De acuerdo con diversos estudios realizados por la Universidad de Michigan, EE.UU., donde participaron más de seis mil personas –entre hombres y mujeres que iban desde los 45 hasta los 84 años– aquellos sujetos que “disfrazan sus verdaderas intenciones bajo una máscara de fingida amabilidad y una falsa sonrisa”, así como aquellos sujetos que acostumbran a llevar una “doble vida”, no sólo están arriesgando el rechazo de la gente, sino que incrementan de manera notable sus probabilidades de sufrir severas complicaciones cardíacas, envejecimiento prematuro y otros graves trastornos de salud.
Este estudio identificó los llamados “factores psicosociales” en el bienestar de las personas, es decir, que entre los factores desencadenantes de problemas cardiovasculares y de envejecimiento prematuro, ya no sólo deben tomarse en cuenta la mala alimentación, la falta de actividad física o los antecedentes familiares de riesgo cardíaco, sino que “la hipocresía, el cinismo, el hecho de llevar una doble vida” le pasan la cuenta a estos sujetos en términos de su salud, por cuanto, el alto nivel de estrés que generan estas conductas, se va acumulando y termina por repercutir en el endurecimiento de las arterias (o ateroesclerosis), así como en un envejecimiento prematuro. Lo anterior, además del daño emocional que causan sus actitudes y conductas en las demás personas que se encuentran en su entorno cercano, ya sea a nivel familiar y/o laboral.
Mantener ciertas conductas en “secreto”, tales como la hipocresía, una doble vida o la extrema desconfianza en los demás se asocian con un elevado nivel de estrés, y todos los estudios indican que aquellos individuos con dichas características viven en un estado permanente de tensión que promueve en el interior del organismo humano la producción de hormonas altamente destructivas –cortisol, adrenalina, noradrenalina, etc.–, así como el desarrollo de diversas enfermedades y trastornos de la salud.
Para llegar a estos resultados, los investigadores de la Universidad de Michigan tomaron diversas muestras de sangre a los seis mil participantes y se les midió tres indicadores inflamatorios asociados al desarrollo de la ateroesclerosis: (a) fibrinógeno, (b) proteína C reactiva e (c) IL6 (o Interleucina 6). Los resultados fueron muy significativos: los sujetos que tenían niveles más elevados de cinismo e hipocresía, mostraron también grados más altos de los tres indicadores inflamatorios. El estrés crónico libera en el organismo adrenalina y cortisol, lo que determina que las arterias se endurezcan y se generen una serie de rupturas de las placas arterioescleróticas, lo que a su vez, conduce a que se desencadenen infartos cardíacos.
Se ha demostrado, asimismo, que el efecto conjunto del estrés y la ansiedad crónica representan dos enemigos de grueso calibre y que son devastadores para la salud y bienestar de nuestra piel, porque aceleran el envejecimiento general, provocando que la piel se deteriore en forma prematura, además de acelerar la caída del pelo y la aparición de múltiples arrugas en la cara.
Por otra parte, la desconfianza extrema o desmedida también tiene un efecto negativo en la salud cardiovascular de las personas: aquellos sujetos que muestran una conducta paranoica se traduce, regularmente, en un estado de estrés y tensión interna que nunca abandona a dicho individuo, por cuanto su falta de confianza en los demás mantiene a estas personas en un estado de constante alerta, porque piensan que podrían ser atacados, sometidos o agredidos –física o verbalmente– en cualquier momento, en función de lo cual, están preparados y en constante alerta para defenderse de una agresión inminente, aun cuando esta supuesta agresión nunca se concrete. A la larga, esto conduce a un estrechamiento de las arterias, condición que al hacerse habitual termina por desgastar y dañar los órganos internos.
También tenemos el caso de aquellos sujetos que llevan una “doble vida”, quienes, con su conducta se exponen a una serie de riesgos, tanto en relación con su salud, como así también en cuanto a recibir castigos y sanciones sociales en el instante en que son descubiertos, por cuanto, el esfuerzo de vivir con un secreto a cuestas representa una verdadera bomba de tiempo que en algún momento podría explosar.
Ocultar una relación amorosa paralela, esconder la condición sexual, mantener una máscara ante los demás –que oculta el real sentir del sujeto–, así como mostrar una desconfianza intensa en quienes lo rodean, puede generar mucha tensión, tanto interna como así también hacia los demás, con la consecuente producción de una serie de hormonas destructivas, tales como las ya señaladas: cortisol, adrenalina, noradrenalina, etc.
Por otra parte, defender mentiras y falsedades, actuar con doble moral, así como manipular las verdaderas intenciones detrás de la “falsa imagen pública” que, por ejemplo, muchos políticos presentan ante la ciudadanía, aun cuando requiere de cierto grado de astucia, esta “astucia” también va acompañada de la generación de mucho estrés y tensión, debido a la permanente preocupación de no dejar ningún cabo suelto o algún detalle que permita que estos individuos sean descubiertos y, finalmente, expuestos a la luz pública. Es por ello que se dice, que cuando ciertos “políticos cínicos e hipócritas hablan de sinceridad”, son como “las prostitutas hablando de fidelidad”.
Este tipo de conductas determina que todos aquellos hombres y mujeres que están viviendo con el temor siempre constante de ser sorprendidos en cualquier momento, además del sentimiento de culpa generado a causa de estar realizando actos impropios, salvo que tengamos ante nosotros a sujetos derechamente mitómanos o del tipo “vampiro emocional”, en cuyo caso, nos encontramos frente a individuos con serios trastornos mentales que sienten atracción y agrado por las mentiras, quienes, finalmente, se convierten en sujetos tóxicos y que terminan enfermando a los demás.
En este sentido, la doble vida que viven algunas personas las lleva a experimentar un alto nivel de estrés emocional, lo que a su vez, conduce a un aumento de la frecuencia cardíaca, elevados niveles de tensión interna y a una reactividad de los vasos sanguíneos, predisponiendo a dichas personas a una serie de trastornos y dolencias varias de carácter grave, como los ya indicados previamente.
Por lo tanto, evite usted comportarse como alguno de estos sujetos y busque la fórmula que le permita recuperar su verdadera identidad, así como sus ideales del yo. En la medida que usted pueda ir logrando esa gran meta personal, se alejará de las enfermedades y trastornos, y su cerebro de inmediato comenzará a generar las llamadas “hormonas constructivas” o de la felicidad, a saber, serotonina (un importante estabilizador del ánimo), occitocina (u hormona de la confianza y del anidamiento), feniletilamina (o la “droga del amor”), dopamina (u hormona relacionada con la expresión de las emociones), etc.
Finalmente, tenga siempre presente que la felicidad está DENTRO de uno mismo y esta felicidad está asociada a la actitud con la que uno viaja por la vida.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










