Published On: Mar, Oct 1st, 2013

Un cuento de Servicio Público…

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caminanteErase una vez un asistente social comprometido con la población más rural y vulnerable.

Trabajaba todo el día, descuidaba su familia, mantenía el teléfono siempre prendido para  monitorear situaciones sociales de riesgo, incomprendido por su equipo de trabajo, con un proyecto de intervención para el desarrollo de la población distinto, valores de servicio desinteresado, soñando como Quijote en defender causas de justicia, empeñado en hacer un mundo mejor.

Cierta vez trabajando mucho más tarde de su jornada, porque era necesario, sin cobrar horas extraordinarias, recibió un llamado telefónico desesperado; era un paciente de un grupo de autoayuda, a quien se le estaba quemando su vivienda en ese instante, él vivías con su señora y tres hijos pequeños, mientras hablaba lloraba y gritaba de desesperación ya que lo estaba perdiendo todo y acudió pidiendo auxilio en su asistente social, ya que era la única persona a quien se le ocurrió recurrir.

El asistente social procuró darle ánimo, pero en esas circunstancias era casi imposible, sólo le prometió estar al otro día en la comunidad.

Se comunicó con los dirigentes sociales para que le dieran albergue en la sede social y consiguieran alimentación y abrigo provisorio.

Por la hora de la noticia era imposible coordinar vehículos para el otro día y avisar la situación a la jefatura, así que el profesional estaba solo, con su conciencia y vocación.

Al otro día, que era sábado, salió temprano de su casa, con algunos víveres y ropa para la familia damnificada, se fue en bus del recorrido público hasta donde se podía, después caminó con el frio de otoño ocho kilómetros hasta llegar a la comunidad.

Todas las familias le esperaban en la sede social, grupos de amigos y enemigos se unieron, diferentes organizaciones ser hicieron presentes y particulares, todos vulnerables económicamente.

 Junto al paciente damnificado visitaron el lugar del siniestro, nada quedaba de la casa, juntos caminaron por los carbones y el señor señalaba en que lugar quedaba cada pieza que ya no estaba, de pronto algún objeto en el suelo o restos de algún mueble lo hacían estallar en lágrimas. El Asistente social trataba de consolarlo, pero las palabras no servían, había que hacer cosas concretas.

Se efectuó una gran reunión en la sede social, absolutamente toda la comunidad colaboró, se reunió la madera, el aserradero, ropa, abarrotes, un sistema de minga para construir, fue una reunión muy emocionante, especialmente al ver a los niños llorando de hambre, su madre tratando de consolarlos y el padre emocionado hasta las lágrimas.

Se tomó fotografías del siniestro y datos para elaborar el domingo los informes sociales para presentarlos el lunes a diversas instituciones y servicios públicos solicitando ayuda.

Ya entrada la tarde se puso a llover y un matrimonio de dirigentes invitaron al asistente social a tomar café en su casa, ya que no había comido en todo el día.

El asistente social llamó a su jefatura pidiéndole el favor de que un vehículo lo fuera a buscar para llevarlo de vuelta a la ciudad.

 La jefatura lo insultó, le dijo que hacía cosas sin consultar a su equipo, que estaba haciendo proselitismo, que buscaba figurar, y que esto le causaría graves represalias administrativas.

Los dirigentes escucharon la conversación en su humilde casa y estaban muy asombrados porque desconocían la faceta estructural adversa que rodeaba su gestión profesional. Procuraron consolarlo, ya que afloraron naturalmente sus emociones de ser humano y lloró al sentirse solo, desamparado y luchando casi clandestinamente por el bienestar de las personas.

Finalmente caminó de vuelta los ocho kilómetros, sus lágrimas se mezclaron con la lluvia, pero satisfecho de haber hecho lo correcto, cuando llegó a la carretera principal un vehículo paró y lo llevó a la ciudad, al llegar a su casa dio un gran abrazo a su familia y durmió tranquilo, sin importar que el sistema le prometiera penurias sólo por cumplir su vocación de servicio.

 Este cuento se repite en muchos servicios en que la burocracia, los intereses personales, la envidia priman en contra de la lucha por el bien público y los derechos humanos.

 

LEANDRO MAURICIO GALLARDO VERA

ASISTENTE SOCIAL

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Un cuento de Servicio Público…