“Mientras los delincuentes tajeaban la cara de mi señora, tenían agarrado fuertemente por el cuello a mi hijo de 9 años amenazando violentamente con punzarle los ojos”. Declaración muy chocante del marido y padre del menor luego de que la familia fuera asaltada violentamentepor una banda de siete delincuentes menores de edad.
La pregunta que todos se hacen es: ¿cómo me defiendo de la delincuencia cuando las autoridades responsables, el gobierno y la justicia fallan de manera miserable? ¿A tiro limpio, tal como lo hizo un joven que fue asaltado por cuatro delincuentes juveniles armados y muy violentos que querían robarle su auto? ¿Dejándose robar, asaltar, golpear y asesinar?
Hoy en día, el temor, el miedo, la inseguridad y el sentimiento de victimización de la población ante una ola de delincuentes que operan y se mueven a sus anchas –de día y de noche–, ha escalado hasta niveles impensados y difícil de superar: portonazos por doquier, robos a mano armada, secuestro, asesinato y descuartizamiento de las víctimas, ataques terroristas e incendiarios (contra personas, camiones y maquinarias pesadas, iglesias, escuelas, etc.), narcotráfico a la luz del día, contratación de sicarios, etc.
Es esta misma mezcla de miedo, rabia, temor e inseguridad, la que ha llevado a las víctimas de la delincuencia a encerrarse en sus casas y “autoencarcelarse”, en tanto que los delincuentes circulan tranquilamente y a todas horas por las calles.
Fueron miles los ciudadanos que quisieron manifestar a través de las redes sociales, Twitter, Facebook, Instagram, etc., su apoyo al joven que hace unas semanas atrás se defendió disparando y matando a uno de sus atacantes. Algunos incluso, han señalado que ha sido una lástima que no haya abatido a los cuatro delincuentes que lo quisieron asaltar. Otras personas que han apoyado la acción de autodefensa señalaron –con justa razón– que, al parecerla justicia sufre de Alzheimer y que se encuentra extraviada de los tribunales de justicia, y que últimamente se la había visto deambular sin rumbo a través de todo el país.
¿La razón para tanto apoyo popular por parte de la ciudadanía?Porque los delincuentes no tienen ningún tipo de límites, respeto, reparo o cuidado alguno por la integridad de las víctimas –ya sea que se trate de niños, adultos mayores o mujeres– cuando deciden realizar un portonazo, asaltar a una familia o un hogar.
El día 28 de junio –en su hogar y mientras eran asaltados de forma muy violenta– una mujer fue tajeada en su cara frente a su hijo de 9 años, mientras el niño era tomado fuertemente por el cuello como rehén y amenazado con punzarle los ojos por una banda de siete asaltantes menores de edad. Para qué decir que muchos de estos criminales han eliminado de su conciencia todo tipo de moral o inhibición y les da lo mismo matar, violar o torturar.
También tenemos a una parte de estos peligrosos delincuentes que son menores de edad –menores de 14 años– quienes se saben “inimputables y sin discernimiento”, a raíz de lo cual, sienten que pueden hacer cualquier barbaridad sin que la justicia los pueda tocar. Entonces… ¿qué elementos o factores gatillan en la gente querer defenderse de estos delincuentes con el mismo tipo de fuerza y violencia con el que son atacados?
La respuesta, aun cuando no es sencilla ni simple, tiene algunos elementos en común: (a) el fuerte deseo de resguardar la seguridad, bienestar e integridad física de la propia familia, (b) la defensa de sus bienes que han sido adquiridos con gran esfuerzo, (c) la defensa de la propiedad que es violentada de manera brutal, (d) a causa de la rabia y frustración que se experimenta al ver cómo se pisotean, una y otra vez, los derechos ciudadanos, sin que la justicia, las fuerzas policiales y las autoridades de gobierno responsables sean capaces de frenar esta vulneración y se muestren incompetentes e ineficaces en garantizar la seguridad y los derechos ciudadanos.
Súmese a lo anterior, los atentados terroristas con explosivos buscando derribar dos torres de alta tensión en Arauco y Valparaíso, así como el puente ferroviario Itata, con la finalidad de hacer descarrilar a un tren completo, el atentado terrorista al Parque Eólico de la región de los Ríos y la quema de trece camiones de alto tonelaje con pérdidas económicas por más de 700 millones de pesos, el ataque terrorista a un fundo en la Araucanía donde el dueño del predio recibió un disparo mientras la ministra Tohá sostenía un punto de prensa en esta región.
En más de una ocasión se ha dicho que la guerra contra el narcotráfico, el terrorismo y los ataques incendiarios estará perdida si muy pronto no se toman medidas más drásticas. Pues bien, si hemos de decir las cosas por su nombre, hay que señalar que la guerra contra la delincuencia –si se mantienen las inefectivas fórmulas de combate que hasta ahora se han utilizado– también parece estar perdida y obligará a que la gente comiencen a armarse, a poner barricadas, a defenderse y a tomar, en definitiva, la justicia por sus propias manos.
La gente está hastiada, saturada y cansada de que la injusticia prevalezca por sobre la justicia. Que la incompetencia de las autoridades responsables se demuestre con cada delincuente, asesino, violador y narcotraficante que sale libre y campante a la calle, sólo horas después de haber sido detenido y puesto ante la justicia. La otra pregunta que surge de manera natural, es… ¿de qué tipo de justicia estamos hablando? ¿La que sólo favorece los derechos de los malhechores? ¿La que suelta a los delincuentes, y a las horas de haber sido puestos en libertad ya han violado, asaltado y cometido nuevos delitos?
El año 2023 se ha convertido en un año emblemático para nuestro país, donde la indignación ciudadana está alcanzando sus máximos niveles, castigando abiertamente al gobierno actual en todos los frentes:
(a) alto nivel de desaprobación a la gestión del gobierno por los casos de corrupción al interior del partido Revolución Democrática y los miles de millones de pesos estafados al Estado y al Fisco a través de fundaciones fraudulentas,
(b) elevado nivel de rechazo a la propia figura del mandatario,
(c) severo castigo de rechazo en las dos últimas elecciones y, por ende, rechazo al gobierno a través de la entrega del voto a la oposición,
(d) bajo nivel de aprobación al equipo político, de salud y económico por su incapacidad de manejar de manera adecuada los asuntos que son de su responsabilidad. (En salud han muerto ocho lactantes y bebés que no recibieron la urgente atención médica que necesitaban).
(e) rabia y frustración en la gente como consecuencia de la puerta giratoria que representa la justicia, la que además de dejar en libertad a cientos de ladrones, violadores, asesinos y traficantes de drogas, antes de cumplir su condena, se dedica a garantizar los derechos de los delincuentes, no así los derechos de las víctimas que mueren a manos de estos deliencuentes.
En una de las últimas encuestas más del 70% de la población mencionó como prioridad número 1, el combate a la delincuencia, superando incluso a temas tan relevantes como la Salud y la Educación. Es más. El combate a la delincuencia, es una de las áreas peor evaluadas en cuanto a la gestión del gobierno. En estos dos últimos años ha quedado claramente de manifiesto, que en materia de seguridad ciudadana el gobierno y el Estado tienen una enorme deuda con los 19 millones de habitantes de este país, quienes sólo ansían vivir en paz, con seguridad, en armonía y con el resguardo pleno de sus derechos.
¿Lo entenderá eso alguna vez el gobierno, o habrá que esperar a que se desate una suerte de guerra civil en contra de la delincuencia para que eso suceda?
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










