09 de Marzo del 2025.- Múltiples investigaciones han demostrado que existen personas, quienes habiendo sido sometidas a un gran nivel de estrés –o tensión emocional–, son capaces de enfrentar y salir fortalecidas de este tipo de situaciones y experiencias negativas. Más aún: aprovechan estos traumas y adversidades emocionales como una suerte de “oportunidad para crecer, salir adelante y extraer lo bueno de lo malo”.
De ahí, que alguien dijera alguna vez, que lo importante era ser capaz de “levantarse, suspirar, sonreír y seguir adelante: si luchas por lo que quieres, tarde o temprano, eso que quieres llegará”.
Cuando, por ejemplo, a una persona le toca experimentar en carne propia violencia psicológica y física de manera permanente, una familia sufre un asalto a mano armada en el propio hogar, o un miembro de la familia es asesinado por delincuentes, etc., son situaciones que se pueden catalogar de “traumatizantes”, sea que lo viva un adulto o, con mayor razón, si lo experimenta un niño.
Diversos expertos en salud mental vienen investigando de manera acuciosa una cualidad del ser humano que permite que quienes han tenido que pasar por hechos terribles, no sólo se recuperen, sino que salgan fortalecidos.
Esa cualidad es la resiliencia y no sólo puede ser reforzada, sino que también aprendida. El Dr. Robert Brooks, psicólogo de la Universidad de Harvard y experto en el tema de la resiliencia, entrega algunas claves importantes al respecto del tema.
Lo primero que debe hacer una persona, si realmente quiere comenzar a fortalecer su resiliencia, es realizar una profunda introspección y comience por cambiar ciertas pautas negativas que coartan e hipotecan, tanto su futuro como ser humano, como así también, su desarrollo personal. A continuación, dos ejemplos muy simples que requieren un pronto cambio de “pauta comportamental”: 1. Permitir o aceptar que la pareja lo insulte, abuse o lo denigre a uno, ya sea en privado o frente a un público. 2. No atreverse o ser incapaz de negociar con el jefe un aumento de sueldo largamente merecido.
Lo ideal para efectos de realizar un cambio de vida, es hacer una lista con “aquellas cosas que ayudan a una persona a llevar una vida con sentido y significado”. Naturalmente, la persona debe estar dispuesta a ofrecerles el tiempo y la dedicación que esas cosas merecen, ya que esto le entrega al sujeto que las practica energía y fuerza, ayudándolo a identificar las dificultades como verdaderos desafíos.
Otro aspecto importante es “ver la vida a través de los ojos de los demás”. Este es un factor que lleva implícita la práctica de la empatía, por cuanto, ello permite percibir cómo nos ven los otros y el tipo de errores que estamos cometiendo: si yo me dirijo a las demás personas con una actitud agresiva y descalificadora, lo más probable es que genere rechazo y animadversión en estas personas, por lo tanto, lo recomendable sería cambiar esa postura agresiva por una más amigable que permita alcanzar un mayor grado de aceptación y cooperación por parte de quienes nos rodean.
Acompañando al punto anterior hay un tema que muy pocas personas son capaces de manejar con propiedad, a saber: practicar “una comunicación efectiva”, lo cual, significa saber comunicar lo que se desea, acompañando la comunicación con gestos verbales y corporales que sean coherentes con lo que se dice, por cuanto, si hay algo que la gente aborrece, es cuando alguien afirma algo con la boca, pero que no “ratifica con su lenguaje corporal y sus acciones”, es decir, nos damos cuenta que el sujeto es un hipócrita que nos está mintiendo y engañando.
Las personas resilientes –o que presentan la llamada “fuerza emocional”– tienen, generalmente, a una persona carismática que les ha servido de modelo, de referente, de ejemplo e inspiración, ya sea por los valores que profesa esta persona, o bien, por los esfuerzos que ha realizado para llegar a ser quién es.
Otro paso que debe dar la persona hacia el desarrollo de la resiliencia, es “aprender a valorar sus propios éxitos”. Esto requiere reflexionar acerca de qué capacidades y/o habilidades ha puesto en juego que fueron decisivas para que la persona tuviera éxito en la actividad realizada. La razón de destacar este punto es muy simple: las personas que no son resilientes y seguras de sí mismas, tienden a adjudicar el mérito por sus logros a otras personas, bien, lo atribuyen al azar –o la buena fortuna–, o simplemente, piensan que la meta era demasiado fácil y, en consecuencia, no hubo mérito en el logro de la misma.
Ahora bien, cuando una persona se ha decidido por emprender el rumbo hacia la resiliencia y ha puesto en marcha algunas de las sugerencias que han sido señaladas previamente, lo que está haciendo, es comenzar a ejercer disciplina y autocontrol sobre sí misma con el fin de mantener viva y vigente una conducta del tipo resiliente. Por ejemplo: si en una ocasión usted no le gritó a alguien por un error cometido, sino que se lo hizo ver de una manera adecuada y respetuosa para que no lo vuelva a repetir, entonces, hay que seguir practicando esta “forma controlada de actuar”.
La razón es muy sencilla de comprender: las personas que carecen de resiliencia suelen culpar a su “falta de inteligencia” por sus errores, y piensan que esa condición es imposible de cambiar, en tanto que aquellos sujetos que son resilientes, no se dejan abatir por los problemas o derrotas iniciales, sino que se preguntan –y se auto cuestionan– acerca de qué es lo que hicieron mal y, de inmediato, se ponen a trabajar para buscar la solución al error. Por lo tanto, usted haga una introspección y observe cuáles son las cosas –o insultos– que usted se dice a sí mismo cuando se equivoca, y si es de aquellas personas que se descalifica a sí misma, entonces cambie lo antes posible ese patrón de conducta.
La sugerencia final es la más sencilla de todas: es preciso repasar regularmente todos estos pasos hacia la resiliencia y la superación de los traumas y adversidades emocionales, ya que resulta imposible esperar que la resiliencia actúe o trabaje en “piloto automático” –o por cuenta propia–, ya que se trata de una cualidad que requiere ser cultivada, día tras día, y eso significa mostrar perseverancia, tener fuerza de voluntad, ser disciplinado y estar dispuesto a trabajar con pasión en los objetivos propuestos.










