Published On: Jue, Nov 28th, 2013

Eleuterio Ramírez, el héroe olvidado de Osorno

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eleuterioSin ceremonias, sin aspavientos, sin romerías este 27 de noviembre  solo por referencias algunos recordamos los 134 años del fallecimiento en combate del héroe osornino Eleuterio Ramírez Molina. Aunque su onerosa e imponente estatua ocupa un lugar de privilegio en la Plaza de Armas de Osorno su recuerdo ya no está con nosotros, los osorninos.

Fallecido en la Quebrada de Tarapacá, y  en el marco de la campaña del mismo nombre en la Guerra del Pacifico fue dueño de una de las cargas de caballerías mas simbólicas de la epoca. Carga que efectuo sable en mano y al grito de  «a la carga rotos maricones».

La Campaña de Tarapacá tenía como objetivo la posesión de la Provincia de Tarapacá, en la cual estaba empeñado el Gobierno de Chile, de manera de tenerla como garantía de pago de una fuerte indemnización adeudada por el Gobierno del Perú.

Este enfrentamiento se originó luego de la Batalla de Dolores, cuando el General Erasmo Escala Dávila, ordenó al Coronel Luis Arteaga Ramírez, dirigirse al interior de Iquique para reunirse con una columna de reconocimiento que había partido con anterioridad.

Luego de 30 horas de marcha por el desierto, sin haber hallado agua ni comida suficiente, se juntaron ambas columnas.   Entonces, Arteaga tomando el mando de toda la tropa, compuesta de 2 mil 300 soldados, e ignorando el número de enemigos, dividió las fuerzas en tres columnas con el objeto de encerrar al ejército aliado perú-boliviano, que contaba con más de 4 mil hombres. Otros señalan que los aliados superaban a los 5 mil 900 hombres, los que se encontraban bien atrincherados y equipados.

En estas condiciones ambos ejércitos se enfrentaron pero a la media hora del combate, la infantería aliada se apoderó de la artillería chilena. Cinco veces fueron rechazadas las fuerzas chilenas  y otras tantas se reorganizaron y volvieron a atacar, pero a las 2 horas, la pampa estaba llena de muertos y heridos.

La batalla se veía perdida para Arteaga, cuando llegó la Compañía de Graneros, quienes cargaron a degüello sobre los peruanos, que retrocedieron a bastante distancia. Entonces, los chilenos creyeron que esta retirada era definitiva y se lanzaron hacia la quebrada en busca de agua.

Paralelo a ello y  el fondo de la quebrada combatía el Comandante Osornino Eleuterio Ramírez Molina con sus hombres que eran atacados por las fuerzas aliadas desde la altura. Ramírez trató de entrar al poblado de Tarapacá, en cuyas inmediaciones recibió una descarga cerrada.

Entonces, Ramírez herido retrocedió con sus hombres hasta Huaraciña, donde se reagruparon  en una tregua que duró 4 horas y que los jefes chilenos confundieron con el fin de la batalla.

De improviso regresaron las fuerzas peruno-bolivianas con refuerzos, rodeando a nuestros soldados.

Ramírez, a la cabeza de su tropa, rompió la primera, segunda y tercera fila enemiga con el grito de «a la carga rotos maricones», fue tan violento su avance, tan vertiginoso que paso de largo y  al no encontrar con quien más pelear retrocedió en busqueda de los peruanos.

Al respecto un testigo ocular de la situación señaló: “Semejaba un león, estrechado en un círculo de hierro, que antes de morir y ya cubierto de heridas, sacude la melena y reparte terribles zarpadas a sus enemigos, procurando encontrar una muerte digna de su vida”.

Finalmente, Ramírez cayó, con una herida en el pecho y otra en el muslo, pero siguió disparando contra el enemigo. De los últimos 14 tiros, 12 dieron en el blanco, sólo los dos últimos disparos erraron la dirección. Se dice que uno de ellos iba dirigido a un teniente peruano, quien corrió hacia Ramírez le quitó el revolver y le disparó a quemarropa, provocándole la muerte.

El cuerpo de Ramírez fue encontrado más tarde, cubierto de heridas, sin sus piernas y un brazo. Pero por su heroísmo y relato de los testigos ganó el apodo póstumo de «El León de Tarapacá».

La hazaña de los soldados chilenos, permitió una victoria impensada. Chile se adueñó de la región, mientras las fuerzas enemigas partieron rumbo a Tacna, con 66 prisioneros y el estandarte del 2o. de línea que había comandado Ramírez, capturado en la refriega. Sin embargo, éste fue encontrado tiempo después en la iglesia de San Ramón, en Maipú,
escondido detrás de un altar.

La Campaña de Tarapacá tuvo un hondo efecto en la población. La valentía demostrada por Eleuterio Ramírez en el combate, lo llevó a la cúspide del heroísmo nacional, siendo elevado a esa categoría el 11 de diciembre de 1927, cuando con la asistencia del Presidente de la República Carlos Ibáñez del Campo, se inauguró el monumento a su memoria en la ciudad de Osorno.

Memoria de un recuerdo  que hoy los osornino parecieran haber olvidado.

 

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