15 de Febrero del 2026.- El buen comportamiento de los trabajadores no es suficiente para lograr un grato ambiente laboral y el crecimiento de las organizaciones: los jefes también deben poner una buena cuota de trabajo de su parte y, al igual que los empleados, hay ciertas reglas que ellos deben respetar a cabalidad para efectos de promover el buen clima laboral.
La forma de establecer la diferencia entre un buen líder y un mal jefe, es hacer una comparación entre el comportamiento de uno y otro. En este sentido, el “buen líder es aquel sujeto capaz de crear un ambiente de confianza entre quienes lo siguen, es alguien que les presenta a su gente una meta y un futuro deseable, al mismo tiempo que motiva a su equipo hacia el logro de esa meta, mostrando algo que es esencial en un líder: congruencia entre lo que dice y lo que hace”.
Es un sujeto que aún en las situaciones más adversas es capaz de mover a la gente hacia un objetivo común. ¿Cómo lo logra? Siendo capaz de reconocer el estado de ánimo de las personas que debe guiar para, a continuación, influir en dicho estado de ánimo así como en la forma en cómo la gente observa los obstáculos que deben ser superados y llegar a la resolución de las barreras y dificultades que enfrentan.
¿Y qué es lo que hace el mal jefe que termina matado la motivación de su gente?
- No es capaz de reconocer los logros y éxitos de sus colaboradores: así como es un experto en destacar –y restregar en la cara– los errores cometidos por sus colaboradores, el mal jefe es incapaz de expresar una palabra de aliento o de entregar una felicitación por los aportes y logros alcanzados por los trabajadores. Su frase preferida es: “¡Para eso te pago!”.
- Agacha la cabeza con los de arriba y pisotea a los de abajo, infundiendo miedo y temor: su irritabilidad y mal humor son una constante en este tipo de sujetos, quienes no dudan en abusar y maltratar a su gente, en tanto que la sumisión y la falsa sonrisa son su marca de fábrica con quienes son sus superiores.
- Solo acepta sus propias ideas y se dedica con entusiasmo a descartar cada idea o proyecto que presentan sus colaboradores: es el típico “abogado del diablo”, siempre pronto a dar mil razones de por qué la idea del subordinado es mala o no sirve, y por qué razón –o razones– el proyecto nunca resultará. En este sentido, se ha documentado que los abogados del diablo son responsables de que muchos buenos proyectos sean abortados y nunca se lleven a cabo.
- Humilla a su gente frente a los demás trabajadores o hace comentarios inapropiados y descalificadores: incapaz de controlar sus impulsos, insulta y amenaza a sus colaboradores. El acoso o matonaje laboral, es una conducta que genera mucho daño emocional y psicológico en los trabajadores, condición que puede terminar provocando trastornos físicos y mentales en la gente.
- Impone fechas de entrega poco realistas: a sabiendas de que será imposible cumplir con la entrega de un trabajo en una determinada fecha, este sujeto lo hace como una manera de hacer saber quién es el jefe y quién es el que manda en la oficina. También es una forma de cansar a un trabajador con el fin de que se aburra, renuncie a la empresa y no se le pague su indemnización.
- Lleva a cabo reuniones que fija a última hora: hay jefes que para demostrar su poder fijan “reuniones de último minuto” o de “fin de semana”, cuando la gente ya está a punto de abandonar la oficina para irse a su casa a descansar, acerca de temas que podrían discutirse al día siguiente o durante la semana siguiente, pero que demuestran su poder para obligar a su gente a quedarse hasta tarde en la oficina.
- Mantiene un excesivo control: son jefes que están orgullosos de decir que en su oficina no se “mueve un solo papel sin que él no lo sepa o no lo haya ordenado” y que exigen a su gente saber dónde están en todo momento.
- Tiene a sus “preferidos” en la oficina a quienes entrega beneficios que otros buenos colaboradores no reciben: da un tratamiento preferente a ciertos empleados por sobre otros por razones personales o de amistad, en lugar de basarse en la meritocracia o buen desempeño, con lo cual, genera un mal ambiente y provoca problemas como: estrés, síntomas de apatía y agresividad por parte de los trabajadores que viven en carne propia este tipo de conductas.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










