Desde tiempos inmemoriales se sabe de la existencia de una relación estrecha entre ciertos animales y el hombre, con un carácter claramente afectivo y emocional: gatos, perros, caballos, delfines, etc., son animales que gozan de nuestro afecto, cariño y predilección.
Lo que no se sabía, es que diversos estudios han demostrado, que tener a un animal de mascota es muy bueno para la salud de las personas. Tanto así, que las investigaciones han demostrado, que aquellas personas que mantiene la compañía de animales son menos propensas a sufrir enfermedades del cuerpo o de la mente.
La idea, entonces, es poner en evidencia una serie de ventajas y efectos positivos en la salud y bienestar de las personas que, generalmente, pasan inadvertidos. Es así, por ejemplo, que con el sólo hecho de pasar los dedos por el pelaje de una mascota, las personas tienden a relajarse y a sentirse menos estresadas.
El Dr. Steven Feldman, un estudioso que investiga la interacción entre humanos y animales demostró que “un grupo de 69 estudiantes tuvo una notable mejoría en su humor, así como una reducción en sus niveles de estrés y de ansiedad al interactuar con animales”. Una explicación para estos efectos tan benéficos, fue la activación de la hormona oxitocina, la hormona que afianza los sentimientos del amor y la confianza en la personas.
Hoy en día, el maltrato animal es una realidad que no puede ser negada ni desmentida, por lo tanto, el hecho de cuidar y hacerse cargo de una mascota, es una fórmula ideal y poderosa para reforzar en los niños el sentido de la responsabilidad, el respeto y el compromiso con la vida y el bienestar de otro ser vivo. La tenencia de un animal no sólo obliga al menor a tener que hacerse cargo de otra criatura, sino que éste, además, inicia un camino de aprendizaje acerca de las necesidades, los cuidados y ritmos de su mascota.
La ganancia secundaria de vivir esta experiencia de tenencia responsable de animales, es que junto con reafirmar en los niños actitudes, emociones y sentimientos altamente positivos y enriquecedores para cualquier ser humano –como la tolerancia y la paciencia por ejemplo, cuando la mascota no reacciona como se espera, o simplemente se “porta mal”–, también les refuerza sus habilidades para interactuar con otros niños y jóvenes, convirtiéndose esta experiencia en una fuente de satisfacción emocional. Algunos niños dejan, incluso, de practicar el bullying en contra de sus compañeros cuando entienden el daño y la aflicción que se provoca a otros el uso de conductas agresivas y abusivas.
Y aunque parezca sorprendente: se ha constatado que la presencia de un perro puede ayudar a los niños pequeños, nada menos, que en el aprendizaje de la lectura. ¿Qué cómo es esto posible? La respuesta es muy simple. En una especie de zooterapia muy particular, el “Programa de Asistencia de Perros en la Educación de la Lectura”, en Estados Unidos, haimplementando desde hace varios años un sistema, donde los canes “apoyan” a los niños que tienen dificultades para aprender a leer, en función de la premisa que establece que para iniciarse como lector, es preciso leer en voz alta. Ahora bien, dado el hecho de que algunos niños se cohiben, se bloquean o se asustan frente a la posibilidad de tener que leer ante adultos o frente a sus propios compañeros, los perros se convierten en la audiencia ideal, por cuanto,éstos no molestarán ni se burlarán del niño que lee, sino que lo escucharán tranquila y plácidamente, con más de un movimiento alegre de su cola, infundiendo seguridad en el pequeño y bajando sus niveles de angustia ante la tarea de leer. Se ha comprobado, que la lectura en voz alta dirigida hacia los perros, le facilita al niño una mejor pronunciación, al mismo tiempo que le permite una lectura más fluida. Esta es una ganancia doble por donde se lo mire.
También se da el caso de personas adultas y enfermas, quienes al tener cerca a sus mascotas preferidas, se sienten mejor de sus dolencias y ansiedades, pueden relajarse y tranquilizarse de una manera notable, logrando incluso elevar su nivel de inmunidad ante diversas enfermedades. En este sentido, son conocidos los efectos positivos –y que pueden ser incluso medidos de manera objetiva– que produce en el estado anímico de las personas la compañía de una mascota animal: “Disminución de la presión arterial, reducción del estrés y ansiedad, disminución de los riesgos de accidentes cardiovasculares, superación de síntomas depresivos, mejoría del sistema inmune, tratamiento de ciertas formas de autismo infantil”, etc. Curiosamente, los niños autistas tienen una notable capacidad para “entender” e “interpretar” las emociones que experimentan sus mascotas.
Para cualquier persona –niño o adulto– resulta muy gratificante ser recibido alegremente por un perro que mueve su cola en señal de felicidad apenas divisa la llegada de su amo, o del gato que se pega y se frota contra las piernas de su dueño, emitiendo su ronroneo característico. Y hay todavía más. El hecho de cuidar a una mascota, permite la reducción de los tiempos de no hacer nada constructivo, lo que hace que la persona sienta la utilidad del tiempo invertido en el animal de su preferencia, acción que es retribuida con señales de afecto por parte de la mascota que se protege y de la cual se es responsable. Igualmente, el acto de salir a pasear juntos, conlleva la realización automática de una rutina diaria de ejercicios, lo que permite, tanto al dueño como a la mascota, mantenerse bien y saludables.
Este mismo hecho de salir a dar una vuelta por el vecindario, facilita también el contacto social, el ser capaces de vencer la timidez, compartir intereses comunes y algunos momentos de relajación –más confiados y tranquilos– con otros paseantes. Finalmente, el conjunto de estos beneficios inciden en una mejora del humor y del estado de ánimo de las personas, transformándose esta experiencia en una renovada fuente de alegría, diversión y satisfacción para los dueños de las mascotas.
También surgen comportamientos animales que tienen como único objetivo salvar la vida de una persona que está en peligro de morir, o que habiendo fallecido el amo, la mascota entra en un estado de melancolía y depresión profunda, teniendo a la muerte como final de la historia. Es decir, que al igual que los seres humanos, quienes pueden sentirse tremendamente afectadas y tensionadas por la muerte de sus mascotas preferidas, éstas últimas también parecen desarrollar por sus dueños un fuerte y recíproco vínculo afectivo, que también puede conducirlas al auto sacrificio.
¿Qué enseñanza podemos extraer de lo que se ha planteado en este escrito? Muy simple: la absoluta obligación que tenemos como seres humanos, de aprender a cuidar y respetar la vida de nuestras mascotas y animales que nos rodean, ya que, demasiado a menudo, estos animalitos nos entregan mucho más de lo que nosotros le entregamos a ellos.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










