22 de Octubre, 2026.- Brasil se prepara para una de sus elecciones presidenciales más estrechas de los últimos años. Este domingo 25 de octubre, el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro se enfrentarán en una segunda vuelta que no solo definirá quién ocupará la Presidencia, sino también la relación del próximo gobierno con un Congreso donde las fuerzas de derecha ampliaron su representación.
Según una encuesta Datafolha divulgada el 15 de octubre, Bolsonaro alcanzaba un 47% de las preferencias frente al 45% de Lula. La diferencia, situada dentro del margen de error del estudio, refleja un escenario de alta competencia en el que la participación electoral y los votantes que apoyaron a otras candidaturas en primera vuelta pueden adquirir especial importancia.
Para Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello, uno de los factores fundamentales será el comportamiento de los electores moderados y de centroderecha.
“Los candidatos que quedaron fuera de la segunda vuelta reunieron casi el 8% de los votos válidos. No son un bloque homogéneo y sus apoyos no se transfieren automáticamente”, explica.
El académico señala que Augusto Cury y Renan Santos, candidatos que no avanzaron al balotaje, han evitado respaldar formalmente a alguno de los finalistas, lo que mantiene abiertas las interrogantes sobre el destino de sus votos.
Minas Gerais, São Paulo y la participación electoral
Más allá de los respaldos políticos, Pérez identifica al sudeste brasileño como otro territorio clave para comprender el resultado de la segunda vuelta.
“El segundo factor serán los votantes del sudeste, especialmente de Minas Gerais y São Paulo. El sudeste concentra una enorme cantidad de electores. En una elección estrecha, variaciones relativamente pequeñas en la participación o en las preferencias de estos estados pueden representar cientos de miles de votos”, sostiene.
El especialista añade que la movilización electoral podría influir en el resultado, pese a que en Brasil el sufragio es obligatorio para buena parte de la población.
Por ello, plantea que las estrategias de los candidatos durante los últimos días de campaña serán relevantes para convocar tanto a sus respectivos electorados como a quienes todavía no han definido su posición.
Un Congreso que condicionará la próxima administración
El resultado presidencial no será el único elemento que definirá el escenario político brasileño. Las elecciones legislativas del 4 de octubre reforzaron al Partido Liberal, vinculado al bolsonarismo, y ampliaron la representación de sectores conservadores en el Congreso.
Este nuevo equilibrio parlamentario anticipa desafíos diferentes para cada candidatura.
“Las elecciones legislativas del 4 de octubre reforzaron considerablemente al Partido Liberal asociado al bolsonarismo. El presidente necesita construir mayorías legislativas entre numerosos partidos para aprobar leyes, presupuestos y reformas”, explica Pérez.
Según el analista, una eventual reelección de Lula implicaría negociar con un Congreso de mayor presencia conservadora para avanzar en su agenda.
“Si Lula ganara la segunda vuelta enfrentaría un Congreso con una presencia conservadora más fuerte que la actual, con mayores dificultades para impulsar reformas tributarias, políticas ambientales, iniciativas sociales o nombramientos”, señala.
En ese escenario, el mandatario necesitaría fortalecer sus acuerdos con el denominado Centrão, conjunto de partidos de centro y centroderecha que cumple un papel relevante en la formación de mayorías legislativas.
La situación sería distinta para Flávio Bolsonaro, aunque tampoco contaría automáticamente con los votos necesarios para impulsar todas sus propuestas.
“Por su parte a Bolsonaro lo espera un Congreso favorable pero sin mayoría absoluta. También debería entrar a negociar si quiere reformar la constitución”, afirma el especialista.
Al debate sobre la gobernabilidad se suma la relación entre el Congreso y el Supremo Tribunal Federal. Legisladores vinculados al bolsonarismo han promovido iniciativas contra el magistrado Alexandre de Moraes, mientras que el próximo gobierno podría intervenir en la composición del tribunal mediante nuevos nombramientos.
De esta manera, el resultado del domingo también tendrá consecuencias para el equilibrio institucional brasileño y la relación entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Qué cambia para Chile con Lula o Bolsonaro
Las consecuencias de la elección también se proyectan sobre Chile, considerando el peso económico y político de Brasil en Sudamérica.
De acuerdo con cifras de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, el intercambio comercial bilateral alcanzó los US$12.750 millones en 2025, una magnitud que refuerza la importancia de mantener vínculos estables entre ambos países.
“Para Chile, independiente el gobierno, Brasil es un socio fundamental y el mercado más grande de Sudamérica”, señala Pérez.
El académico considera que una eventual presidencia de Flávio Bolsonaro podría traducirse en un mayor acercamiento diplomático con Estados Unidos, particularmente en materias de comercio, seguridad e inversión.
En ese contexto, identifica posibles espacios de coincidencia con la orientación internacional del gobierno chileno.
En cambio, una continuidad de Lula daría mayor relevancia al papel de Brasil en los BRICS y a una política exterior orientada a mantener relaciones con diferentes centros de poder económico y político.
“Con Lula al contrario la posición de Brasil en el BRICS será aún más profunda, dando más relevancia a la autonomía estratégica y las relaciones con otros faros de poder fuera de EE.UU.”, sostiene.
Según Pérez, esta diferencia no supone una ruptura de Brasil con Estados Unidos, sino prioridades distintas en la construcción de alianzas internacionales.
El especialista también identifica posibles efectos en la cooperación regional en seguridad. A su juicio, un gobierno de Flávio Bolsonaro podría acercarse a la iniciativa del Escudo de las Américas, impulsada por Washington para fortalecer la coordinación regional frente al narcotráfico y otras amenazas.
La decisión, sin embargo, dependería de las prioridades que estableciera la nueva administración brasileña.
Así, mientras los candidatos concentran sus esfuerzos en captar los últimos votos antes del balotaje, la elección del domingo tendrá efectos que irán más allá del cambio o la continuidad del gobierno: también marcará el rumbo de las negociaciones parlamentarias, las relaciones entre los poderes del Estado y el posicionamiento de Brasil en el escenario internacional.








