Published On: Jue, Nov 26th, 2020

El Viaje comenzó hacia un mundo desconocido.

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Los años pasaron rápidamente, ella no se dio cuenta que en un abrir y cerrar de ojos su vida cambió, los hijos crecieron y su marido descansaba en el sueño eterno. Los rayos del sol acompañaron su viaje hacia un mundo desconocido, donde nuevas instalaciones ofrecían acoger, alimentar, acompañar en la salud y en el encuentro con el Señor a personas mayores, manteniéndolas integradas a la familia y a la sociedad en forma digna y activa. Ella fue postulada a ese nuevo hogar, al igual que muchos adultos mayores en similares condiciones y, con un aporte mensual -su jubilación-, ingresó. No fue por falta de cariño de sus familiares, sino por el contrario, fue porque ellos no tenían las capacidades ni habilidades necesarias para cuidar a una persona con avanzado alzheimer. Seguramente algunos cuestionarán esta situación, pero cada uno sabe y vive sus propias realidades, buscando lo mejor para sus seres queridos. Allí encontró hombres y mujeres que, por voluntad propia, habían decidido internarse en esa casa de reposo. Al incorporarse se sintió muy acogida, los cuidados y el cariño del personal la hacían sentir querida, la preocupación de los auxiliares, encargados de la cocina, equipo médico, kinesiólogos, tens, enfermeros y cuidadores era indudable. Para cada uno de los internos era evidente el bienestar y los familiares eran testigos de esto.

Los aires otoñales comenzaron a sentirse en la ciudad, la brisa trajo consigo cambio de administración en el hogar y la aparición del ya conocido COVID-19 a nivel nacional. En las instalaciones se activaron los protocolos de emergencia ante la contingencia, desde la dirección tomaron medidas como:

– Suspensión de visitas.

– Entrega de mascarillas a sus funcionarios: 1 mascarilla n°95 a la semana, la cual es una mascarilla de muy buena calidad que se recomienda utilizar por sólo 3 días, tanto por las personas contagiadas con COVID-19 y sus cuidadores y hasta 7 días si se usa de manera esporádica.

– Lavado frecuente de manos.

– Uso de alcohol gel.

– Pecheras.

– Toma de exámenes de PCR al personal, los cuales han sido informados al empleador y no directamente al paciente.

Para complementar las medidas, los apoderados se organizaron y decidieron regalar una lavadora para que los diferentes turnos tuviesen la comodidad del cambio de ropa y posterior lavado en el mismo recinto. El personal siguió las medidas establecidas y, a pesar de todo, el virus, sin ser invitado, se instaló en el hogar. Ya es sabido por todos de los casos positivos tanto del personal como de los residentes.

En la minuta de los menús diarios las frutas y verduras son escasas, y no por falta de productos, ya que el municipio local desde hace un tiempo mantiene una asociatividad con el hogar. Son ellos quienes proveen, como así también particulares que hacen llegar donaciones, pero no logran aparecer como deberían en los platos de los residentes. Algo similar pasa con los útiles de aseo personales que son donados, ya que estos en más de alguna ocasión son vendidos en módicas sumas a los residentes.

Han sido meses muy difíciles para todos quienes están involucrados en este hogar, tanto como para los familiares e internos, quienes han sentido la falta de empatía y la nula contención hacia ellos por parte de la administración. Cuando algunos de los abuelitos ingresan al hospital, no hay mayor comunicación ni gestión para mantener a los familiares informados día a día y en forma personal sobre el estado de salud, ni tampoco cuando alguno de ellos fallece. El trato y ambiente laboral no es fácil, la falta de comunicación y capacidad de diálogo es inexistente, debiendo los trabajadores asumir los mandatos sin poder reclamar por miedo a represalias.

El callcenter de la fundación ha ido recibiendo reclamos por los hechos antes mencionados, quedando de manifiesto la poca fiscalización y que las leyes que rigen este tipo de entidades y las que resguardan a los adultos mayores aún no logran dar con lo deseado, que es proteger a nuestros adultos mayores. Esta situación de contagios en el interior del hogar llevo a la intervención de la SEREMI de salud y SENAMA, llevando a cabo una serie de acciones clínico-asistencial, como también una división en las instalaciones por sectores: contagiados, en recuperación y algunos residentes fueron enviados a residencias sanitarias, más un arduo trabajo en coordinación con departamento de atención primaria y los trabajadores del hogar.

Esta pandemia ha ocasionado caos, dolor, angustias, pero por sobre todo en este caso en particular, ha quedado al descubierto las faltas desde la administración de un recinto que atiende a un grupo de adultos mayores, quienes han ingresado confiando en los cimientos y valores ofrecidos como: caridad (amor a Dios y al prójimo), integridad (ser y hacer siempre lo correcto), excelencia (trabajo bien hecho), corresponsabilidad social (responsabilidad compartida), vivir la vejez con la dignidad que todos merecemos. Esta situación ha calado en lo más profundo los corazones tanto de las familias de los fallecidos como de los internos que se mantienen en el hogar, desatando discusiones, enojos, rabias, impotencias, cuestionamientos ¿Qué pasa realmente en el hogar? ¿Por qué la situación fue tan mal llevada? ¿Qué pasa con los insumos y ayudas recibidas? ¿Por qué tanta indolencia ante el dolor y la pena? Y quizás cuantas preguntas más, que espero reciban respuestas y acciones positivas tanto para los residentes y familiares como hacia los trabajadores del hogar de calle Santa María.

Solo espero que desde la fundación se tomen las medidas correspondientes y cambien la administración de este recinto icono de nuestra ciudad en el cuidado de quienes fueron un gran aporte a las familias y a la comunidad en general.

“Dichoso el que cuida del pobre y desvalido, en el día del peligro el Señor lo librará”. Salmo 40.

Artículo escrito por Rossana Casas Peña – Periomamista Semanario Local, Una mezcla loca entre mamá y periodista ciudadana.

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El Viaje comenzó hacia un mundo desconocido.