Published On: Sáb, Mar 7th, 2015

La Licha . Nuestro homenaje a la mujer desconocida, pobladora, dirigente y campesina.

Share This
Tags

licha

Sentado en la mesa principal miro de izquierda y a derecha con la sonrisa gentil que establece el protocolo. En estado de alerta permanente evaluó a cada una de sus compañeras de mesas. El verde de los uniformes sentados a su lado contrastaba con la juventud de quienes lo ocupaban. La belleza de la Fiscal sobrepasaba de manera evidente a la concurrencia destacando en todo. Muchos ojos encimas, pensó. Y casi como un reflejo centro su mirada en los arándanos que rellenaban la crema del Kuchen que tenía en frente. El publico femenino atestaba la sala y la temperatura subía con el resuello de las presentes. Tomo el vaso de jugo de naranja dispuesto para él, lo llevo a su boca buscando mitigar el calor, lo alzó y entre el cristal y el naranjo fuerte pudo ver entre el público y en una mesa distante una cara familiar. La Licha, pensó. Es la Licha. Y su mente voló a los años de su niñez…

Se vio corriendo descalzó por los campos de Osorno junto a Juanin, su compañero de travesías. Saltaron el cerco de alambres y corrieron jugando por la pampa verde desnuda de arboles hasta la casa de la Licha, dirigente poblacional y campesina. Sin los incisivos y su boca solo afirmada por los caninos la Licha llamaba a risa y a burla. No tenia dientes frontales la Licha. Pero como si fuera un mandato de la naturaleza la Licha suplía su falta de dientes con exceso de cariño, con exceso de ternura. Todas las tardes, él buscaba su compañia. «Mi patróncito lindo» decía la Licha. Y su corazón de niño latía apresurado, apretando su garganta ante el cariño entregado y retorciéndose de placer ante la caricia torpe de esa mujer de campo que restregaba su pelo castaño y enmarañado. El devolvía al cariño con silenciosa sonrisas. «Algún día, algún día Licha , te regalaré una casa, te daré la plata, te comprare tu caja de abarrotes», pensaba, sin decirlo.

Ese día el Juanin fue el de la idea. La gallina castellana se lleno de pollos en la casa de la Licha. «Tírale piedra Jaime para que arranquen». Tomo una piedra y la arrojo. Los Pollitos sintieron el ruido sordo del golpe y corrieron en desbandada. Ambos rieron. «Otra, otra» gritaba Juanin extasiado. El mocoso reitero la travesura. «más, más…»gritaba Juanin al borde de la histeria. El niño tomó la piedra y la arrojo con fuerza cortando el aire como un cuchillo y dando accidentalmente en un blanco. El pequeño plumaje amarillo se lleno de rojo. El niño y Juanin corrieron presurosos. Las plumas sanguinolentas dejaron en claro el crimen infantil. » ¿que hacemos?», pregunto el niño. «Enterrémoslo», respondió Juanin. Después de esconder su crimen el niño corrió hasta su casa atribulado por la culpa. Pasaron dos semanas sin volver a la casa de la Licha. No dormía bien. No tenia apetito. No jugaba.

«Anda donde la Licha y cómprame unos huevos», indico su madre. El niño se lleno de terror. Mamá mandaba. El obedecía. Atravesó el mismo cerco pero sin juegos ya,  hasta la casa de la Licha. Con la mirada en el suelo se acerco a la Licha y pidió los huevos. Tenía miedo de mirar a la Licha. «Que le pasa po’h, ¿no me viene a ver el patroncito ?», disparo la Licha. Fueron segundos. Una eternidad para el niño. Y volcando toda su culpabilidad en un suspiro dijo» Licha maté un pollito». La Licha lo miró serio. Hubo una distancia de silencio de algunos segundos que parecieron eternos. La Licha miró hacia lo lejos y le dijo » lo sé mi patroncito, lo vi todo, pero no fue culpa suya, fue un accidente, acérquese para que su Licha le dé un abrazo y le haga cariño». El niño se abalanzó sobre la Licha y su cara se apretó contra el delantal de la mujer. Lloró. Como nunca había llorado. Sus sollozos ahogados se llenaron del olor a humo de la falda de la Licha. La Licha se inclino, acarició su pelo, lo beso en la frente y susurro. «patroncito…patroncito», apretándolo fuerte contra su regazo.

…sentado en la mesa, dejo el vaso de jugo. Doblo la servilleta en un triangulo pequeño e inútil . Y miro sus grandes dedos que contrastaban con las otras manos evidenciando su propia autoridad.

Busco en la mesa lejana de reojo a la Licha. No era ella. «Se parece tanto», pensó. «Tanto, tanto». Su cavilación fue interrumpida de pronto. Una mano toco su hombro. Giro la cabeza. Y un aliento joven de mujer golpeo su cara : «Es su turno Alcalde». Se levanto pausado. Avanzo hasta el pódium y escruto el largo discurso escrito por sus asesores. Acerco sus labios al micrófono y señaló. : «Estamos aquí para conmemorar el día internacional de la mujer…», sus ojos buscaron por un instante en la distancia la imagen del símil de la Licha y por una fracción de segundos su corazón se lleno de infinita  ternura. Luego volvió a ser la Autoridad y sencillamente continuo con su discurso.

About the Author

- Para mayor información sobre este articulo recomendamos contactarse con Claudio Ojeda S. - Fono 987762086 - semanariolocal@gmail.com - Código Postal 5290231 - Edificio S - Depto 103 - Osorno - Chile /// Semanario Local es un Medio de Comunicación Social reconocido por el Estado de Chile y sujeto a las normas y Ley de Prensa 19.733. Esta información cuenta con respaldo legal y no puede ser modificada ni alterada en ninguna de sus formas. El material publicado está exento de Derechos de Autor y es de Libre Uso.

La Licha . Nuestro homenaje a la mujer desconocida, pobladora, dirigente y campesina.