“En un mundo donde prima la mentira y la hipocresía, el hecho de decir la verdad se convierte en algo con carácter casi revolucionario” (George Orwell, escritor británico autor de obras como “1984” y “Rebelión en la granja”).
¿Se le habría ocurrido a alguien pensar, hace tan sólo un par de años atrás, que Gabriel Boric caería tan bajo en las encuestas de aprobación a su gestión? El Presidente Boric no sólo experimentó un bajón brutal pocos meses después de su elección, sino que su caída se ha hecho habitual y permanente en el último año y medio, llegando a obtener hasta un 67% de rechazo y sólo un 28 % de aprobación.
Quien se presentare ante la ciudadanía como “el renovador de la política” y el “paladín de la moral” pasó a ser uno de los presidentes con el más bajo nivel de aprobación y con uno de los niveles más alto de rechazo en la historia de este país, incluso un rechazo más alto que el que tuvieron Sebastián Piñera y Michelle Bachelet en su peor momento. ¿Las razones de la debacle del Presidente Gabriel Boric? Múltiples y variadas.
Cuando uno investiga y analiza los sucesos, acontecimientos, traspiés, errores garrafales, expectativas no cumplidas y sucesivas incoherencias e indecisiones que han distinguido a la gestión del Presidente Boric, se pueden identificar, con facilidad, una serie de “síntomas de pensamiento grupal”, síntomas que han sido estudiados por el Dr. Irving Janis, un experto en el tema, quién define a este proceso como: “Forma de pensamiento que surge cuando la búsqueda de consenso se vuelve tan dominante y asfixiante en un endogrupo, que tiende a eliminar toda evaluación de mejores cursos alternativos de acción”.
El caso de los traspasos y transferencias de elevadas sumas de dinero del Fisco a fundaciones de dudosa reputación ligadas al partido político Revolución Democrática –que hoy algunos personeros llaman “Rapiña Democrática”– perteneciente a la coalición del Frente Amplio (FA), se ha convertido en la gota que rebalsó el vaso de la paciencia y de la confianza.
Es preciso señalar, eso sí, que un “grupo” –como es el caso de los diversos partidos políticos que conforman el FA– nunca será un “equipo”, sino un conjunto de sujetos desperdigados con voluntades y agendas propias que disparan para todos lados, incluso a los propios pies, tal como lo hemos visto hasta ahora, donde las acusaciones mutuas van desde cometer “actos de traición” entre sus miembros, “quebrazón de confianzas”, “canibalismo político”, practicar “tráfico de influencias”, ejercer “nepotismo y amiguismo a destajo”, etc., etc.
Revisemos algunos de estos “síntomas de pensamiento grupal”:
1. ILUSIÓN DE INVULNERABILIDAD: Boric y su “equipo de asesores” (en realidad, grupo), tanto los del “segundo piso” como aquellos de otros pisos, desarrollaron un optimismo desmedido frente a las reprochables realidades que está viviendo el país: pobre desempeño económico, baja en la producción del cobre, altos niveles de inflación (no vistos desde hace más de 30 años), tráfico de influencias, nepotismo y amiguismo al interior del gobierno, elevado nivel de delincuencia, severos problemas en el área salud, aumento en el desempleo, etc. Un falso optimismo que terminó por cegar a todos por igual ante las reiteradas advertencias de peligro, incluyendo al propio Boric, quién desestimó estas apreciaciones negativas, descartando así toda posibilidad de que estas “realidades” fueran ciertas. El gobierno y el FA cayeron en la ilusión de considerarse intocables e invulnerables al estilo Superman: creen que no les entran balas y que no hay nada que los pueda afectar.
2. CREENCIA INCUESTIONABLE EN LA MORAL CONJUNTA: los integrantes del “equipo” (en realidad grupo desperdigado) de Boric, junto con el propio Presidente, asumen que ellos y sólo ellos, son los únicos poseedores de “una ética y moral superior” a la de los “viejos dinosaurios de la Concertación y de la oposición”, razones que condujeron al Gobierno a ignorar olímpicamente las dudas que surgieron desde distintas voces del propio conglomerado como consecuencia de las decisiones tomadas. Sin embargo, la actitud adoptada fue de total desprecio por “los otros”: solo el Gobierno, el Presidente Boric y la coalición del FA son “honestos”, “leales”, “éticos” y “poseedores de un alto nivel de moralidad”, en tanto que el resto es corrupto, indecente, inmoral, ladrón y sinvergüenza.
3. RACIONALIZACIÓN: en una suerte de espiral negativa, los integrantes del “equipo presidencial” (en realidad grupo) desarrollaron un estado de mentalidad cerrada y refractaria a todo aquello que “sonara” diferente a su propia canción. ¿Resultado final? Boric y sus aliados del FA tienden a desestimar todas las opiniones discrepantes y terminaron por justificar de manera colectiva las decisiones tomadas, aun cuando éstas fueron malas decisiones que luego los obligan a tener que darse las famosas “vueltas de carnero”. Cada decisión, cada proyecto, cada reforma –laboral, económica, constitucional–, se convirtió en una acción que había que defender, justifica y aprobar contra viento y marea –y a como diera lugar–, con un agregado adicional: “reformas sí o sí y caiga quien caiga”.
4. VISIÓN DISTORSIONADA DEL OPONENTE: los integrantes del “equipo del FA” (en realidad grupo) partieron del supuesto que sus enemigos –es decir, la oposición– eran demasiado malvados y arteros como para negociar con ellos, y además eran poco inteligentes como para poder comprender las “extraordinarias” iniciativas del ejecutivo. Basados en la propia y elevada moral, así como la inmoralidad e incompetencia de “los otros”, se continuó eliminando todo atisbo de disenso. (Para ellos los “otros” siempre son los malos, perversos, inmorales y malvados, sólo el Gobierno y el FA representan a los “buenos”).
5. PRESIÓN DE CONFORMIDAD: el “equipo” de asesores del Presidente Boric comenzó a ejercer mucha presión sobre todo el conglomerado del FA hacia la uniformidad, rechazando de manera destemplada a todos quienes osaran arrojar dudas sobre la fortaleza de sus proyectos y planes. A menudo, sin mayores argumentos que el uso del sarcasmo, el cinismo, la descalificación, la manipulación o la hipocresía.
6. AUTOCENSURA: como los desacuerdos al interior del grupo son incómodos y mal vistos, los miembros con opiniones divergentes se ven obligados a retirar sus aprensiones, guardar silencio y “unirse”, finalmente, al grupo que marca la pauta, de otra manera, corren el riesgo de quedar fuera del Gobierno.
7. ILUSIÓN DE UNANIMIDAD: la autocensura, como también la presión de conformidad, generan lo que se denomina “ilusión de unanimidad”, condición que tiene como fin, no amagar ni lesionar el “consenso” del grupo y, lo que es peor, no poner jamás en duda el “aparente” acuerdo del grupo asesor y del Presidente. Esto termina por sellar y confirmar la decisión tomada, aun cuando esta decisión sea manifiestamente mala. ¿Cuál es el efecto final? Simple: se crea un “espejismo de unanimidad”, creando un mundo de ensueños muy fantasioso, estilo “bilz y pap”, donde todo marcha a pedir de boca y sobre ruedas (aun cuando el Gobierno pierde cada una de las elecciones a las que somete sus ideas).
8. GUARDIANES DE LA MENTE AUTOPROCLAMADOS: existen algunos miembros que se dedican a “proteger” al grupo de toda información negativa que ponga en tela de juicio la eficacia de las decisiones tomadas, o la moralidad del actuar de quien es su jefe. Por esta vía, estas personas se abstienen de informar sobre posibles problemas y señales de advertencia que son contradictorias o que van en contra de la decisión tomada, convirtiéndose así, en los “guardianes de la mente” del Presidente Boric, con la intención de protegerlo, no de daños físicos, sino que de hechos y realidades que son desagradables, incorrectos o irregulares. El caso de los traspasos de millonarios fondos públicos a ciertas fundaciones que han sido calificadas de “chantas” es emblemático de lo que aquí se señala.
Conclusión final: los llamados “síntomas de pensamiento grupal” producen una incapacidad total del grupo de buscar, analizar y considerar información e ideas que sean contrarios a los predicamentos de dicho grupo, perdiéndose así, la posibilidad de evaluar y aceptar otras alternativas que pudieran ser mejores, por el sólo hecho de que provienen de “los otros”, es decir, de la oposición, los enemigos inmorales y malvados.
Cuando un líder se aísla de puntos de vista que son considerados “disidentes”, el grupo termina por aceptar decisiones que son, simplemente, equivocadas, distorsionadas o, simplemente, inconducentes. Si el Presidente Boric –y su grupo de asesores– no logran captar la gran incidencia que tienen los “síntomas de pensamiento grupal” en la gestión del gobierno, se arriesga a caer aún más en las encuestas, a aumentar la desconfianza en la ciudadanía y caer en el desprestigio total.










