18 de Mayo del 2025.- No cabe duda alguna, que en los últimos años se ha producido un aumento notable de los trastornos en salud mental, tales como: depresión, cuadros ansiosos, distimias (o trastornos del ánimo), ataques de pánico, estrés postraumático, abuso de alcohol y drogas, así como también trastornos de adaptación asociados a los altos niveles de estrés que se vive hoy en todo el mundo.
El incremento de estos trastornos en salud mental se relaciona directamente con: (a) la desesperanza de que vengan mejores tiempos, (b) altos niveles de estrés, (c) pobreza y deprivación (d) la acumulación de deudas y la imposibilidad de pagar las cuentas, (e) aislamiento social y soledad, (f) enfermedades graves que afectan la salud y la dificultad para acceder a una atención digna en salud, (g) inestabilidad laboral, (h) altos niveles de delincuencia e inseguridad ciudadana, etc., variables todas, que hoy se han hecho muy comunes y que –en una suerte de eterno círculo vicioso– generan altos niveles de estrés, inseguridad, ansiedad, temor e incertidumbre en las personas.
En rigor, hoy tenemos “una pandemia social, laboral y de salud mental”, es decir, ingredientes más que suficientes para una tormenta perfecta.
Cuando se analizan los datos relacionados con algunos de los trastornos en salud mental más complicados –tal como es el caso de la depresión y los cuadros ansiosos– rápidamente se advierte que las personas más afectadas son las mujeres, “más que duplicando la cifra de los varones, en tanto que a escala mundial, alrededor de 280 millones de personas sufren de depresión”, de acuerdo con cifras de la OMS.
El hecho que las mujeres se vean más afectadas que los varones por una depresión, por distimias y cuadros ansiosos, podría explicarse por varios factores: (a) porque las mujeres son –más a menudo de lo que uno quisiera– víctimas de violencia intrafamiliar, (b) la doble carga que pesa sobre sus hombros, en su rol de jefas de hogar y de madres, (c) condiciones de trabajo menos favorables y con sueldos menores que los varones por la realización de un mismo tipo trabajo, etc., factores que tienen un peso enorme sobre las mujeres y que pueden derivar en vivencias de estrés, trastornos emocionales y depresión.
Ahora bien, las causas de una depresión pueden ser de diverso tipo:
- De tipo genético: donde el historial clínico y los antecedentes familiares juegan un rol preponderante en la génesis del trastorno.
- De tipo endocrinológico: enfermedades asociadas a la diabetes, el sufrir de hipo e hipertiroidismo, etc., son afecciones que aumentan el riesgo de caer en una depresión.
- De tipo psicológico: algunos rasgos de personalidad influyen en el desarrollo de la depresión, tales como la incapacidad y/o dificultad para controlar los impulsos, o bien, el grado de estabilidad-inestabilidad emocional que muestra el sujeto frente a sucesos y vivencias negativas.
- De tipo socio-familiar: experiencias tempranas negativas o de abandono, separación de los padres, vivencias de maltrato y abusos, desempleo, baja escolaridad, etc.
Por otra parte, con el ingreso masivo del sexo femenino al mundo del trabajo, ello le ha significado a las mujeres dejar de lado roles asociados a una condición de género, como es el caso de la crianza de los hijos y las labores como dueña de casa, variables que inciden en: (a) la generación de conflictos internos, especialmente, cuando hay un marido, una pareja e hijos de por medio, (b) cuestionamientos a su desempeño, ya sea, por enfermedad de los hijos, por un nuevo embarazo, etc., (c) sentimientos de culpabilidad en relación con el cuidado y crianza de los hijos y (d) una sobrecarga de estrés reflejado en lo que se ha dado en llamar el efecto “doble presencia”, un concepto que surge de un fenómeno observable en las economías desarrolladas, a saber: “una presencia de las mujeres en el trabajo, pero que viene acompañada, asimismo, de una ‘presencia en espíritu’ en el ámbito doméstico-familiar”, es decir, que mientras la mujer está trabajando, está, al mismo tiempo, pensando en los hijos y en todas las tareas que hay que hacer en el hogar: cuidar a los hijos, cocinar, lavar, hacer el aseo, etc., lo que deriva “en vivencias de ansiedad, estrés, angustia y la aparición de cuadros depresivos”, trastornos que si no se intervienen y tratan a tiempo, se hacen recurrentes, producen gran sufrimiento emocional y una marcada condición de discapacidad funcional en todos los ámbitos de la vida, sea que se trate del ámbito familiar, social o laboral.
Esto representa una realidad, ante la cual, la sociedad, en general, y el Estado, en particular, no pueden permanecer ajenos, indiferentes y pasivos, requiriéndose de su pronta intervención. Este es un gran desafío que se hará presente durante todo el resto de esta década, el cual, por responsabilidad y decencia, el Estado y los Gobiernos de turno no pueden –ni deben– esquivar.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










