01 de junio del 2025.- El Dr. Stuart Slavin, pediatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Saint Louis, EE.UU., hizo un descubrimiento que lo dejó desconcertado, ya que luego de administrar a más de 2.000 alumnos de educación básica y media un cuestionario para medir el “nivel de depresión” y un segundo cuestionario para medir el “grado de ansiedad” en los estudiantes, los resultados obtenidos lo dejaron preocupado, ya que en el caso del primer cuestionario las respuestas indicaban que “el 54% de los alumnos presentaba síntomas moderados a severos de depresión”, en tanto que los resultados del segundo cuestionario hicieron saltar las alarmas del Dr. Slavin: el “80% de los jóvenes padecía síntomas de ansiedad que iban desde moderados a severos”, indicadores que sobrepasaban con creces lo que se esperaría encontrar entre la población adolescente.
Lo que el Dr. Slavin observó en los estudiantes es tan sólo una pequeña muestra de la epidemia de estrés escolar que afecta a muchos estudiantes en todo el mundo, causando estragos a nivel emocional y físico. Ahora bien, dado que la muestra se tomó en EE.UU., uno podría pensar que es sólo un problema de los norteamericanos. Craso error. Al chequear qué pasaba en colegios de otras regiones del mundo, los estudios confirmaron que el problema era generalizado.
En demasiados casos, las expectativas en relación con la educación se han salido de control, por cuanto, además de tener que pasar siete horas –o más– en las escuelas, los estudiantes se van recargados con una serie adicional de trabajos para sus hogares: tareas, lecturas, trabajos de investigación, preparación de pruebas, controles, etc., que terminan por agotar a los estudiantes y absorber todo el fin de semana.
Lo anterior, es especialmente preocupante, cuando cada actividad que realiza el alumno(a) es visualizada como el paso previo en la carrera por acumular buenas notas a fin de ingresar a una universidad de prestigio, obtener un trabajo bien remunerado, y finalmente, para alcanzar una vida que pueda ser considerada por los demás como “exitosa”, sin que importe mucho cómo y a qué costo se logró dicho éxito.
Sin embargo, dado el estado actual de nuestra educación, que sólo se rige por un currículum inflexible, trasnochado y que ha sido dictado desde un “universo paralelo y por un gobierno centralista que no tiene capacidad para aterrizar adecuadamente toda la información que recibe”, el resultado final es deplorable: en lugar de motivar y desarrollar el potencial de los estudiantes, lo que ha logrado, es erosionar su salud, socavando –y desperdiciando– las capacidades y aptitudes que cada uno de ellos.
Se habla de “alcanzar logros académicos”, de “ser exitosos en la vida”, de “ganar mucho dinero”, de “ser competitivos”, de “ser el mejor”, pero las autoridades educacionales ponen muy poca atención a la formación de valores, al respeto por las demás persona, al trabajo en equipo, a la disminución de la violencia escolar, en cómo evitar la deserción escolar, etc. Hay estudios que señalan, que uno de cada tres adolescentes asegura que el estrés les ha provocado un alto nivel de tristeza en sus vidas, hasta el punto de sumergirse –con 14 o 15 años– en una depresión. Hoy en día, los niños y jóvenes duermen alrededor de dos horas menos –en promedio– que hace algunos años, y mientras más tareas hacen, menos horas duermen. Y si por lo menos se tratase de “tareas interesantes, significativas y desafiantes”, eso las haría menos insufribles, pero… ese no es el caso.
Muchos expertos en el tema son testigos de la existencia de un número cada vez mayor de estudiantes con graves problemas psicológicos, que demasiado a menudo, terminan con estos alumnos ingiriendo alcohol en exceso, consumiendo drogas, cayendo en conductas antisociales y violentas, incluso con carácter delictivo. Tanto psicólogos como médicos pediatras reciben cada vez más en sus consultas a niños de educación básica y media con problemas de salud, trastornos de adaptación, crisis de pánico, ansiedad, migrañas, etc., en que se observa una relación entre los síntomas que sufren y la presión que se ejerce sobre ellos para que obtengan mejores resultados y altos logros académicos.
No cabe duda alguna que la educación, hoy por hoy, está sentada sobre un barril de pólvora: en algún momento estallará, si no existe una unidad de criterio en cuanto a tomar las medidas necesarias y hacer los cambios de fondo que la educación requiere, y no continuar aplicando medidas de parche o realizando un maquillaje superficial.
Los expertos en educación tienen ante sí modelos extraordinarios de educación en Finlandia, Noruega, Singapur que, al mismo tiempo que mantiene felices, contentos y satisfechos a los niños, también logra resultados muy exitosos a nivel académico. Esa es la combinación que se requiere. Sin embargo, las autoridades siguen comportándose como personas ciegas y sordas, presas de una idiocia crónica e incapaces de dejar de mirarse el ombligo, pero muy dadas a alardear acerca de “logros educacionales” que son miserables: alza de 5 puntos en pruebas de matemáticas y de 3 puntos en lenguaje a nivel nacional, resultados que a nadie, con dos dedos de frente, le importan un pepino.
En lugar de competir con el colegio vecino en relación con el rendimiento académico obtenido por sus estudiantes, las autoridades educativas deberían velar por cultivar un aprendizaje que sea significativo, que busque la integralidad de los estudiantes, que tenga un sentido de propósito futuro: eso es formar y educar con sentido.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










