Published On: Sáb, Dic 27th, 2014

El champagne…esa exquisita tradición que no pasa de moda

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El champán o champagne  es, como muchos saben, un vino espumoso cuyo origen se remonta a antes del siglo XV, en la región francesa de Champaña.

Lo que los champañeses del siglo XV probablemente no se imaginaban cuando empezaron a exportarlo es que se acabaría convirtiendo en el vino favorito para las grandes celebraciones, y desde luego en la bebida de las Navidades, Nocheviejas y Años Nuevos por antonomasia.

Seguramente, tampoco se imaginaban que habría toda una ciencia dedicada al champán. En inglés se llama “bubbleology”, que literalmente se podría traducir como “burbujología”. Matthias Drieb, profesor de química de la Universidad Técnica de Berlín, es aficionado a esta ciencia, y así sabe exactamente, por ejemplo, qué es lo que ocurre cuando abrimos una botella de champán con ese “pop” tan característico:

“Cuando se abre una botella de champán, que es algo que todos hemos visto, se forma encima del líquido una niebla. Esto no es otra cosa que CO2 que se forma durante el proceso de fermentación. Al abrir la botella, el CO2 frío sale, enfría el ambiente y condensa el agua del aire, haciendo que se formen gotitas en la botella. Todo esto sucede al abrir una botella de champán”. Con todas las botellas que se abren en Nochevieja en el centro de algunas ciudades la temperatura nocturna podría fácilmente bajar un par de grados. ¿Y alguna vez se ha preguntado por qué las burbujas del champán ascienden siempre en línea cuando se vierte en una copa? La respuesta, de nuevo, es el CO2. El gas que contiene el champán se distribuye en pequeñas ampollas que se abren cuando encuentran una partícula de polvo o un arañazo microscópico en la superficie del cristal. De esa ampolla, va ascendiendo poco a poco el gas hasta agotarse.

La apertura de una botella de champán es un proceso mucho más complicado de lo que parece.

Antes de ello, no obstante, al beber ese champán, son esas microampollas las que causan ese cosquilleo que sentimos en la lengua al paladearlo. Eso sí, amplificadas por una enzima endógena de la lengua, que hace que las burbujas causen una reacción en nuestro sistema nervioso: lo que a nosotros nos parece un hormigueo.

Y para el día siguiente…

Tecnicismos aparte, lo que realmente nos puede interesar en un día como hoy es saber qué hacer con una botella de champán a medio acabar que nos ha sobrado. Muchos optan por poner una cucharilla en el cuello, porque parece ser que así se evita que se salga el gas. Matthias Drieß lo desmiente: “Pueden comprobar que, realmente, la cuchara no tiene influencia alguna. Lo que sí considero efectivo es mantener la botella en frío. Y lo que me parece más interesante es que hay que dejarla destapada. Al principio puede parecer algo extraño, pero se puede comprobar que es verdad”. Y un último consejo que muchos se tomarán al pie de la letra… “Y otro aspecto muy importante: ¡hay que beberse la botella rápido!”.

Colaboración Revista Mi Sur

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