Published On: Mar, Dic 9th, 2014

Estado de percepción pública

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Los últimos resultados de las encuestas Cep y Adimark han marcado la reflexión política de la semana pero no el análisis. La centro derecha ha sacado equivocadamente cuentas alegres de la misma manera que en su momento lo hizo la Concertación frente al gobierno del Presidente Sebastián Piñera. Ambas coaliciones se han dedicado los últimos años a quebrar la formalidad de la institucionalidad de nuestro país tras la búsqueda de dividendo políticos partidistas. Que no son dividendos que vayan necesariamente tras la defensa del bien común sino que aparentemente tras individualismo personalistas y los más graves tras dividendos de tipo económico.

Frente al resultados de las encuestas la clase política tiene que adoptar una posición clara y consensuada si se consideran las últimas declaraciones del director del Centro de Estudios Públicos, CEP, Harald Beyer quien señalo, sin subjetivismos , que lo que esta encuesta está revelando es un divorcio entre la sociedad y la política. No ha dicho nada nuevo. Es una percepción generalizada . Lo nuevo aquí es la afirmación de que la causa está en el hecho de que la clase política ha decidido seguir a la calle. «Y La calle no es la sociedad». afirmo Bayer.

Y tiene Razón. Cada marcha convocada y realizada. Cada paro y movilización respaldada. cada negociación abandonada y quebrada. Cada punto de inflexión de posiciones ultristas y radicalizadas en el Gobierno de Sebastián Piñera fueron alentadas desde la Concertación sin ninguna visión de futuro, sin ninguna responsabilidad de estado. Validando, más allá de una posición y demanda social justificada y legitima , una especie de anarquismo social y una desvinculación de los mecanismos tradicionales para la resolución de conflictos. Se alimento a un monstruo. Se recuerda usted a carabineros disparando balas de pintura. Se recuerda usted a estudiantes arriba de una mesa violentando verbalmente a un ministro. Podríamos mencionar una serie de hechos que fueron avalados por la oposición de la época sin pensar que en el futuro podrían cosechar lo mismo que han sembrado.

La Nueva oposición no hace hoy algo distinto. Mientras la producción industrial en tiempos de desaceleración económica crece al 1% con todo pronóstico en contra, con todo lo que ha significado una violenta campaña «gobierno come guaguas», vemos que se alcanza un equilibrio en la persistencia de la mantención de puestos de trabajo y menos despidos. Aunque las cifras en el último trimestre móvil acusaron un 6,4% de desempleo. Vemos que en las ultimas hora aumenta en los mercados internacionales el precio del cobre. Vemos que la aplicación de algunos impuestos es progresiva y parcial y no aterradora como se venía planteando. Vemos que la violencia o percepción de violencia disminuye y el estado toma control. Que baja el tono de las reclamaciones del empresariado. Que se comienza a estabilizar el clima social. Que La inversión pública proyecta aumentos significativos. Que comienza a crecer las expectativas.

Pero también vemos una caída en la venta de retail y el consumo interno que desciende en un 6%. Sintomático de una percepción de desconfianza y pesimismo alimentada desde la centro derecha.

 Evelin Mathei al respecto a señalado que la derecha se olvido del emprendimiento, algo asociado al positivismo. Osandon señala que no existen propuestas, algo asociado al trabajo eficiente y eficaz.

Por su parte al interior de la nueva mayoría se vive un viacrucis interno en el que algunos personeros están distanciando los atributaos personales de la Presidenta Bachelet de la conducción política. Atributos que fueron la que la encubaron en las encuestas y que al parecer hoy no resultan tan valiosos para la conducción del país. Lo que entorpece su liderazgo y conducción.

Y lo uno y lo otro. El accionar de la Alianza y de la Nueva mayoría claramente afecta a la percepción de la sociedad en su conjunto

Si la Concertación alentó el disconformismo social cuando era oposición y hoy promueve la pugna interna. La Alianza está abocada a alentar el pesimismo económico del país y a desentenderse de propuestas reaccionarias.

Ninguna de las dos posiciones ayuda a mejorar el estado de percepción de nuestro país. Las encuestas seguirán mostrando este divorcio entre la política y la sociedad. La calle sin ninguna formalidad ni estructura seguirá intentando imponerse frente a la estructuras de un estado republicano, con tradición parlamentaria y de apego a la institucionalidad. Ante ello se debe mejorar el estado de percepción social.

Se debe integrar a la canasta familiar dos productos que son indispensables para estabilizar nuestra economía y el orden social . Optimismo y responsabilidad política. No se compran en los supermercados. Se construyen desde un ambiente político sano y mejorado al que la clase política en general debe contribuir sin mezquindades y asumiendo responsabilidades de tipo país.

Claudio Ojeda – editor Semanario Local

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