Publicado en: Jue, May 7th, 2020

Germán Holmberg: “La clave del éxito de la extensión agropecuaria es ser empáticos…».

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En tiempos de pandemia, el autor y editor del Boletín INIA N° 400 “Metodologías de Extensión Agropecuaria”, publicado recientemente, aborda la labor del Instituto de Investigaciones Agropecuarias en esta materia considerando la realidad actual, la pertinencia y necesidades de cada territorio.

Germán Holmberg, es ingeniero agrónomo, Magister en Desarrollo Rural con estudios de Doctorado en Economía aplicada de la Universidad de Valladolid en España. Lleva más de 25 años trabajando en el Centro Regional de Investigación INIA Remehue, ubicado en las cercanías de Osorno, en temas de Economía Agraria, Transferencia Tecnológica y Extensión. Esta última área fue la que dirigió entre 2014 y 2018, encabezando una serie de iniciativas que permitieron cubrir las demandas de información y conocimientos de cientos de agricultores y asesores técnicos, además de realizar un fuerte trabajo con comunidades y pueblos originarios de las regiones de Los Ríos y Los Lagos. También recientemente lideró la publicación del Boletín INIA N° 400 “Metodologías de Extensión Agropecuaria”, que da cuenta del trabajo realizado por esta institución en la zona sur.

¿Cuál es la importancia de la difusión y la extensión agropecuaria?

Si bien existen diferencias de enfoque entre estos dos conceptos, podemos coincidir en que la idea de fondo es acercar la tecnología o resultados de investigación, desde donde estos se producen y/o generan hacia donde estas serán escuchadas, validadas y finalmente utilizadas. Es en última instancia el productor agropecuario el que utiliza la tecnología para articular sus recursos disponibles -de capital, superficie y mano de obra- hacia sus íntimas aspiraciones, sean estas económicas, sociales, productivas y/o culturales. Entender este último punto, se transforma en la clave del éxito de la extensión agropecuaria, en la medida que somos capaces de ser empáticos y estar en sintonía con lo que quiere y demanda el productor. Tarea primordial no solo para los agentes de extensión, sino también para los encargados de generar la tecnología. Hoy además, en tiempos de pandemia, las metodologías han debido adaptarse a la realidad actual y aprovechar las herramientas disponibles para realizar actividades de capacitación y asistencia técnica a distancia. Así, los seminarios y charlas online a través de las nuevas plataformas, el desarrollo de cápsulas radiales y podcast, entre otras acciones, han venido a complementar nuestra labor ante la imposibilidad de realizar actividades presenciales, a raíz de la situación sanitaria que actualmente enfrentamos.

Muchas veces se tiende a utilizar como sinónimo la transferencia tecnológica y la extensión agropecuaria. Eso ha ido cambiando. ¿Cuál es la diferencia entre ambos conceptos?

Desde hace mucho tiempo hemos utilizado como sinónimos ambos conceptos, en la medida que le hemos reconocido la importancia de la vinculación efectiva entre la generación de tecnología y su aplicación, hemos sido más finos en las definiciones y las implicancias que éstas tienen. Lo que entendemos actualmente por transferencia tecnológica es la utilización por parte de un productor de una tecnología determinada con propiedad intelectual. Un ejemplo claro es pensar en una variedad de semilla cuando es utilizada por un productor dentro de su sistema productivo. En la extensión agropecuaria existe un rol activo del productor en cuanto a la decisión final de adopción y una interacción importante con el extensionista como conocedor de las expectativas del productor. Por último mencionar que lo que se “extiende” son datos e información, pero el procesamiento y decodificación de éstos, así como los resultados que se obtienen, dependen de la significación que se le dé. De ahí que la naturaleza de la extensión tiene un carácter más cognitivo que tecnológico y se relaciona directamente con el capital intelectual existente en un espacio de interacción determinado.

El contacto con los productores y los asesores técnicos y los cambios que se generan a partir de los resultados de la investigación que realiza el INIA, se transforma muchas veces en un círculo virtuoso que permite grandes avances en términos productivos, económicos y sociales. ¿qué sentimientos le genera trabajar en esta área?

Estoy absolutamente consciente y agradecido del lugar de privilegio que tengo como activo observador del proceso de desarrollo rural de nuestro país y más específicamente de nuestra región. A lo largo de mis años en INIA he podido verificar los logros en nuestro sector, en tanto los actores involucrados están dispuestos a escuchar lo nuevo que se les propone, se sienten convocados y con la motivación necesaria para iniciar las transformaciones que se requieren. En el Boletín INIA “Metodologías de extensión Agropecuaria”, se dan a conocer resultados del trabajo del INIA en donde hemos visto el notable aumento de productividad y rentabilidad de los planteles ovinos en grupos GTT que coordinamos como institución, a partir de avances en la prolificidad del rebaño y la disminución de la mortalidad de corderos, gracias a la mejora en los manejos, alimentación y sanidad, entre otros aspectos. De igual modo los GTT lecheros, lograron aumentar su producción de leche por hectárea y los sólidos en la leche, lo que ha impactado positivamente en la rentabilidad del negocio, considerando el cambio en las pautas de pago. Ejemplos como estos, al igual que el trabajo con los GTT de comunidades indígenas, los grupos tecnológicos especializados, el GTT Educacional, los predios de irradiación tecnológica y el modelo de extensión en territorios apartados como Patagonia Verde, dan cuenta de un trabajo sistemático que permite mejorar no sólo los índices productivos y técnicos, sino también, y de manera más trascendente aún, la calidad de vida de las familias con las que desarrollamos estas actividades.

Sin duda todo este proceso cobra mayor importancia hoy, en una era de hipercomunicación donde todos somos bombardeados con más información de la que podemos procesar y donde definitivamente lo nuevo que adquirimos, lo seleccionamos entre lo que percibimos que conecta con lo que ya entendemos, con nuestro conocimiento, con nuestra cultura y finalmente con lo que creemos que nos servirá para nuestras personales motivaciones. De esta forma, la extensión agropecuaria que se sustente en la construcción de visiones compartidas por los diferentes actores, en el reconocimiento de los conocimientos aportados por todas las partes, en el desarrollo de capacidades locales, en el surgimiento de espacios de confianza, constituye una herramienta fundamental para el desarrollo de los ámbitos rurales de nuestro territorio. Para lo anterior e independientemente de las características socio-productivas del productor con el que trabajamos, y tal como lo mencionábamos recientemente, se vuelve fundamental la generación de espacios de interacción entre los diferentes individuos con la finalidad de lograr mayores niveles de capital intelectual. Esto es posible de realizar en predios y/o en comunidades, donde se logre construir interacciones para una realidad mejorada de sus anhelos personales y/o colectivos, recordando que éstos -por lo general- son más amplios que los aspectos netamente productivos.

¿Cuáles son los principales desafíos de esta labor en el sector rural de la zona sur de Chile?

Es necesario aunar visiones de desarrollo de nuestro sector y sin egoísmos ni personalismos trabajar conjuntamente. Las instituciones de investigación, las de fomento y los gobiernos regionales en una visión compartida por los agricultores y sus asociaciones. Es a través de la interacción humana en términos complementarios y horizontales que se facilitarán los procesos de innovación, ya que estamos ciertos que la innovación es un principio fundamental para modificar la realidad y acercarnos a ese futuro que soñamos. Es el proceso a través del cual los sistemas –ya sean biológicos, productivos, sociales, políticos u otros– mantienen la congruencia con su entorno.

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