03 de Mayo del 2026.-Tales como: Internet, redes sociales, videojuegos, teléfonos celulares, etc., que “interfieren de manera grave en la vida diaria, laboral, académica, familiar y personal de un individuo”.
A lo anterior se suma otro dato muy llamativo: hay muchas personas que tienen grandes dificultades para mantener lazos sociales estables y positivos, a raíz de lo cual, optan por los llamados “chatbots vinculares y aun cuando los usuarios saben que están interactuando con una máquina, ellos pretenden que no”, a raíz de que se sienten muy necesitados de “afecto, reconocimiento o simplemente de alguien con quien hablar”.
Los chatbots vinculares son sistemas diseñados para simular relaciones afectivas, es decir, “sistemas conversacionales que simulan el rol de un amigo(a), de un hermano o pareja que están disponibles de día y de noche para acompañarnos, escucharnos con atención y aliviar nuestra soledad”.
Si bien, a diferencia de otro tipo adicciones –como la cocaína, heroína, alcohol, tabaco, etc.–, no hay una sustancia química de por medio como las mencionadas, igual genera: (a) una fuerte “dependencia psicológica”, (b) “tolerancia” –necesidad de estar “pegado” más tiempo al elemento adictivo– y (c) “síndrome de abstinencia”, si es que al sujeto no le resulta posible conectarse a su equipo o medio tecnológico adictivo, activando circuitos de recompensa cerebrales similares a las adicciones químicas.
Varios estudios hechos en estos últimos cinco años con el objetivo de investigar diversas “adicciones digitales”, pusieron al descubierto una serie de problemáticas que iban desde: (a) trastornos de dependencia a: Internet, celulares, redes sociales, Tik-Tok, chatbots, video juegos, etc., (b) severas perturbaciones emocionales y mentales, (c) problemas de socialización, hasta (d) adicción a las selfies.
Un análisis del portal español de estudios Statista, reveló que nuestro país ha liderado en Latinoamérica el uso de las redes sociales, marcando altos niveles de actividad en medios como TikTok, Instagram, Twitter, Facebook, WhatsApp, etc.
Por otra parte, el académico de la Facultad de Comunicaciones de la Pontifica Universidad Católica de Chile, Mario Halpern, señala que más del 80% de la gente hace uso regular de WhatsApp, comparado con el 50% promedio de usuarios de teléfonos inteligentes de otros países, cifra que convierte a nuestros connacionales en “adictos al WhatsApp”. Por otra parte, entre el 70% y el 80% de los usuarios encuestados afirma estar utilizando aplicaciones telefónicas para hacer distintos tipos de compras y gestiones por Internet.
Todo esto ha generado una serie de problemas relacionados con las adicciones de carácter digital. Uno de los trastornos más llamativos se relaciona con el fenómeno identificado como “Síndrome selfie” –o la moda del culto a la imagen–, condición que se acompaña de ansiedad, necesidad de reconocimiento y aprobación, un estado de agitación (o manía) que termina por generar el denominado “Narcisismo digital”.
A la base del trastorno, existiría un problema relacionado con la imagen corporal, en el cual, el sujeto presentaría un excesivo interés y preocupación por su apariencia física, donde la abundancia de selfies diarios implicaría un desorden de tipo obsesivo-compulsivo, caracterizado por un deseo permanente de fotografiarse y exponer públicamente las fotografías en las redes sociales para obtener la aceptación por parte de terceros y, por esta vía, compensar –de alguna forma– su, eventual, falta de autoestima.
Las selfies tienen un único y claro objetivo: que el “sujeto sea reconocido por terceros en las redes sociales”, sean éstas, personas conocidas o no. Sin embargo, ello genera en el individuo una necesidad constante de retratarse, mostrando al sujeto en infinidad de poses, en diversos lugares, con distintos vestuarios y variedad de peinados, luciendo joyas, dinero, objetos de valor, armas de fuego, etc., que buscan que las personas que usan las selfies se sientan aprobadas y reconocidas a través de los famosos “likes”.
Si uno “traduce” lo anterior e intenta interpretar lo que sucede con algunas personas, habría que concordar con lo que nos dice el experto en redes sociales, Godfried Bogaard, quien señala que “en el pasado las personas eran lo que tenían, en tanto que hoy en día, las personas son aquello que comparten en las redes sociales”, aún cuando aquello que comparten no corresponda, en rigor, a la realidad.
De ahí que se cuente una interesante historia acerca de esta publicación en Instagram: “Día perfecto, sol radiante, mantita caliente y una peli. Y luego un buen libro y un pisco sour. # Viva la vida # Love sunny days”. Sin embargo, al analizar lo que, realmente, hay detrás de esta publicación, nos encontramos con la siguiente realidad: “Día de mierda, solo y aburrido como ostra, sin planes a la vista. Cayendo en una oscura depresión”.
De lo anterior se desprende, que muchas personas están colocando –o proyectando– su razón de vivir solamente en la imagen que quieren mostrar hacia afuera y para el público, y eso, a final de cuentas, no resulta ser del todo sano. En este contexto, resulta llamativa la afirmación que hiciera Nicolás Maquiavelo –filósofo, político y escritor italiano– ya en el siglo XVI, quien decía, que “pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”, al asociar esta frase con lo que sucede, hoy en día, en las redes sociales.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)










