30 de Agosto del 2026.- El concepto original de resiliencia se relaciona con las ciencias físicas y hace alusión a la capacidad o “propiedad que muestran ciertos materiales” –acero para muelles, caucho o goma, seda de araña, aleaciones de titanio etc.– para “volver a su estado o forma original después de que se ha ejercido un cierto grado de presión o fuerza sobre ellos”.
Asimismo, la resiliencia dice relación con la capacidad que tiene un ser vivo o un sistema ecológico para adaptarse o recuperarse ante una situación adversa.
En tanto que en Psicología, la resiliencia hace referencia a la habilidad que tienen algunos seres humanos para efectos de superar momentos de gran dolor, estrés grave, heridas emocionales, traumas o tragedias sin perderse en el proceso. En este caso, estamos hablando de personas que son capaces de levantarse una y otra vez –y en ocasiones contra todo pronóstico– cada vez que los afecta algo, por muy negativo que esto haya sido. Tal vez, la frase que mejor refleja esta actitud es “doblarse, pero nunca romperse”.
Este prodigioso antídoto contra las heridas emocionales que se produce en las personas, esta capacidad de sobreponerse a la adversidad y salir fortalecido de la experiencia negativa, es parte del repertorio conductual de muchos sujetos que han surgido y que han tenido éxito en la vida, que los habilita para levantarse, nuevamente, después del golpe y comenzar todo de nuevo.
La razón para destacar todo lo anterior, es la necesidad de formar en nuestra sociedad el mayor número posible de niños y adultos resilientes, ya que estos individuos serán capaces de “rebotar contra la adversidad” –aunque queden algo rasguñados–, sobreponerse a los obstáculos y salir fortalecidos. Aquellos grandes desafíos por los que apuesta la psicología de la resiliencia, son: (a) la devolución de la autoestima, (b) la confianza en el futuro, (c) el positivismo y (c) el fortalecimiento de las ganas de vivir de aquel sujeto que es capaz de convertirse en el arquitecto de su propio destino.
La realidad muestra, que estas personas, a fuerza de salir adelante en situaciones difíciles, logran consolidar una especie de “cuenta de ahorro emocional” que les permite superar dificultades y futuros problemas en sus vidas.
Uno de los secretos mejor guardados, que parece esconderse tras esta capacidad, es una estricta disciplina en el plano personal. Es muy difícil que alguien encuentre a una persona legítimamente exitosa, que no haya desarrollado una verdadera disciplina interna –que abarca un amplio campo de acción–, a través de la adquisición de nuevas competencias y habilidades, como una forma de sumar a su repertorio conductual el mayor número de herramientas que lo ayudan a sortear exitosamente cualquier situación que se le presente. En ellos, la perseverancia, la disciplina, el nivel de curiosidad intelectual y el deseo de superación, es marcadamente superior al promedio de la población.
Esta curiosidad intelectual no se vuelca exclusivamente hacia el aprendizaje de teorías, sino que hacia el desarrollo de talentos, la adquisición de nuevas capacidades y habilidades que les permitan sumar otras herramientas a sus mecanismos de defensa y éxito personal. Es por esto, que siempre brillan más que el resto y responden de una manera mucho más adecuada y positiva ante los problemas que se puedan presentar, sean éstos de naturaleza intrapersonal, interpersonal o laboral.
Lo positivo de este rasgo, es que cualquier persona dotada de una base mínima en inteligencia, disciplina y perseverancia, puede ir desarrollando distintas estrategias para fomentar y crear resiliencia, tanto en uno mismo, como así también en los propios hijos, de modo tal, que las circunstancias adversas del diario vivir no descorazonen y boten a los niños –y a los adultos– al suelo tan fácilmente.
Una de las tantas maneras que existen de poder hacer esto, es utilizar el ingrediente del optimismo que encierra y que transmiten frases como: “Yo puedo lograrlo”, o bien, “¡Tú también puedes lograrlo!, palabras sencillas, que cuando son dichas con honestidad y cariño, entregan a la persona que las escucha, la motivación y la energía suficientes, como para proponerse algunos objetivos y tratar de cumplirlos a través de un genuino esfuerzo personal.
Por cierto que vale la pena practicarlo, por cuanto, la resiliencia se asemeja a un músculo: cuanto más la ejercitas, más fuerte se vuelve.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)








