10 de febrero del 2026.- Se sabe desde hace mucho tiempo que las personas carismáticas son capaces de contagiar su entusiasmo, voluntarismo y energía a los demás, un rasgo que convierte a estas personas en verdaderos referentes para quienes están a su alrededor.
Un aspecto clave que destaca la especialista en “liderazgo emocional”, Sandra Burgos, autora del libro “Tú dejas huella”, es que es posible “entrenar el carisma natural y dejar una huella” –o impronta– en las personas con las que se interactúa, alcanzando por esta vía, el impacto social que buscamos.
Es altamente probable que todos nosotros conozcamos a alguna de esas personas que resultan ser fascinantes y memorables de forma natural, al punto que cuando nos encontramos con una de ellas de inmediato nos sentimos cómodos, confiados y muy bien en su presencia. Incluso más: ellos representan a ese tipo de gente que nos inspira a crecer, a desarrollarnos y evolucionar como seres humamos, ya que se trata de individuos que generan un poderoso impacto en su relación con los demás.
Cuando conversamos con una persona con la cual conectamos de manera genuina –un familiar, un amigo cercano, un profesor– la “sintonía” se genera de forma espontánea, siendo un suceso que se percibe a simple vista: es la “química de piel”, es decir, el conjunto de reacciones neurobiológicas que se producen en nuestro cuerpo como resultado de la presencia de una determinada persona, lo que facilita que las emociones fluyan de manera natural. Cuando esto acontece, la experta Sandra Burgos señala que ambas personas terminan hablando con “un tono de voz similar, con gestos faciales y corporales similares, incluso a una velocidad y volumen parecidos”.
Sin embargo, el carisma continúa siendo una cualidad misteriosa y esquiva para la gran mayoría de la gente, y es vista como la “clave del éxito” para quienes sobresalen en el mundo de la política, los negocios, las artes o en la educación. De ahí que Marianne Williamson, escritora y conferencista norteamericana, señalara que “El carisma es una chispa en las personas que el dinero no puede comprar”.
Un ejemplo muy destacado en el ámbito político fue el caso del primer presidente negro de Sudáfrica, Nelson Mandela, un personaje histórico muy valorado, querido y admirado por igual, tanto por adeptos como opositores. En tanto que en el ámbito del deporte de alto rendimiento, el caso del atleta jamaiquino Usain Bolt es paradigmático en cuanto al efecto que causaba –y sigue causando– su presencia y amplia sonrisa entre sus admiradores.
Equipos de investigación de diversas universidades de todo el mundo se han centrado en tratar de descifrar cuáles son, exactamente, las características de aquellas personas carismáticas, siendo muy revelador el hecho de poder verificar que la mayoría de estos estudios apuntan en la misma dirección: estos expertos concuerdan en que el carisma puede ser entrenado y que podemos llegar a ser una de esas personas admiradas y encantadoras, poniendo en práctica ciertas estrategias específicas.
Algunas de esas claves parecen ser obvias y sencillas, sin embargo, no todo el mundo es capaz de ponerlas a trabajar en favor de su persona. Revisemos algunas de ellas:
1. Tener capacidad para establecer una conexión emocional con el interlocutor.
2. Estar en condiciones de comunicar ideas de forma clara y fluida, donde la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es en un 100% real y efectiva.
3. Escuchar de forma activa y empática a quien tenemos frente a nosotros.
4. Desarrollar el hábito de expresarse con palabras positivas: la forma en cómo se utiliza el lenguaje determina la imagen que las personas se crean sobre un determinado sujeto.
5. Acompañar los gestos y el lenguaje corporal con un contacto visual: el contacto visual por sí solo logra un impacto mucho más poderoso que el del lenguaje corporal sin miradas, ya que una mirada comunica mucho más que una palabra y permite transmitir el sentimiento de ser una persona asequible, que es un ingrediente imprescindible de la conexión interpersonal. En este sentido, a los individuos que les cuesta establecer el contacto visual con otros, también les resulta bastante complicado conectarse emocionalmente con las demás personas.
Es un hecho que el carisma abre puertas allí donde va, “aceitando y afianzando las relaciones entre las personas”, especialmente, cuando queremos, por ejemplo, que:
1. Nuestra opinión –o punto de vista– sea valorada y aceptada.
2. Cuando buscamos que nuestros clientes sientan que pueden confiar plenamente en nuestra palabra y nuestro profesionalismo.
3. Cuando deseamos que un proyecto que beneficia a todo el equipo sea llevado a cabo con celeridad, colaboración y el apoyo de todos.
En todos estos casos –y muchos otros más– el carisma es el factor clave que hace la diferencia entre la “confianza y la admiración, entre la serotonina y la dopamina, la autoridad y la accesibilidad”. De ahí la necesidad de potenciar estratégicamente nuestro carisma natural y “hacerlo brillar”, cuando las circunstancias así lo requieren.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










