, con un costo aproximado de 40.000 pesos, las que son entregadas en la puerta de cada vivienda. Esta entrega depende de los factores climáticos, pues las cajas al ser de cartón no se pueden mojar; el peregrinaje recorre las diferentes poblaciones, villas, departamentos, campamentos etc., entregando casa por casa dicha ayuda, anotando en una bitácora de visita datos como dirección, nombre y RUT del adulto responsable que recibe la encomienda.

Obviamente la cantidad adquirida no fue suficiente para llegar a todos los hogares, por lo que se pidió una segunda remesa, petición que fue denegada por algunos CORES, aludiendo que no había conformidad con el método de compra y entrega anteriores. Luego de discusiones, el consejo en otra sesión aprobó la compra, la que demora en ser realizada por todos los trámites y papeleos. En esta nueva adquisición se gastarán 3.400 millones de pesos y, dependiendo de la capacidad de producción y entrega de los oferentes, es que se pueden mantener los antes mencionados o cambiar a otras empresas.

Me animé a ofrecerme como voluntaria en este programa, ya que quería vivir in situ la experiencia. Fue así como el jueves en la mañana me dirigí al regimiento y pude ver como el personal militar retiraba los pallets desde un gimnasio que constantemente era sanitizado asimismo como los vehículos utilizados. El personal militar organiza y distribuye en los furgones las tan esperadas canastas.  El teléfono de Pablo (Subdere) no deja de sonar, los voluntarios y dirigentes sociales están en el punto de encuentro: una cancha cerca de una sede social del sector de Rahue Alto, donde los equipos recibimos la información de parte del Subdere para comenzar el peregrinaje. Con mascarillas y guantes recorrimos las calles y casas entregando las cajas; llovizna, frio, barro, agotamiento, sed y hambre nos hacen compañía, como también las ganas de llegar con la ayuda, los agradecimientos y las bendiciones nos llenan el corazón y nos animan a seguir.  Pasadas las 14:00 horas mi equipo terminó el sector asignado, las 3 cuadrillas restantes seguían en sus respectivos sectores. Ese día fueron 4 cuadrillas compuestas entre 10 y 12 voluntarios más los carabineros que recorrían el sector y los militares que resguardaban los furgones que esperaban continuar con la posta de entrega.

Viernes 26.  Intendente, gobernador y Subdere nos dieron el vamos. A mi equipo se le asignó la población Murrinumo, sector que no pudimos atender como hubiésemos querido ya que tuvimos que salir arrancando luego que una familia nos apedreara, porque querían que les dejasen más cajas con mercadería (la canasta se conforma de 2 cajas). Se les trató de explicar cómo era el proceso, pero fue imposible que ellos nos escucharan y entendieran. Esta familia optó por apedrearnos e insultarnos, la coordinadora de cuadrilla al ver la situación rápidamente reaccionó y al grito de ella todos arrancamos, unos al furgón y otros a sus autos. En ese proceso perdimos a unos voluntarios quienes rápidamente informaron a su jefa de lo sucedido y ella los hizo regresar a su oficina. Se llamó a carabineros, quienes acompañaron a dos voluntarios a constatar lesiones y verificar el domicilio donde fue la agresión. Los que quedábamos del equipo decidimos no atender el sector, estábamos muy asustados por la situación vivida y después de algunas horas nos enviaron a otro lugar. Ese día terminamos pasadas las 16:00 horas, mojados embarrados, y tristes por no haber atendido a los vecinos del sector Murrinumo, pero coincidimos que nuestra seguridad y la del furgón eran importantes, ya que la cuadrilla tenía que seguir con las entregas en otros sectores de la ciudad. En la tarde era noticia lo sucedido, comentarios y opiniones, de todo tipo ya que “después de la guerra todos son generales”. Para tranquilidad de nosotros y de los vecinos del sector antes mencionado la entrega se reagendará para una nueva fecha.

Sábado 27. Nuestro equipo autodenominado “los apedreados”, visitamos población Las Vegas en compañía de un dirigente. Como el día anterior habíamos adelantado ese sector, todo fue rápido, además ya con un día de trabajo juntos nos conocíamos y con un excelente liderazgo sabíamos que hacer. Al medio día llegamos con furgón y camión militar al sector Lomas de Acapulco, donde sus dirigentes muy bien organizados nos acompañaron durante todo el proceso, pudimos entregar la encomienda a casi toda la población, en la bitácora de visita quedaron anotados los domicilios que no tenían habitantes, estos después tendrán que ponerse en contacto con sus dirigentes y la gobernación para poder tramitar una pronta entrega.

Fue una tremenda experiencia, ver desde el principio todo el trabajo de organización, logística, las caravanas saliendo del regimiento ubicado en calle O’Higgins, guiados por el Subdere en su auto particular. Después reunirse con todos los voluntarios, escuchar las instrucciones, recorrer todas esas poblaciones, entregar las cajas y ayudar, a pesar del frio, barro, lluvia, hambre, sed, exponiéndonos al contagio por ir en ayuda de la comunidad osornina, realmente un tremendo sacrificio y esfuerzo de todos quienes han ayudado en este proceso.

Somos un pueblo que nos gusta el “chaqueteo” y esta vez no ha sido la excepción. Estas cajas de alimentos han servido para ese objetivo, hemos visto como de todos partes han bombardeado esta iniciativa, se ha vuelto engorrosa, tediosa, ya que mientras unos pocos discuten la forma y el modo, las familias esperan con desesperación dicha ayuda. Lamentablemente este proceso ha sido invadido por aprovechamientos políticos y egoísmos. Se han sembrado dudas, desconcierto y, mientras algunos tratan de acelerar el proceso, otros lo estancan.

Después de vivir sólo 3 días esta experiencia les puedo decir que es un tremendo trabajo y entrega de todos quienes aportan y dedican su tiempo y salud, para verdaderamente ayudar a las familias. Agradezco la invitación y principalmente la experiencia vivida, el haber conocido a tantas personas, conocer diferentes zonas de mi ciudad, interactuar con gente fabulosa y generosa y, como siempre digo, gracias por lo bueno y lo malo. Invito a quienes critican y hablan desde una mesa o un computador que vayan ahí “donde las papas queman” y aporten con un trabajo de voluntariado.

Articulo escrito por

Rossana Casas Peña

Periomamista Semanario Local

Una mezcla loca entre Mamá y Periodista Ciudadana.

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Columna de opinión: «En la cancha y en la calle se ven los gallos».