Si algún papá o mamá piensa que estimulando a su hijo por medio de una tablet, un IPod, un teléfono celular inteligente o a través de una conexión a Internet estará formando por esta vía a una persona que se convertirá en un joven genial y brillante, el cual, posteriormente, será un adulto creativo y auto realizado, deberá tener muy presente, que existen altas probabilidades que ese “efecto mágico”, simplemente, nunca se produzca.
¿Cuáles son las razones y argumentos para afirmar lo anterior? A continuación se analizan cada uno de ellos. Investigadores de la Universidad de Harvard pusieron en evidencia que un menor alejado de los “chupetes electrónicos”, pero que esté interesado en la lectura y que haya desarrollado una buena capacidad de comprensión lectora estará: (a) menos expuesto a repetir de curso y a desertar de la escuela, (b) acumulará más años de estudio, lo que (c) le facilitará tener mejores trabajos, lo que a su vez, (d) disminuirá el riesgo de caer en la pobreza y en la delincuencia, todo lo cual, le permitirá (e) tener una mejor salud emocional y, finalmente, (f) será capaz de desarrollar una escala de valores y principios bien definidos.
Por lo tanto, es posible afirmar, que las ayudas tecnológicas –IPod, tablet, computador, etc.– sólo representan un “complemento a la educación y al desarrollo de un ser humano, en tanto que un libro representa el eslabón esencial en el crecimiento, madurez y desarrollo integral de este infante”. En este sentido, analice el lector(a) los efectos nocivos que han tenido los teléfonos inteligentes sobre las personas. Estos aparatos han propiciado una suerte de adicción, que ha favorecido el uso de aplicaciones como el “Whatsapp”, “Twitter”, “Facebook”, “Instagram”, etc., en lugar de la lectura, convirtiendo a nuestros jóvenes en cuasi analfabetos funcionales.
¿La prueba de lo anterior? Cuando uno lee en las redes sociales los escritos de los jóvenes (y de los no tan jóvenes también), se encuentra con miles de faltas ortográficas que son más bien “horrores ortográficos” que errores, con graves dificultades para redactar un párrafo sin que se violen todas las reglas gramaticales, así como una lamentable incapacidad para generar un pensamiento crítico o una hipótesis acerca de algún tema leído.
Un estudio del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile realizado hace algunos años reveló un dato que causó gran preocupación en su momento: el “44,3% de los chilenos era analfabeta funcional”, es decir, una vez supo leer y escribir, pero dado el poco uso que hizo la persona de estas habilidades, ello lo condujo a perder muchos de sus conocimientos y habilidades.
Otra investigación de la Universidad de Chile reveló una realidad aún más preocupante: más del 60% de la población chilena no comprendía lo que leía, o bien, alcanzaba tan solo el nivel mínimo de comprensión. Súmele a lo anterior el desastre a nivel educativo que produjo la pandemia por Covid-19, con un alto nivel de inasistencia a clases y un elevado número de estudiantes que desertaron del sistema educativo.
Por lo tanto, al analizar los muchos beneficios que ofrece la lectura como un hábito adquirido, cae por el peso de su propia lógica que este efecto no sólo puede ser destacado como un “círculo virtuoso”, sino que podemos ir un poco más allá y hablar de una “espiral virtuosa”, en que cada una de las premisas –o argumentos señalados más arriba– eleva al sujeto que practica la lectura a un nivel de desarrollo y adquisición de competencias personales de grado superior.
¿Necesita más argumentos? Aquí van: todos los estudios que se han realizado con miles de niños de distintos países en relación con el proceso de aprendizaje coinciden plenamente, en que el mejor estímulo intelectual que puede tener un menor proviene directamente de la lectura de libros y de la comprensión de aquello que lee. Y otro dato: el mejor ejemplo es aquél que entregan los propios padres, por lo tanto, si el niño ve regularmente a su madre o a su padre leyendo un libro, una revista o un diario, el mecanismo psicológico de identificación –que es inconsciente– sumado al proceso de socialización, conducirá a convertir al menor, asimismo, en un hábil y ávido lector.
Bárbara Pan, quién es doctora en Psicología de la Universidad de Boston y académica de la Universidad de Harvard, ha demostrado que diversos materiales pueden ser usados para que los niños aprendan a leer, incluyendo álbumes de fotos de la familia, por cuanto, lo importante en este proceso, es la actividad práctica de interactuar de manera activa con el niño, de contarle historias diversas y divertidas con un único objetivo: desarrollar el amor del niño por la lectura, con el fin de que sea un experiencia placentera y que la disfrute plenamente desde que nace.
¿Por qué razón se destaca esto último? La razón es muy sencilla: los resultados de las pruebas SIMCE han sido poco halagadores, por no decir decepcionantes para nuestro país, por cuanto, no obstante el hecho que la inversión en Educación se ha más que duplicado en los últimos diez años, en lugar de avanzar en una mejora en la capacidad y comprensión de lectura, nuestros niños varones han retrocedido, nada menos que 12 puntos en las estadísticas, al comparar los resultados con años anteriores. Las niñas, por su parte, sólo lograron mantener sus resultados en comprensión lectora, si bien subieron sus puntajes en matemáticas y ciencias, logrando igualar a los niños varones, quebrando así una brecha negativa de muchos años.
Dado estos resultados –que son datos objetivos–, lo único que resta es hacer caso a aquellos investigadores que nos señalan que cuando el niño mejora su capacidad de aprendizaje y lectura, automáticamente se hace menos propenso a repetir y a desertar de la escuela, y aun cuando el gobierno apueste por la tecnología y por entregar un computador a cada niño, esta iniciativa sólo puede servir “como complemento para la enseñanza” y nada más, por cuanto, las investigaciones demuestran, una y otra vez, que lo crucial y relevante es que los niños lean y que comprendan lo que leen, razón poderosa para invitar a los padres a exponer regularmente a sus hijos a distintos géneros literarios, tales como cuentos, poesía, libros informativos sobre animales, plantas, minerales, etc., ya que cada género literario tiene estructuras y contenidos diferentes que pueden terminar interesando al niño(a).
En todo este proceso, la familia del menor juega un rol preponderante, ya que debe estar involucrada en la lectura junto al niño, a raíz de los descubrimientos de la ciencia, a saber, lo extraordinariamente positivo que es “leerle al niño desde la cuna, acto que permite que el infante identifique y relacione esta actividad con muestras de cariño, afecto, regaloneo y placer”. Incluso más. Esta actividad lectora desde la cuna y junto al niño permite a los padres influir notablemente en su formación valórica, especialmente, luego del exceso de muestras de violencia, rebeldía y agresividad extrema que estamos viendo en la juventud de hoy, la cual, a menudo, ni siquiera es capaz de respetar a sus profesores, autoridades, ni tampoco a los propios padres.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










