Hace muchas décadas atrás, Mahatma Gandhi, gran líder pacifista y contrario al uso de la violencia, decía que a él: “No le asustaba la maldad de las personas malas, sino que le aterrorizaba la indiferencia de las personas buenas”.
Explico a continuación por qué razón he comenzado este artículo con esta frase de este pensador y abogado hinduista indio.
Demasiadas personas en el mundo están siendo objeto de bullying y de acoso a través de Internet y de las diferentes redes sociales, sea que se trate de niños, adolescentes o de adultos. Todas ella sufren por igual, cuando –por distintas razones– son: (a) objeto de golpes y de burlas crueles y de mal gusto, (b) cuando son excluidas y rechazadas por sus pares, (c) cuando son insultadas, amenazadas y “troleadas” vía las redes sociales a través del “ciberbullying”.
Es por ello, que tanto los padres de aquellos niños y jóvenes que son objeto de este tipo de actos indignos y reprochables, como así también los padres de aquellos otros chicos que practican este tipo de conducta, deben estar muy atentos, con el fin de detener a tiempo a tales actividades, las que reflejan una mezcla violenta de abuso, mal trato, discriminación, racismo, clasismo o intolerancia ante la diversidad.
La razón de destacar lo anterior, es muy simple: porque esta “mezcla explosiva de abuso y violencia” puede causar mucho daño y grandes sufrimientos a las personas afectadas, al mismo tiempo que tiene consecuencias graves y negativas para el bienestar y la salud –tanto física como mental– de aquellos que sufren estos ataques. Este tipo de vivencias representa un cobarde ataque a la imagen y autoestima afectado, con efectos que son devastadores, ya que muchas de estas personas corren el riesgo de caer en una depresión y/o trastornos del ánimo muy severos, en tanto que otras personas más sensibles intentan suicidarse, porque son incapaces de soportar la maldad y virulencia con que actúan los acosadores.
A menudo, la víctima es una persona que no ha hecho nada para merecer el ataque del que está siendo objeto, salvo, tener un rasgo personal distintivo del cual no se puede liberar, debido a que el sujeto nació con ese “rasgo” o característica. Es un rasgo, que ahora se ha convertido en el centro de las burlas: tener la piel muy oscura, presentar algún tipo de discapacidad (cognitiva o física), por ser muy gordo o muy flaco, porque usa lentes muy gruesos por ser corto de vista, ser una persona autista, tener el síndrome de Asperger, porque la persona es poco agraciada físicamente, por ser muy inteligente y estudioso (nerd), etc. Incluso más: algunas niñas de ojos azules, rubias y de piel clara son, asimismo, objeto de crueles burlas por sus pares –en una suerte de discriminación al revés–, conducta que podría explicarse por la envidia que siente el –o la acosadora– por carecer de los atributos de los cuales se está burlando de manera tan cruel.
Este acoso por las redes sociales termina por generar una serie de emociones negativas y altamente destructivas: rabia, dolor, frustración, impotencia, estrés, tristeza, depresión, baja autoestima, intentos de suicidios. Incluso más: en algunos casos, puede que se produzcan reacciones muy violentas en contra de los causantes de las ofensas, como retaliación por el acoso y rechazo del que se ha sido objeto, con consecuencias difíciles de dimensionar.
También tenemos otro tipo de bullying, cual es el caso de aquellos niños poco populares de los que todos se burlan y que nadie elige para la práctica de un juego y/o deporte colectivo, a pesar del gran deseo que tienen estos chicos de participar e integrarse a un grupo. También están esos otros niños y niñas a quienes –por falta de empatía, generosidad y de verdadera amistad– nadie invita a un baile o a una fiesta de Cumpleaños. Asimismo, hay niños que dan la impresión de que son “invisibles” ante los ojos de los demás: nadie del grupo de pares se digna dirigirles la palabra. Para muchos de estos niños y jóvenes –y también adultos– estas experiencias pueden ser emocionalmente devastadoras y traumáticas, haciéndoles sentir que no valen nada.
¿Qué enseñanzas debemos sacar? Para el caso de aquellos chicos(as) que, por diversas razones, practican el acoso, la discriminación y el rechazo social respecto de otros niños y niñas que se transforman en víctimas de todo tipo de atropellos, tanto los padres de estos jóvenes acosadores, así como las instituciones educacionales responsables deberán preocuparse de detener su mal actuar de manera inmediata y ver de formarlos con otros valores y principios. Uno de estos principios dice relación con el respeto a los derechos del otro, la no discriminación y el trato digno que hay que dar a los demás.
La razón para afirmar lo anterior, es muy sencilla: lo único que buscan los niños y niñas socialmente rechazados y objeto de burlas, es lo que desean todos los niños por igual, a saber: ser aceptados como uno más en el grupo.
Hay estudios que señalan que –demasiado a menudo– el acosador es un sujeto que él mismo, en su hogar, es víctima de su familia y se ha convertido en objeto de maltrato infantil, razón por la cual, la forma que tiene de vengarse y “emparejar las cosas”, es la de transformarse en un acosador de aquellos niños que, en el colegio, son más débiles que él.
En estas historias de bullying y ciberbulling no existe una sola víctima o un solo responsable. Las víctimas pueden ser varias y sufrir distinto grado de daño a su dignidad personal y a su salud física y mental. Nuestra responsabilidad colectiva es la de poner fin a este tipo de actos que tanto mal causan a las personas y, en consecuencia, no permanecer indiferentes ante estas conductas cobardes y malintencionadas, ya que la próxima víctima de acoso, matonaje, discriminación, mal trato o rechazo, podría ser nuestro propio hijo o hija, y entonces ya será muy tarde.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










