30 de julio del 2026.- Cuando los juglares recorrían los pueblos durante la Edad Media, aparte de entretener al público cantando poemas, tocando instrumentos y amenizando cuanto banquete celebraban los nobles; transmitían las noticias de los alrededores con lujo de detalles y tanta era la repercusión, que atónitos los presentes, en su mayoría analfabetos, escuchaban la información de otros lares en un marco de acontecimiento único.
Antes de la invención de la imprenta, los monjes copistas copiaban letra por letra los libros existentes, podían tardar meses o años, por lo tanto, tener el privilegio de leer esta verdadera artesanía hecha con tinta era como recibir el elíxir del conocimiento. Pero la verdadera revolución vino con la invención de la imprenta, los textos se masificaron junto con la alfabetización y la riqueza cultural vivió en permanente explosión.
En nuestro siglo el buscador de Google arroja miles de millones de sitios o páginas web, a través de los dispositivos o plataformas podemos informarnos de las noticias en tiempo real, desde cualquier latitud del planeta y la IA resuelve cualquier duda. Pero esta misma avalancha comunicacional desafía a periodistas, divulgadores científicos, escritores e intelectuales a reinventar el lenguaje, la forma de presentar los contenidos, a encantar con argumentos e invitar al análisis y la reflexión como la red para llegar al Olimpo de los dioses. Pero cómo bucear en medio de tantos peces, quizás la respuesta esté en la innovación y llegar a una individualidad diluida dentro de tantos textos genéricos.
Cuando la ciencia se vivía solo en los laboratorios y congresos especializados e irrumpió con fuerza la divulgación, el interés creció cuando algunos científicos decidieron decodificar lo complejo con palabras simples; comenzamos a mirar hacia los planetas, a entender la Física o la Biología en nuestro mundo cotidiano. Pero cuál es el reto actualmente, variar el lenguaje para distintos estamentos de la sociedad según su particularidad y sus necesidades. Por ejemplo, si el tema apunta a reflexionar y convocar sobre Salud Mental, primero no es mala idea revisar lo que las redes sociales difunden, para desmitificar y ordenar datos erróneos y qué material consumen las personas. A partir de aquí comenzar a pulir, segmentar y dar a cada grupo información que aterrice en su alma y en el ambiente donde se mueven regularmente. Usar “una caja de herramientas” donde las palabras intervengan según el público y los contextos.
El mundo rural, la ciudad, los colegios, los niños, los adultos sin tiempo para leer, van a interesarse por un texto, periódico o un ensayo que se presente con ejemplos que se acercan a su realidad, a su paisaje. A los amantes de los animales, podemos cautivarlos con Alejandro Cortázar, un cat lover confeso, así como Hemingway. Para hacer reflexionar y sumergirse en el análisis no es necesario usar conceptos abstractos; recoger la metáfora, la comparación y aludir a los intereses de cada uno, podría ser ese anzuelo para reencantar. Comenzar con una pregunta muy particular, como lanzando la primera piedra para construir un interés vivo por el debate, la opinión y la reflexión.
El gusto por el conocimiento se puede endulzar con contenido que aterrice en el mundo particular de cada uno.
Mariela López Medrano – Periodista










