13 de Agosto del 2026.- La condena a muerte contra Bashar al Asad vuelve a poner al exlíder sirio en el centro de la atención internacional. Refugiado en Rusia desde su salida del poder, permanece fuera del alcance de las autoridades sirias, abriendo una pregunta clave: ¿existe alguna posibilidad real de que Moscú lo entregue para que enfrente la sentencia?
Para Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello, ese escenario resulta prácticamente imposible debido tanto al compromiso adquirido por Rusia con Al Asad como a las consecuencias que tendría para la política exterior del Kremlin.
“Rusia no puede darse el lujo de entregar a un aliado a quien Moscú le garantizó asilo político y protección. Si hiciera una maniobra así con Al Asad, perdería toda credibilidad con otros aliados que buscaran su apoyo en el futuro”.
El mensaje que Rusia enviaría a sus aliados
La protección del exmandatario sirio no constituye un caso aislado dentro de la política rusa. Pérez recuerda que otros exgobernantes han recurrido históricamente a Moscú después de abandonar el poder.
“Viktor Yanukóvich, Erich Honecker o Askar Akáyev son algunos nombres de mandatarios, o directamente dictadores, que luego de su caída del poder buscaron asilo en Rusia y nunca fueron entregados, más allá de las peticiones internacionales”.
En ese sentido, entregar a Al Asad tendría consecuencias que irían mucho más allá de Siria. Significaría romper la garantía de protección entregada por Moscú y podría afectar la confianza de otros gobiernos o dirigentes que consideran a Rusia un eventual respaldo frente a una crisis política.
Siria, una pieza estratégica para Moscú
La estrecha relación entre Rusia y el régimen de Al Asad tampoco respondió únicamente a afinidades políticas. Siria ha tenido durante años una importancia estratégica para Moscú debido a su ubicación y a la presencia militar rusa en el territorio.
“La base naval de Tartús, el único acceso estratégico permanente al mar Mediterráneo de Rusia, y la base aérea de Jmeimim son solo dos instalaciones de entre un grupo mayor de activos militares que Moscú tiene en Siria. La relación se ha dado por un mutuo interés estratégico”.
Según Pérez, mantener a Al Asad en el poder también permitió a Rusia proyectar su influencia en una región donde compite directamente con las potencias occidentales.
“Tener a Al Asad en el poder en Siria era una herramienta rusa para contener la influencia de Estados Unidos y la OTAN en Oriente Medio”.
¿Puede la condena tensionar las relaciones entre Rusia y la nueva Siria?
Aunque la negativa rusa a extraditar al exmandatario podría convertirse en un punto de fricción, Pérez considera que las autoridades sirias probablemente ya contemplan ese escenario.
“Es lógico suponer que Siria tiene claro que Rusia no entregará a Al Asad. Por lo mismo, esta condena y la solicitud de extradición buscan un efecto más interno que externo”.
Desde esa perspectiva, el proceso permitiría al nuevo gobierno demostrar ante la población siria que está intentando llevar al exmandatario ante la justicia.
“Justifica al nuevo gobierno sirio con su gente, mostrando que está haciendo lo posible para que Al Asad enfrente la justicia. Al mismo tiempo, se valida como un gobierno al que le interesan el respeto a los derechos humanos y la orgánica de la ley”.
Rusia y Siria todavía se necesitan
Pese al distanciamiento político que supone la caída de Al Asad, el analista considera poco probable que Moscú y Damasco rompan completamente sus vínculos.
“Por parte de Rusia, lo más probable es que busque mantener conexión con Damasco. La relación no será la misma que con Al Asad, pero prontamente deberán sentarse a la mesa porque la presencia rusa en el país asiático no ha desaparecido”.
En el corto plazo, la situación del exmandatario podría dificultar ese acercamiento. Sin embargo, Pérez anticipa que los intereses estratégicos terminarán ganando espacio.
“Serán conversaciones frías al principio, mientras el tema de Al Asad siga en la palestra, pero uno puede pensar que, a medida que pase el tiempo, el nombre del exdictador se desvanecerá como muchos otros, dando paso a nuevas posibilidades de relaciones estratégicas entre ambos países”.
Así, aunque la condena representa un importante gesto político para la nueva Siria, su aplicación dependerá de algo que Damasco difícilmente puede controlar: que Rusia esté dispuesta a renunciar a la protección que otorgó a uno de sus aliados más importantes en Oriente Medio.










