21 de enero del 2026.- Un año antes, tras extensas conversaciones con la Sociedad de Hispanistas de Chile, surgió la idea de realizar un encuentro de hispanistas con motivo de los 200 años de la firma del Tratado de Tantauco. La propuesta incluía una gestión compleja y simbólicamente poderosa: traer desde Argentina, por vía terrestre, el busto de don Antonio de Quintanilla y Santiago, obra del escultor Roppo Marsch.
En paralelo, yo mismo impulsaba otras iniciativas vinculadas al Bicentenario: el Billete Conmemorativo presentado a la Seremi de Cultura de Los Lagos; el Himno a Chiloé, interpretado por artistas de distintos puntos del archipiélago y postulado al Fondo Bicentenario; entre otras gestiones. Las respuestas fueron siempre las mismas: a lo primero, que no había recursos; a lo segundo, que costaba más de lo que yo decía. Resultado: nada avanzó.
Cualquiera, sin la voluntad ni el amor profundo por lo que hace, se habría rendido ahí mismo. Pero no. No es mi caso.
Hablemos entonces de lo verdaderamente significativo.
El 17 de enero, sin formar parte del programa oficial del Estado de Chile, sin recursos públicos y sin apoyo de ningún ente local, regional o nacional, logramos reunir en la ciudad de Ancud a dos personas clave: Guillermo Alonso, descendiente directo del gobernador plenipotenciario de Chiloé, don Antonio de Quintanilla; y Ramón Freire Flores, descendiente del Director Supremo de Chile, don Ramón Freire Serrano.
Lo que se logró ese día no ocurrió ni siquiera en el Centenario de 1926. Los herederos directos de los protagonistas de esta historia estaban, por primera vez, juntos en Chiloé.
El domingo 18 por la mañana realizamos el Seminario de Conmemoración Histórica del Tratado de Tantauco en el Teatro Municipal de Ancud. Hubo fotografías, registros, sonrisas. Pero ningún reconocimiento real al gesto histórico que se había concretado. Por la tarde, una convivencia sencilla y humana nos permitió conocer mejor a nuestros invitados, conversar sin protocolo y entender, desde la cercanía, el peso de la historia compartida.
El lunes 19 se realizó la ceremonia de develación del busto de don Antonio de Quintanilla y Santiago. Una ceremonia emotiva, encabezada por los propios descendientes de Quintanilla y Freire, como debía ser. Porque —y esto es clave— esto se trata de ellos. Asistió el alcalde y, para mi sorpresa, la Delegada Presidencial Regional. Cada palabra pronunciada tuvo densidad histórica y respeto.
Luego vino el llamado Acto Oficial del Bicentenario de la Anexión de Chiloé a Chile. Y ahí, la vergüenza.
Un acto parcial, con apreciaciones inexactas, con una bandera española ausente, con un desfile de autoridades nacionales y representantes de reparticiones que, estoy seguro, poco o nada comprenden lo que realmente se conmemoraba. Entre ellos, varias de las mismas personas que antes cerraron puertas, ventanas y rendijas para que lo significativo no ocurriera.
Los descendientes de Quintanilla y Freire estaban ahí. Y no fueron capaces ni siquiera de ponerles dos sillas, de ubicarlos en primera fila, de hacer un gesto mínimo de reconocimiento. Nada. Absolutamente nada. Cuando, una vez más, todo se trataba de ellos.
Y aun así, la satisfacción de quienes sacamos adelante este cometido es infinita. El busto de Antonio de Quintanilla y Santiago llegó a Chile. Eso vale más que los sacos de cemento con los que se levantó una pirámide en el Centenario de 1926, y más que todo el acto oficial del Bicentenario de 2026.
Porque cuando llegue el Tricentenario del Tratado de Tantauco, en 2126, no se hablará de lo que ustedes no hicieron. Se hablará de lo que nosotros sí hicimos: traer a Guillermo Alonso desde Sevilla y a Ramón Freire Flores desde Santiago; reunir, por fin, a los descendientes de Antonio de Quintanilla y Santiago y de Ramón Freire Serrano en la tierra donde esta historia comenzó.
Y eso, aunque incomode, ya es historia.
Héctor – Patricio – Ángelo – Pablo x 2 – Nélson – Patricio – Rafael – Gonzalo – Alejandro – Roppo – Guillermo – Ramón y todos los que me faltaron.
Héctor Contador Santana – Investigador Autodidacta












