Toda persona –indistinto de su edad– desea siempre obtener buenos resultados en aquello que realiza: desempeñarse con éxito en alguna actividad, tener un promedio de notas alto, sacar un excelente puntaje en las pruebas de admisión a la universidad, aprobar con notas de excelencia una asignatura, destacarse en un curso de capacitación, terminar un programa de magíster con distinción máxima, etc.
Ahora bien, ¿cómo y cuándo logra una persona sacar buenos resultados, al mismo tiempo que destacarse por sobre los demás? De acuerdo con un estudio realizado por la psicóloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Michelle Rougier, profesora y creadora de material vocacional y de estudio, las dos primeras preguntas que debe responder la persona interesada en este tema, son: (a) ¿Conozco mis fortalezas y virtudes?, (b) ¿Sé cuáles son mis debilidades y defectos?
Las “respuestas a estas preguntas representan una de las claves más importantes relacionadas con el éxito o fracaso personal”, ya que para el logro de cualquier objetivo o meta que se haya propuesto alcanzar una persona, se requiere, entre otras cosas, de: disciplina, esfuerzo, perseverancia, dedicación, fuerza de voluntad, curiosidad, interés y pasión por lo que uno hace, en tanto que el fracaso está muy cerca cuando el sujeto es: poco disciplinado, se rinde con facilidad, muestra desidia y flojera, tiene un bajo nivel de compromiso con lo que hace, carece de fuerza de voluntad, deja las cosas para última hora, se queja por todo.
En consecuencia, a continuación lea las descripciones que han sido consignadas más abajo y anote aquello con lo cual usted se siente más identificado:
- Me siento motivado por la posibilidad de manejar la mayor cantidad de información y conocimientos. Asisto siempre a clases y participo activamente en cada sesión. Acostumbro a leer sobre las materias tratadas en cada actividad o clase. Hago los trabajos, ejercicios o tareas que me da el profesor(a), sin que alguien tenga que decírmelo y/o pedírmelo. Me preocupo de estudiar y/o leer diariamente. Tengo muy claro que el resultado final que obtenga dependerá exclusivamente de mí y de mi esfuerzo, y de nadie más.
- Me interesas estudiar y que me vaya bien. Asisto a clases, pero si el profesor no es muy claro, me distraigo y no trato de preguntar ni de profundizar en el tema tocado. Hago la mayor parte de las tareas solicitadas por el profesor, pero cuando no entiendo la materia, las dejo a un lado y las acumulo. Cuando obtengo buenos resultados logro motivarme para hacer el esfuerzo, pero cuando me va mal, me desanimo un poco y me dejo estar.
- Me gustaría que me fuera mejor de lo que me va, pero me cuesta ponerme a estudiar. Suelo faltar a clases, o bien llego atrasado o tarde a ellas. Mis cuadernos están incompletos y me falta parte de la materia que han pasado en clases. Me cuesta apagar la televisión o despegarme de mi celular. No me pongo al día con las tareas y estoy con la permanente sensación de tener muchas cosas pendientes. Muchas veces dependo de otras personas para hacer los trabajos. Me siento ansioso y preocupado en relación con los resultados que puedo lograr.
- Pienso que sería bueno ser un profesional, pero no me gusta estudiar. Falto a clases y, cuando voy, tiendo a estar pendiente de cualquier cosa –computador, celular, Facebook, Instagram, TikTok, chatear, conversar con mis compañeros, etc.–, menos de lo que está explicando el profesor. Hay muchas materias de las cuales no tengo cuadernos ni apuntes. A veces he pensado que es mejor que me ponga a trabajar.
Ahora contraste cuáles de las descripciones consignadas más arriba siente o cree usted que describen mejor la conducta o actitud de su hijo. Y en el caso suyo ¿con cuál de las descripciones se siente más identificado? Tome en consideración lo siguiente:
Caso 1: Estudiante aplicado. Suele ser catalogado como un sujeto “mateo” o visto como un “nerd” por los demás, pero es seguro que esta persona conseguirá alcanzar cualquier objetivo, meta o propósito que se proponga cumplir en su vida.
Caso 2: Estudiante motivado. Si usted es de este tipo de personas y desea progresar, entonces debe organizarse mucho mejor y convertirse en un sujeto más proactivo y perseverante.
Caso 3: Estudiante desorganizado y dependiente de los demás. Si muy pronto no es capaz de modificar su actitud en su forma de actuar y proceder, es casi seguro que se quedará a medio camino.
Caso 4: No es un estudiante propiamente tal, y las probabilidades de fracasar en sus propósitos y objetivos son muy altas.
Al respecto de todo lo consignado más arriba, tenga siempre presente que usted es el arquitecto de su propio destino, y el éxito o el fracaso de su gestión –salvo que se confabulen muchos factores, la mala suerte y el azar en su contra– dependerá exclusivamente de su esfuerzo personal, disciplina, perseverancia y del grado de motivación interna que usted posea. Culpar al profesor, al destino, a la diosa fortuna, a la mala suerte o a «los otros» por el propio fracaso suele ser la salida más fácil, pero también la menos inteligente y, demasiado a menudo, la menos acertada.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










