11 de Enero del 2025.- . Es por ello, que debemos aprender a navegar de manera adecuada en ellas a fin de impedir que nos superen o que seamos –literalmente– “aplastados” por ellas. Lamentablemente, las personas tienden a olvidar con cierta facilidad esta realidad.
Resulta importante aprender a vivir las emociones de manera consciente y, lo que es más importante: ser capaces de identificarlas, reconocerlas y modularlas. Las emociones son estados funcionales complejísimos que involucran a todo el organismo, en los que intervienen factores químicos, fisiológicos, endocrinos, incluyendo los músculos de todo el cuerpo, donde “las emociones básicas son la rabia, el miedo, la alegría y la tristeza”, a las que, de acuerdo con la profesora Susana Bloch, psicóloga y psicofisióloga, habría que agregarles “el erotismo y la ternura”.
Estas seis emociones tienen una relación directa con la supervivencia del ser humano, ya que si en la época de las cavernas no hubiera existido el miedo –una emoción que permite preparar al sujeto para la huida o el combate– el ser humano habría desaparecido como especie, en tanto que si tampoco hubiera estado presente el erotismo como emoción básica, también habríamos terminado por desaparecer de la faz de la tierra.
Estas emociones son respuestas muy básicas y elementales de las que surgen todas las otras –ira, enojo, cólera, felicidad, etc.– que son una suerte de “tonalidades” de las emociones básicas, y dado el hecho que son mixtas y que el ser humano vive en medio de emociones mixtas, hay que hacer un esfuerzo por identificarlas y comprenderlas, ya que, primero se produce una reacción corporal, física e inmediatamente después se genera la emoción. Es decir, primero se presenta el llanto y en seguida viene la sensación subjetiva de tristeza, primero surge la risa y a continuación la sensación de alegría y felicidad.
El gran hallazgo de Susana Bloch, es haber identificado lo que ella llamó “los patrones efectores emocionales”. De acuerdo con Bloch, las personas tienen una manera universal de “respirar ante cada emoción básica”, aspecto que incide directamente en la adopción de una postura facial y muscular también universales. Es por ello, que el Dr. Daniel Goleman –un experto en Inteligencia Emocional (I.E.)– haya señalado que el “método Alba Emoting” desarrollado por la profesora Bloch contenía la piedra angular de la I.E.
Es así, por ejemplo, que la respiración asociada a una emoción como la rabia conduce a que comience a aparecer la expresión visual de la rabia en el rostro del sujeto, así como también en su propio cuerpo, proceso que termina con la persona sintiendo rabia, una emoción que, en ocasiones, puede llegar a ser incontrolable y provocar mucho daño.
Ahora bien, cuando ciertas emociones como la tristeza o la rabia se hacen crónicas, éstas pueden ser muy destructivas, a raíz de lo cual, es fundamental aprender a manejar las emociones en la “fase aguda” para evitar que se transformen “en estados emocionales crónicos”. De ahí que se diga que es sano expresar las emociones, especialmente, cuando ello se hace de manera oportuna y en la forma adecuada. Cuando una persona grita cuando siente dolor, de alguna manera está “liberando ese dolor” de su cuerpo.
Asimismo, es distinto tener una rabieta pasajera, al hecho que, por ejemplo, la mujer o el hombre se queden pegados en el enojo en contra de su pareja por diez días y no hablar con ella durante todo ese tiempo: esa condición termina por enfermar a las personas, ya que las emociones que se vuelven crónicas nos hacen mucho mal física y mentalmente.
El rencor, el resentimiento, la rabia mantenida en el tiempo es lo que enferma a la gente y esta situación se produce porque en lugar de “vivir la emoción en el aquí y en el ahora”, y luego dar vuelta la página y continuar con la vida, las personas tienden a quedarse pegadas en una emoción.
Quedarse “pegado en la rabia” enferma a las personas, porque el individuo no ha sido capaz de cortar el sistema fisiológico, hormonal y químico que se puso en marcha cuando el sujeto se enfureció durante la pelea que sostuvo con su pareja –o con otra persona– y que lo descontroló. A menudo vemos lo que sucede con ciertas personas que se enojan por algún suceso: no dudan un segundo en echar el vehículo encima del supuesto causante del mal, en blandir un cuchillo y agredir al oponente, o bien, sacar un arma de fuego y disparar a quemarropa al causante del enojo. En estos casos, el umbral del enojo ha ido aumentando cada vez más, y cuando el individuo sobrepasa un determinado umbral, lo que viene a continuación es un estallido emocional.
Susana Bloch llama a este estallido emocional “estridencias emocionales” de las que luego se derivan “las estampidas sociales y las revoluciones”, tal como lo hemos visto en diversos países, con mucha gente protestando, luchando y muriendo en las calles, a raíz del hecho que las emociones invaden sin freno a las personas y las conducen a la realización de actos impulsivos e irreflexivos que pueden ser muy violentos y destructivos.
Hay que aprender a conocer, identificar y modular las emociones para evitar que éstas nos conduzcan un círculo mortal del que resulta difícil escapar.
Es importante estar conscientes de aquello que expresamos con nuestros gestos y miradas, ya que las emociones siempre se comunican corporalmente y esos mensajes son percibidos por otras personas y, lamentablemente, pueden ser mal interpretados y conducir a situaciones conflictivas. Sin embargo, no siempre estamos conscientes de esta realidad. De ahí el necesario cuidado y control que le debemos a nuestras emociones.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl -Conferencista, escritor e investigador (PUC)










