16 de junio del 2025.- En este escenario, resulta urgente recordar una antigua lección que la cultura griega nos legó: la vida cívica no es posible sin virtud, y ninguna virtud florece sin una educación del alma.
Los griegos entendieron que el ciudadano no nace, se forma. Platón, en La República, insistía en que una ciudad justa solo podía surgir de ciudadanos educados en la justicia, en el bien y en la verdad. La política, lejos de ser un simple juego de poder, debía estar animada por el amor a la polis (a la ciudad-estado), a los otros y al diálogo razonado. Aristóteles fue más allá y afirmó que el hombre es un “animal político”, un ser naturalmente destinado a la vida en comunidad. Pero esta vida no puede sostenerse sin lo que él llamó “la amistad cívica”, una suerte de lazo invisible que une a todos quienes vivimos en esta “larga y angosta faja de tierra” convirtiéndonos en compatriotas, más allá de nuestras diferencias.
Hoy Chile comienza un nuevo ciclo electoral: primarias, elecciones presidenciales y parlamentarias. La historia reciente nos ha mostrado cuánto daño puede hacer el desprecio, la ironía, la violencia, la manipulación o el odio en el discurso público. Si la política pierde su raíz ética y afectiva, deja de ser un camino hacia el bien común y se convierte en lucha tribal. Pero tenemos la opción de reencauzar el rumbo.
Inspirados en esa Antigua Grecia que nos dio la noción de ciudadanía, hagamos de este proceso electoral un testimonio de madurez democrática. No basta con exigir crecimiento económico o eficiencia estatal: necesitamos crecer como personas, como comunidad, como cultura. ¿Y si comenzáramos por promover el diálogo generoso, la crítica constructiva y el respeto mutuo? ¿Y si el ejemplo lo dieran primero quienes aspiran a representarnos?
Educar para la amistad cívica es formar ciudadanos que comprendan que la política no es una guerra contra el otro, sino una búsqueda compartida de justicia real. Significa entender que disentir no es odiar, y que la firmeza de ideas no está reñida con la cortesía.
Una de las lecciones que nos enseña la Antigua Grecia es que no hay buenas sociedades sin ciudadanos nobles, ni buenas personas sin virtud. En esta hora de definiciones como país, es de esperar que cada palabra dicha y cada debate sostenido, sea una oportunidad para honrar ese legado de antaño. La experiencia de Platón no fue solo desde la teoría abstracta, vio a su maestro ser condenado injustamente, por eso nos dejó una advertencia tan actual como severa: “el precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”.
Guillermo Tobar Loyola – Director Nacional de Formación Integral – Universidad San Sebastián sede De la Patagonia










