28 de septiembre del 2025.- Para Chile este escenario ha estado marcado por reformas, exigencias y cambios en el Sistema Educativo con pros y contra, pues como bien señala Bellei en su último libro “El problema de la educación en Chile” (2025) no es que no se haga nada en educación, sino que se ha hecho demasiado y con poca claridad. Esto, sin dudas, sumado a las nuevas aspiraciones sociales y el impacto de la Inteligencia Artificial en las nuevas generaciones, ha generado un escenario desafiante para la formación inicial docente o lo que es lo mismo para las carreras de pedagogía, producto de la disminución sostenida en el número de postulantes. Entre 2018 y 2022, las carreras de pedagogía en Chile experimentaron una baja significativa en la matrícula de primer año, alcanzando un 35% (CIAE, 2022). Si bien tuvimos una variación positiva en 2023 y 2024 de un 3,3% (SIES, 2024), este repunte resulta insuficiente, ya que las matrículas aún no alcanzan a superar el mínimo registrado en el periodo pre pandemia (13.571 en 2017), llegando apenas a 12.919 en 2024. A ello se suma que, al quinto año de ejercicio profesional, la deserción docente acumulada es cercana al 20% (Elige Educar, 2022). Todo lo anterior se relaciona directamente con las proyecciones críticas de escasez de docentes a nivel nacional, estimada hacia el 2030 de unos 33.000 docentes para cubrir áreas prioritarias, en particular Enseñanza Media (CEM, 2024; Elige Educar, 2021). Situación que ya se está viviendo en zonas extremas del país y en disciplinas tan importantes como ciencias y matemáticas.
Pero este diagnóstico conocido por todos no parece generar programas y/o políticas de mejora, sino al contrario, sigue un patrón ineficiente de incentivo a la carrera docente, llegando a contabilizar más de 460 carreras de pedagogías entre 2016 y 2024 según el SIES, 2025. Lo que ya sabemos que aumentará con la exigencia de aumento del puntaje mínimo para postular a carreras de pedagogía en las Universidades, pasando de 502 a 626 para el año 2026.
En este contexto, y dada la alta profesionalización universitaria en Chile y los recientes datos de aumento en la cesantía de titulados, una fuerte alternativa que se ha originado son los Programas de Prosecución de Estudios, los que pasaron de ser 13 en 2019 a 48 en 2024, donde también aumentó la cantidad de becas otorgadas por el MINEDUC, “Vocación de Profesor”, pasando de 250 en 2024 a 500 en 2025, para una matrícula nacional que hoy supera los 1000 estudiantes.
Pero la matrícula de nuevos docentes no es el único desafío que tiene la docencia, sino también la retención, es decir que los profesionales no se vayan del sistema, lo cual responde a una serie de factores que van desde bajos sueldos a malas experiencias profesionales por los conflictos de convivencia escolar, agobio laboral y la gran cantidad de trabajo que aún significa el % de horas aula que tiene que cumplir cada docente.
Por ello, hoy no basta con seguir diagnosticando lo que se sabe, sino de generar propuestas que 1) mejoren la calidad formativa de los y las docentes en base a la realidad escolar y no por teorías académicas que no conocen la diversidad de aulas y contextos. Sólo como ejemplo, la realidad de una escuela de Petorca no tiene mucha relación con las necesidades educativas de una escuela en Alto Hospicio; 2) Programas de apoyo a la salud mental docente y equipos directivos que ayuden a retener efectivamente a los y las profesoras forjados en la experiencia docente. Esto lo evidencia toda la literatura, un docente que se va, deja un vacío en el aprendizaje que se tarda un semestre en retomarse. 3) Plan de mejora salarial no sólo en base a la evaluación docente, sino también en base a los postgrados. Los datos de la UNESCO muestran que cuando se premia el incentivo formativo los y las docentes se preparan más, llegando a los grados de doctorado inclusive, tal como ocurre con los docentes y directivos en Colombia. 4) Practicas profesionales pagadas a los estudiantes, con mentoría directa y sin más responsabilidad que el trabajo en el establecimiento educacional. Los modelos de prácticas de “internado” han mostrado resultados favorables tanto en la construcción de la identidad docente como en la retención una vez insertos. Lamentablemente en Chile esto es casi una utopía en educación. 5) Crear mecanismos menos burocráticos para la sistematización de información y relación entre los distintos niveles administrativos del Sistema Educativo. Un tema complejo de la actual orgánica no es sólo un exceso de burocracia y papelería, sino de una tremenda impersonalidad, olvidando que para que los sistemas funcionen son las personas quienes lo hacen posible y debería trabajarse más en el relacionamiento humano entre los diferentes actores.
Eliseo Lara Ordenes – Profesor de Filosofía – Licenciado en Filosofía – Licenciado en Educación
Magister en Literatura – Doctor en Estudios Americanos










