A raíz de los constantes y reiterados casos de corrupción, colusiones, enriquecimiento ilícito, cohecho, vueltas de carnero, lavado de activos, malversaciones de dinero público, etc., que se descubren regularmente en nuestro país, la ciudadanía está más que saturada e indignada con el actuar de su clase política y gobernante. De modo que no queda otra alternativa que intentar postularse como candidato y hacer lo que el 99% de la población pide a gritos, a saber, mandar a todos sus políticos para la casa. Y ojalá con un P.E.T. de regalo, es decir, con una Patada en el Traste.
Si usted es una persona honesta y quiere postularse como candidato a un cargo político, siga, entonces, al pie de la letra cada una de las siete reglas relacionadas con las campañas políticas. Son estrategias ganadoras que entrega el conocido experto en campañas políticas, Drew Westen, en su libro “The Political Brain”(El cerebro político), y si usted las sigue, de seguro que se convertirá en el candidato ganador. Revisemos cada una de estas reglas:
- En temas de política, cuando la razón y la emoción se ven enfrentadas una con la otra, la emoción gana siempre de manera invariable. No obstante que el mercado de las ideas y de los valores es un lugar importante para “vitrinear” y realizar reflexiones acerca de algunas formas de conducir un país, el ámbito que realmente importa en política, es el de las emociones, porque son las que impactan de forma directa en la mente y en el corazón de las personas.
- Las campañas políticas que son exitosas tienden a presentar mensajes positivos y negativos. Los mensajes negativos son especialmente eficaces cuando se refieren a “los otros”, es decir, a los opositores, los enemigos, los renegados, los traidores. Por lo tanto, si usted, como candidato(a), se concentra exclusivamente en lo positivo y deja lo negativo a sus oponentes, eso es lo mismo que entregarle en bandeja la mitad del cerebro a sus contrincantes y si hay algo que, definitivamente, no se puede hacer en una campaña política, es ganar una elección con la mitad del cerebro. Es imposible.
- Los temas y asuntos de carácter polémico son, habitualmente, aquellos que despiertan las más fuertes emociones y sentimientos de las personas: rabia, indignación, odio, rechazo, impotencia, frustración, etc. Si usted, como candidato(a) cede los asuntos polémicos a “los otros”, entonces, una vez más, usted entrega de manera gratuita la emoción y la pasión al bando opuesto, y dado el hecho –comprobado científicamente– que la gente “vota según sus pasiones y no de acuerdo con su sentido común y con su capacidad de razonamiento lógico”, entonces esa opción suya de entregar la pasión y la emoción a “los otros”, siempre será una estrategia perdedora. Ahora bien, si alguna vez, alguien le dice a usted, que los seres humanos son seres fríos, racionales y calculadores, maximizadores de sus ganancias y minimizadores de sus pérdidas, dígale a ese sujeto que es un vulgar mentiroso y un ignorante. De otra forma, ¿cómo se explica que un ser “racional” sea capaz de asesinar, estrangular, acuchillar, despedazar y descuartizar a su pareja y objeto de su amor, sabiendo de antemano, las terribles consecuencias que tendrá su acto irracional?
- La forma más segura de generar entusiasmo y adhesión en el mercado de las emociones, es decir la “cruda y dura” verdad. No existe nada en política más convincente que tener ante una audiencia expectante a un candidato(a) que es genuino y honesto hasta la médula de sus huesos. Esta cualidad, es justamente, uno de los temas que más tientan a los políticos de pacotillas a darse “vueltas de carnero” una y otra vez, condición que los hace convertirse en verdaderos sujetos populistas y demagogos, prometiendo a todo el mundo –adherentes y detractores– cosas que, de antemano, saben que jamás podrán cumplir –¡pero que ganan muchos votos!–, a costa de provocar consecuencias difíciles de medir y dimensionar. En caso de que usted –que es una persona honesta– no lo sepa, los populistas son sujetos que desean aparecer en el imaginario del pueblo como los “salvadores” de los pobres y de las víctimas de “los otros”, sean éstos los derechistas, los izquierdistas, los comunistas, los socialistas, los castristas, los chavistas, los marxistas y todo aquello que termina en “istas” (racistas, clasistas, nazistas y esclavistas incluidos).
- Los datos recabados por la Ciencia Política y la Psicología Social son absolutamente claros y transparentes: “las personas votan por aquellos candidatos que generan las emociones más poderosas”, no por los candidatos que presentan la rectitud, las mejores ideas y los argumentos más sólidos.
- Los candidatos que tienen éxito, son aquellos, cuyas historias de vida, su forma de hablar acerca de sus virtudes personales, así como de las “grandes preocupaciones” que tienen por su país y por su amado pueblo, son los que capturan la imaginación y el interés del público expectante, deseoso de identificarse con este súper héroe, mezcla de Tarzán, Rambo, Rocky, Batman y Superman, todo en uno. ¿Y por qué razón tienen éxito? Porque son el tipo de candidatos que “fijan la agenda emocional del electorado”.
- Un último aspecto central “del arte de la persuasión política”, es crear, solidificar y poner en acción redes que generan sentimientos primarios positivos y leales hacia la figura del propio candidato(a) o del partido que el candidato representa, al mismo tiempo que sentimientos negativos y de gran repudio hacia “los otros”, es decir, hacia la oposición, la escoria, los chupasangres, las cucarachas, las sanguijuelas, en fin, los enemigos del pueblo.
En consecuencia, usted, futuro candidato(a), esté muy consciente de lo que señala el reputado psicólogo austríaco Paul Watzlawick, un experto en la teoría de la comunicación humana, quién demostró que el tipo de lenguaje que utiliza un determinado individuo influye –de manera determinante– en los estados de ánimo, opiniones, comportamientos y, por sobre todo, “en las decisiones finales que toman las personas”.
De modo que tenga siempre presente, que el candidato que resulta ser exitoso y ganador no es el sujeto más íntegro, ni el que tiene las mejores ideas y los mejores argumentos, sino que aquel que tiene la mejor retórica y el que toca las fibras más íntimas y sensibles de las personas, sin que importe mucho lo falso, vacío, populista y demagógico que pueda sonar a los oídos del pueblo, ya que lo que la gente busca –desesperadamente– es alguien en quién creer, en alguien en quien volcar sus esperanzas, en alguien que lo haga a uno volar y soñar, aunque después, estos sueños se conviertan en terribles pesadillas y en sueños rotos. Sueños rotos que, lamentablemente, muchos crédulos terminan pagando muy caro. A veces, incluso, con su propia sangre.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










