Los distintos estudios realizados en psicología y psiquiatría, señalan que los “trastornos de la personalidad” corresponden a un grupo de afecciones mentales, en las cuales, una “persona presenta un patrón prolongado de comportamientos, emociones y pensamientos que resultan ser muy diferente y poco concordantes con las expectativas propias de la cultura a la que pertenece el sujeto”. Según el estudio que uno analice, estos trastornos los sufriría alrededor del 10 % de la población.
Estas conductas interfieren –en ocasiones seriamente– con la capacidad de la gente para desempeñarse en forma adecuada en sus relaciones interpersonales, en el trabajo y en otros contextos. Son sujetos impulsivos que atraviesan estados de ánimo depresivos, ansiosos o angustiosos y que pueden caer en el consumo de alcohol, drogas o tranquilizantes de un momento a otro, ya que estas sustancias les permiten aliviar sus síntomas. De hecho, alrededor del 50% de los adictos tiene un trastorno de personalidad.
Las causas son desconocidas, si bien, “las investigaciones indican que esta conducta anormal combina factores de origen genético y factores ambientales”. Algunos de estos trastornos son más llamativos que otros, y van desde el sociópata que es portada de la noticia policial, pasando por la “oveja negra” de la familia –que no le trabaja un peso a nadie–, hasta el fanático del computador que se aísla y que pasa todo el día pegado a la pantalla, sin relacionarse con nadie, sin molestar a otros, pero también sin poder madurar. Todos ellos mantienen una difícil convivencia con los demás, ya que algunos de ellos presentan conductas autodestructivas, les cuesta mantenerse estables en un trabajo o en una relación de pareja y muchos pueden llegar a tener graves problemas con la justicia.
La actual sociedad se ha convertido en una “sociedad consumista y hedonista, es decir, una sociedad donde existe la tendencia a buscar el bienestar y el placer inmediato”. Este tipo de sociedad, lo que hace es crear sujetos centrados en sí mismos, inmaduros, con tendencia al consumo de alcohol y drogas, impulsivos, autodestructivos, agresivos y con serios problemas para acatar las normas sociales y de respeto hacia los demás.
Los expertos en salud mental han identificado y clasificado estos trastornos en el “Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” (DSM-V)en los siguientes tipos:
- El trastorno paranoide de la personalidad: corresponde a un patrón donde prima la desconfianza injustificada y la suspicacia, lo que conduce al sujeto a que interprete de manera maliciosa y equivocada las intenciones de los demás.
- El trastorno antisocial de la personalidad: es un patrón de conducta donde prevalece la violencia, el desprecio y la violación de los derechos de los demás.
- El trastorno esquizoide de la personalidad: es un patrón de desconexión de las relaciones sociales, son sujetos fríos y distantes en su expresión emocional. Son vistas como personas solitarias y que no disfrutan de las relaciones cercanas.
- El trastorno esquizotípico de la personalidad: corresponde a un patrón de malestar muy intenso en las relaciones interpersonales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas, así como también de excentricidades del comportamiento.
- El trastorno límite de personalidad: es un patrón donde prevalece una inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, al mismo tiempo que existe una búsqueda constante de atención y gran impulsividad. Son sujetos propensos a intentos de suicidio o amenazas de hacerlo.
- El trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad: corresponde a un patrón de marcada preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control sobre las cosas.
- El trastorno histriónico de personalidad: es un patrón de emotividad excesiva, mucho dramatismo, con estados emocionales muy cambiantes y de mucha demanda de atención por parte de los demás.
- El trastorno narcisista de personalidad: corresponde a un patrón de grandiosidad, de necesidad constante de admiración, indiferente a los sentimientos de los otros, intolerancia a la crítica y falta de empatía hacia los demás.
- El trastorno de personalidad por evitación: es un patrón de inhibición social, timidez extrema, temen hacer el ridículo o parecer tontos ante los otros, con sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa.
- El trastorno de la personalidad por dependencia: es un patrón de comportamiento sumiso y pegajoso, relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidado y protegido.
De ahí que se diga que detrás de un trastorno de la personalidad se esconde un “patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamientos que se apartan acusadamente de las expectativas de la cultura del individuo”.
Un trastorno de personalidad tiene su inicio en la adolescencia o principios de la edad adulta, permanece estable a lo largo del tiempo e implica un malestar y/o perjuicios graves para la persona. En este sentido, los “rasgos de personalidad” representan patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno que rodea al individuo y acerca de uno mismo, aspectos que se ponen de manifiesto en una amplia gama de contextos sociales y personales. Estos rasgos sólo constituyen “trastornos de la personalidad” cuando son: (a) inflexibles, (b) desadaptativos, (c) causan un deterioro funcional significativo o un claro malestar subjetivo.
Los estudios indican que las personas nacen con una predisposición genética que afecta al neurotransmisor serotonina, el cual, es fundamental para controlar los impulsos, la agresividad y las tendencias suicidas. A esto, se suman factores ambientales detonantes, como el hecho de tener padres en extremo violentos y maltratadores, o bien, en el otro extremo, es decir, padres muy complacientes.
Y si a lo anterior sumamos factores tales como vivir en ambientes donde prima la violencia, la droga y el alcohol, la agresividad, el abuso, etc., entonces resulta muy difícil quebrar un círculo vicioso que se alimenta a sí mismo.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










