Published On: Vie, Jul 26th, 2013

El desalojo de Santiago Rosas: «la plata manda»

tomaEn 1950 la señora Luisa viuda de Epple dono a sus trabajadores, unos 40 comuneros, los terrenos emplazados en Cesar Ercilla con Santiago Rosas. Posteriormente la Municipalidad se habría apropiado de estos terrenos para traspasarlos en 1970 a Serviu . Pero fue don Alejandro Kauak a través de la Constructora América quien habría vendido  los terrenos a Inmobiliaria Catedral de Propiedad de la Familia Bayelle. En el intertanto la gran parte de los comuneros fueron erradicados a distintos lugares entregándoles mejores viviendas. Pero tres de las familias decidieron quedarse en el lugar .

Nombres, hechos y datos que entrega don Luis Benavidez, uno de los vecinos afectados con el anunciado desalojo que sufrirán este viernes y luego de que la Corte de Apelaciones de Valdivia fallara en contra de dos de las tres familias afectadas y que aun mantienen sus pertenencias en ese sector.

Esta historia nos llama poderosamente la atención.

Reconocen que su propia ignorancia no les permitió nunca sanear los terrenos y ese fue su error. Según relata Benavides, hace 17 años les cortaron el agua y han debido luchar una vida entera por intentar llevar una vida digna,  pero que ha sido difícil puesto que «la plata manda» indica con impotencia.

Judicialmente la primera batalla la ganaron y entra en escena un joven abogado que decide ayudarlos luego de enterarse que la familia Bayelle ha decidido llevar la instancia a un nivel superior : La Corte de Apelaciones.

La señora Rosa Willi esposa de Carlos Vargas uno de los comuneros afectados  relata aquí lo sucedido con el solidario abogado: (Escuche audio sin editar)

La receptora judicial Olga Velasquez aparece en escena actuando como receptora judicial encargada de notificar la resolución adoptada por la Corte de Apelaciones de Valdivia  y también como amable «corredora de propiedades», deja entrever don Victor Benavidez. (Escuche audio sin editar)

El desalojo que estaba programado para este jueves se vio interrumpido por la propia Receptora Judicial quien había llegado al lugar acompañado de Carabineros y  luego de percatarse de nuestra presencia. Rápidamente se subió a un taxi y desapareció del lugar ampliando el plazo para el desalojo en 24 horas. Cabe señalar que dos días antes en forma intimidatoria dos maquinas retroexcavadora se instalaron a un costado del terreno en cuestión. Intencional o accidental las dos maquinas pesadas mantuvieron dos dias en vilo a las atemorizadas familias que habían comenzado a retirar sus pertenencias.

Sin embargo hay una tercera familia  instalada en los terrenos.  Se trata de don Pedro Vásquez y familia quien también fue amenazado de desalojo. Sin embargo orientado por personas de buena fe habia tomado contacto con otro abogado,  uno al que llama «buen samaritano» quien presento los escritos necesarios para impedir que sea desalojado puesto que la acción judicial está enfocada a las familias Vargas y otros descartándose en su contra el desalojo y luego de que le solicitáramos que en nuestra presencia presente los documentos legales ante el personal policial presente en el lugar. (escuche audio)

Todas las acciones que han decretado los tribunales en torno a este caso han sido efectuadas en estricto apego a la ley. No hay dolo alguno en la acción emprendida por la familia Bayelle. La receptora judicial a actuado conforme a las disposiciones vigentes y ha ido incluso un poco más allá.

Pero quedan sin respuestas algunas preguntas ¿Como, cuando y en que circunstancias se traspasan las propiedades de la familia Epple, al municipio, a Serviu, a Kauak y a Balleye? ¿Con que argumentos la justicia le asigno el primer triunfo judicial a los comuneros residentes? ¿Existio la defensa adecuada en la Corte de Apelaciones de Valdivia para los afectados? ¿Existe alguna vinculación entre el abogado defensor de los comuneros y las partes involucradas?

A estas alturas las respuestas no sirven de mucho. La justicia ya se ha pronunciado y actuado conforme a derecho.

Se nos quedan algunas imágenes en la memoria de las personas que serán eminentemente desalojadas,  como la madre de don Carlos Vargas una mujer de 85 años de edad, postrada por el paso de los años y que ve acurrucada en sus mantas y con lagrimas en los ojos como sus vecinos ayudan a desarmar las tablas y cartones de una mediagua a la que por 60 años llamo su casa. Sus ojos gastados ya no ven el horizonte y menos el futuro o una solución que le permita saber donde terminara sus días. Ya no tiene casa. Es el sino de los pobres frente a una justicia que necesita urgente clases de sentido común.

Algunos de los afectados en el último acto de rebeldía corren con un palo y una bandera chilena hasta un montículo de tierra y la enclavan para, entre risas fingidas, demostrar que están enteros, desamparados…pero enteros y a lo lejos resuenan en nuestros oídos las palabras que  Luis Benavidez indicara al principio de esta crónica: «la plata manda».

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El desalojo de Santiago Rosas: «la plata manda»