02 de Marzo del 2026.- En medio de la discusión por la llegada de Óscar Opazo a Everton, el dirigente fue más allá y apuntó incluso a referentes como Arturo Vidal, señalando que en el fútbol chileno hay “puros viejos que ya no sirven para nada”. Las reacciones no tardaron. El Sindicato de Futbolistas Profesionales condenó los dichos y recordó que el debate es legítimo, pero la descalificación no.
Más allá de la polémica puntual, la frase instala un tema de fondo que el fútbol chileno necesita abordar con mayor madurez: el prejuicio por la edad en el deporte profesional. ¿Es la edad cronológica un criterio suficiente para descartar a un jugador? ¿O estamos frente a una simplificación que desconoce lo que hoy dice la ciencia del rendimiento?
Las ciencias del deporte han demostrado que el rendimiento no depende exclusivamente de los años cumplidos, sino de múltiples variables: carga acumulada, historial de lesiones, preparación física, nutrición, descanso, adaptación táctica y contexto competitivo. En el fútbol moderno existen jugadores que superan los 35 años compitiendo al más alto nivel, gracias a procesos de entrenamiento más sofisticados y monitoreo constante de cargas.
La evidencia es clara en un punto: la edad biológica no siempre coincide con la edad cronológica. Un futbolista de 35 años con bajo historial de lesiones y buena gestión de carga puede estar en mejores condiciones físicas que uno de 25 con sobreuso o mala planificación. Reducir la discusión a “jóvenes versus viejos” simplifica en exceso un fenómeno complejo.
También es cierto que el recambio generacional es necesario. El fútbol requiere renovación, oportunidades para talentos emergentes y proyección a largo plazo. Pero esa transición no se construye descalificando trayectorias, sino gestionando planteles con criterio técnico. La experiencia en cancha no es un obstáculo; puede ser un activo competitivo, especialmente en partidos de alta presión.
El pronunciamiento del Sindicato de Futbolistas recuerda algo esencial: el fútbol es también un espacio laboral. Los jugadores no son piezas intercambiables sin historia. Son trabajadores cuya carrera tiene un ciclo limitado. La forma en que se habla de ellos desde la dirigencia impacta no solo en la opinión pública, sino en el respeto institucional hacia la profesión.
Desde la gestión deportiva, además, hay otro riesgo. Mensajes que enfrentan generaciones pueden generar fracturas internas en los planteles. El alto rendimiento necesita cohesión, liderazgo compartido y equilibrio entre juventud y experiencia. Equipos exitosos suelen combinar energía joven con lectura de juego madura.
El debate sobre el futuro del fútbol chileno es válido. Se puede discutir intensidad, ritmo competitivo, planificación y desarrollo formativo. Lo que no suma es instalar la idea de que cumplir años equivale automáticamente a dejar de servir. En una liga que busca recuperar nivel y credibilidad, la discusión debería elevarse hacia estándares técnicos, no bajar al terreno del prejuicio.
El fútbol evoluciona. La preparación física es más precisa, la recuperación es más eficiente y la longevidad deportiva ha aumentado en comparación con décadas anteriores. Ignorar ese avance es quedarse anclado en un modelo antiguo.
Frano Giakoni Ramírez – Director de la carrera de Entrenador Deportivo UNAB










