Publicado en: dom, Sep 9th, 2018

¿Sabía Usted que sólo 6.000 personas controlan y dominan el mundo entero ?

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“El gran poder que tiene el presidente Donald Trump actualmente, así como sus acciones irreflexivas e imprudentes, podrían desatar una guerra atómica” (Bob Woodward, reconocido periodista norteamericano que logró que Richard Nixon tuviera que renunciar a la presidencia de los Estados Unidos).

Si bien es cierto, que las “teorías conspirativas” se alimentan de misterios, rumores y secretos varios, no hay grupo sobre el planeta Tierra más misterioso y poco transparente que las personas más poderosas y adineradas del planeta.

En función de lo anterior, el profesor David Rothkopf, experto en relaciones internacionales, politólogo, periodista y ex subsecretario de Estado de EE.UU., en su libro “El club de los elegidos: cómo la élite del poder global gobierna el mundo” intenta arrojar algunas luces acerca de estas figuras enigmáticas. Y lo hace, a partir de su experiencia con estos sujetos, así como también a través de su investigación de cómo se comportan estas personas tras bambalinas.

El autor se dedicó a observar a esta élite desde muy cerca, realizando un análisis muy detallado de las redes sociales que tejen entre ellos, logrando verificar que este grupo pequeño, formado por alrededor de 6.000 personas, reunían el poder suficiente para afectar, claramente, la vida del resto del mundo. Demostró, asimismo, que el poder, hoy, más que nunca antes en la historia de la Humanidad, está altamente concentrado en unas pocas manos: la élite económica, política, religiosa, militar y cultural.

En este sentido, Rothkopf entrega información de su propia experiencia personal y profesional, información que combina con datos concretos extraídos de diversas fuentes, con la finalidad de describir el poder, los orígenes, los objetivos y las metas de esta reducida “superclase”. El resultado final se convierte en un análisis exhaustivo de la élite global, de sus fuentes de poder, así como de las asombrosas cantidades de dinero que controlan, quienes pertenecen a este exclusivo “club”.

Algunos de estos “miembros exclusivos” son personas como Bill Gates (dueño de Microsoft), Larry Ellison (dueño de Oracle), Jeff Bezos (dueño de Amazon), la familia Walton (compuesta por tres hermanos que son dueños de los Supermercados Wal-Mart, y que acumulan más riqueza que 48 millones de familias estadounidenses combinadas), Donald Trump, presidente de Estados Unidos (tiene el poder absoluto sobre miles de bombas atómicas y es descrito como un sujeto que debería estar encerrado en un manicomio), el Papa Francisco en el Vaticano (que gobierna e influye sobre más de 1.300 millones de fieles católicos), Vladimir Putin (presidente de la federación Rusa), Xi Jinping (presidente de la República Popular China), etc.

A este exclusivo Club, también pertenecen personajes conocidos de la política y los negocios de nuestro país, tales como Andrónico Luksic, Roberto Angelini, Sebastián Piñera, Álvaro Saieh, los grupos económicos Matte,  Claro y Edwards, entre otros.

Imposible dejar fuera a mega empresas como Exxon Mobil, General Electric, Shell, Bayer, 3M, Nestlé, Goldman Sachs y otros grandes bancos internacionales como Citibank, Santander, HSBC, Sudameris, Deutsche Bank, etc..

Actualmente, debido al fenómeno de la globalización, las economías están muy interconectadas entre sí, y esta evolución ha tenido una serie de importantes efectos sobre la conformación política y económica de las élites. Es por ello, que un análisis de dicha élite pasa por comprender el fenómeno de la globalización. Hoy en día, tenemos a una élite internacional, multicultural y multirracial, que está interconectada y fuertemente cohesionada, y que está dictando la “agenda del mundo” sin ningún tipo de contrapeso a nivel de los gobiernos internacionales.

El profesor Rothkopf demuestra, asimismo, que todo individuo posicionado en la cima de la pirámide social de esta superclase se encuentra –literalmente– blindado por poderosos nexos sociales y económicos en las distintas esferas de la sociedad. Esto se comprende fácilmente, cuando se analiza la importancia que tiene para esta élite reuniones como las cumbres de Davos o de Bilderberg, así como ciertas “rutas de acceso” a la superclase, tales como haber estudiado en universidades de gran prestigio como Harvard, Stanford, Princeton, MIT, Cambridge, Oxford, etc.

Rothkopf clasifica a los individuos como “pertenecientes a la superclase” (o “élite del poder”) cuando ocupan posiciones de alto nivel en organizaciones económicas, políticas, culturales o militares. En estricto rigor, el criterio de pertenencia a la superclase, es tener “mucho poder”, es decir, la capacidad para influenciar a millones de personas de manera coercitiva, ya sea económica, política, militar o espiritualmente más que ejercer posiciones de control sobre los medios productivos.

En un mundo compuesto por más de siete mil millones de habitantes, la superclase la conforman tan sólo seis mil individuos que están vinculados entre sí por canales formales e informales que trascienden las barreras nacionales, en donde el sector privado juega un importante rol. La principal ventaja de la “superclase” por sobre las otras élites tradicionales de una nación, es el acceso rápido que tienen estos sujetos a los contactos adecuados, lo que significa gastar muy poco tiempo con el fin de encontrar una “respuesta” o una “solución” rápida a una solicitud.

Para el autor, Chile, por ejemplo, “no sería un país, sino que un Club de Campo”  (“Chile is not a country, but a country club”) cuyos miembros, son los súper millonarios, con un núcleo duro del poder que incluye a ciertas familias claves: Angelini, Matte, Paulmann, Piñera, Luksic, Saieh, Claro, Edwards y unas pocas otras más. Sin la venia –o el “permiso”– de ese exclusivo Club, no se puede lograr que se haga nada de importancia –o que sea significativo– en el país.

El poder político de la súper clase y los nexos sociales que mantienen entre sí, les ayudan a  levantar a los hombres más poderosos del mundo como, por ejemplo, al presidente de EE.UU., así como a los presidentes y dirigentes de otros países que, a su vez, sirven a los intereses de Estados Unidos.

Por otra parte, las élites militares también conforman un selecto club que juega un papel relevante en las relaciones internacionales. No deja de llamar la atención, que muchos de los altos mandos de los principales ejércitos del mundo se forman en escuelas militares que tienen su sede en los EE.UU, un factor que le permite a esta élite militar cultivar relaciones cercanas, e ingresar, posteriormente, al mundo de los negocios.

En síntesis, se puede afirmar entonces, que: (a) existe una élite global, cuyas redes sociales exceden las fronteras nacionales, (b) que esta superclase se está fortaleciendo a un nivel mucho más rápido que las propias instituciones gubernamentales, (c) es una élite que coexiste con alarmantes niveles de desigualdad.

Sumemos que entre los casi seis mil integrantes de la superclase existen múltiples vínculos que enlazan a un miembro con otro miembro: asociaciones de negocios, inversiones conjuntas, membresías en los mismos directorios de empresas, existencia de lazos de amistad hechos en las universidades donde estudiaron, vivir en barrios exclusivos, disponer de terminales de aviación privados, visitar los mismos restaurantes, estadías en los mismo hoteles de lujo, etc.

No cabe duda que la Historia de la Humanidad será el resultado final de las negociaciones entre los ricos y poderosos con los pobres y los menos afortunados. La razón es muy simple: estos sujetos poderosos, que vienen de diversos ámbitos del quehacer humano son los que dirigen los gobiernos, administran las finanzas y las corporaciones internacionales, son dueños de los medios de comunicación, organizan los movimientos religiosos y, en la sombra, dirigen, incluso, organizaciones criminales y terroristas. Sus decisiones crean o destruyen millones de empleos, marcan la dirección del mercado, levantan o hacen caer gobiernos completos. En definitiva, estos son los sujetos que están modelando la Historia de nuestro tiempo, y dado los niveles de poder y riqueza sin precedentes que han alcanzado… ¿quién cree usted que fija las reglas del juego? ¿Habrá algún gobierno capaz de “fiscalizar” a un grupo tan poderoso que opera más allá de las “leyes nacionales” que rigen a una nación?

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)

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¿Sabía Usted que sólo 6.000 personas controlan y dominan el mundo entero ?