30 de Agosto del 2026.- Lo que sí podría terminar es la relativa comodidad legislativa con la que ha gobernado.
Trump llega a las elecciones en una posición complicada. La última encuesta Reuters/Ipsos sitúa su aprobación en 33 por ciento, la más baja de su presidencia. Pero una encuesta de aprobación no nos dice cuántos de esos votantes acudirán a las urnas. Para mí, la gran variable será el enfado. Fue un extraordinario movilizador en 2016 y volvió a ser importante en 2024. Ahora los demócratas esperan que opere en sentido contrario y transforme el rechazo a Trump en participación electoral.
Tampoco daría por hecha una ola demócrata. Algunas primarias están produciendo candidatos muy progresistas que pueden entusiasmar a la base y, al mismo tiempo, generar anticuerpos entre independientes y demócratas moderados. Hoy parece más factible que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes que el Senado.
Incluso si controlaran ambas cámaras, no creo que Trump se moderara. Mi impresión es la contraria. Ante un bloqueo legislativo, recurriría todavía más al poder ejecutivo, especialmente en inmigración, política exterior y comercio. Podríamos ver a un Trump legislativamente más débil pero políticamente más agresivo.
Esto también afectaría a América Latina, aunque aquí haría una distinción. Más que una “Doctrina Trump”, yo hablaría de una Doctrina Rubio. Trump ha mirado a la región a través de inmigración, narcotráfico, comercio y seguridad. Marco Rubio posee una visión hemisférica más articulada, en la que China, las infraestructuras, las cadenas de suministro y la seguridad nacional forman parte de una misma competencia estratégica. Su primer viaje como secretario de Estado a Centroamérica y el Caribe fue una señal clara. Un Congreso demócrata podría limitar presupuestos o instrumentos coercitivos, pero difícilmente eliminaría esa lógica mientras Rubio continúe al frente del Departamento de Estado.
Algo parecido ocurriría con los aranceles. Para Trump cumplen una doble función. Generan ingresos en un momento en que la deuda federal acaba de superar los 40 billones de dólares y, al mismo tiempo, funcionan como instrumento de presión política. En 2019 amenazó a México con imponer un arancel del 5 por ciento si no reforzaba el control migratorio. La amenaza fue retirada tras nuevas medidas fronterizas.
La Corte Suprema limitó en febrero de 2026 el uso de poderes económicos de emergencia para imponer grandes aranceles globales, pero no eliminó la política arancelaria. La administración buscó otras bases legales. Una derrota republicana podría reducir el margen de maniobra de Trump, pero no cambiaría necesariamente su forma de gobernar. Congreso y tribunales pueden poner límites. Mientras conserve la presidencia, seguirá teniendo incentivos para utilizar el poder ejecutivo, la presión comercial y la política exterior de manera unilateral.
Dr. Carlos J.Alsúa – Doctorado en Administración de Empresas (Gestión), Escuela de Negocios WP Carey, Universidad Estatal de Arizona.










