Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, una fecha que determinó la OMS, como una forma de sensibilizar y concientizar acerca de esta patología vinculada a la salud mental que afecta a alrededor de 300 millones de personas en el mundo y se estima que en Chile un 6.2% la padece. Creemos que la palabra “lucha” se eligió porque son muchos los que viven con depresión sin tratamiento, sin diagnóstico y que ven mermada su calidad de vida, hasta tal punto, que en algunos casos puede tornarse invalidante.
La pandemia nos dejó una lección y es que vivimos en sociedad y que las redes de apoyo son esenciales para sobrevivir y para mejorar nuestra salud mental. El trabajo que requiere nuestro país para mejorar la calidad de vida de tanta gente es uno mancomunado entre la ciencia y las organizaciones de ciudadanos. Es decir, los hospitales, los médicos, psicólogos, asistentes sociales, no son suficientes, porque si habláramos de tratar de extirpar la depresión, este “bisturí” requiere sacar de la soledad, del ostracismo y de la falta de apoyo continuo que requieren aquellos pacientes que por sí solos no van a pedir ayuda.
Es una avalancha que en nuestro país se palpa de forma significativa y que desafía continuamente al sistema de salud y también a la comunidad. En este sentido es que organizaciones y fundaciones como “Fundación Círculo Polar”, adquieren un valor esencial en el apoyo a las personas que salen de la consulta psiquiátrica o de un hospital, pero que necesitan más apoyo, más contención y sobre todo, sentirse valorados y no con esa tremenda mochila en que se convierte el estigma.
Según la séptima versión del estudio: “Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC”, el 21% de las personas encuestadas reporta altos niveles de soledad, esto quiere decir que frecuentemente se sienten aislados/excluidos por los demás o que les falta compañía. El apoyo social percibido se siente muy bajo, lo que nos deja una lección y es que las personas con depresión no sólo necesitan más apoyo social, sino que es relevante para su recuperación.
La Fundación Círculo Polar agrupa a Familiares y Pacientes con diagnóstico de Bipolaridad en Chile, nació en 2019 y su misión es informar y psicoeducar a los pacientes y su entorno, pero encima de todo, acompañar e integrar al paciente en su comunidad. A lo largo de todas las regiones del país se ha creado el Círculo de Apoyo de Pares (CAPS) que son grupos de apoyo a pares interactivos en las redes sociales y también presenciales. A través de esta conectividad son más de mil los que ya se sienten parte de una comunidad donde circula la empatía, el acompañamiento, se convoca para charlas en línea con especialistas, donde se tratan temas de interés como abuso de sustancias, prevención del suicidio, medidas de autocuidado.
Aparte de crear comunidad, lo que nos mueve es la psicoeducación, porque aumenta la calidad de vida y se aprende a manejar mejor las crisis. En los ciclos de psicoeducación participan psicólogos, psiquiatras, medicina general, terapia ocupacional y terapia de familia en el diseño del programa y dentro de las sesiones. Después de estas charlas, nos hemos dado cuenta de que son tantas las dudas, pero también se queda con la sensación de que se derriban muchísimos prejuicios y las personas aprenden a reconocer sus síntomas y a mejorar crisis y momentos de ansiedad.
La vida es redonda y da muchas vueltas, quizás por eso en “Círculo Polar” nos mantenemos en una gran circunferencia, tomados de la mano, para no dejar caer a nadie y para que todos sumemos, como debe ser un círculo virtuoso.
Mariela López Medrano – Periodista










