08 de junio del 2025.- Desde quienes entrenan para una maratón hasta quienes trotan al amanecer para despejar la mente, correr se ha transformado en un fenómeno cultural, una herramienta de salud y un vehículo de conexión personal y colectiva. Y en un país como Chile, donde el sedentarismo afecta a más del 80% de la población, reconocer el valor del running es también destacar una práctica con impacto directo en la salud pública.
Pero el acto de correr no se limita al cuerpo: también moviliza comunidades. El auge de grupos de running en parques, barrios, universidades y empresas ha dado paso a espacios donde la actividad física se entrelaza con la motivación compartida, el apoyo mutuo y la construcción de redes. En eventos como el Maratón de Santiago, que este año congregó a más de 34.000 personas, se evidencia cómo el running puede ser una plataforma de inclusión, diversidad y propósito colectivo.
Sin embargo, si bien cada vez más personas salen a correr, aún enfrentamos desafíos. El espacio urbano no siempre es amigable con los corredores. Falta iluminación, rutas seguras, señalización adecuada y, en muchos sectores, incluso veredas transitables. Para avanzar, necesitamos políticas públicas que promuevan ciudades activas: más ciclovías compartidas, corredores peatonales, campañas de fomento y eventos masivos que integren a todos los niveles de corredores, desde los debutantes hasta los atletas de alto rendimiento.
El Día del Corredor es más que una fecha simbólica. Es una invitación a reflexionar sobre cómo queremos vivir, cómo habitamos nuestros cuerpos y nuestras ciudades, y qué tipo de bienestar estamos promoviendo como sociedad.
Frano Giakoni Ramírez , director de Entrenador Deportivo, Universidad Andrés Bello.










