Publicado en: mar, Mar 6th, 2018

ULagos rechaza eliminación o disminución de filosofía en programas de estudios

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Durante el año 2007, en pleno proceso de escritura para obtener mi grado de licenciado en filosofía,  tuve la suerte de entrevistarme con el fallecido maestro y filósofo José “Pepe” Jara[1]. Muy atento, me invitó a tomar un café para que charláramos tranquilamente. De todas las lúcidas ideas expuestas por el profesor, fue el relato de una experiencia propia la que más me marcó: durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, señalaba, fue prohibida explícita o implícitamente la enseñanza de algunos pensadores por su carácter subversivo. Y esto es claro ya que durante 1973 “el poder de autodeterminación del quehacer intelectual fue suprimido”[2].

En ocasiones, aquello que puede parecer algo mínimo, permite repensar las propias prácticas educativas. ¿Para qué sirve la filosofía? Quizá para algunos la pregunta sea impropia, pero encierra una importante intuición: hay un tipo de enseñanza que se acopla a la autoridad de los textos canónicos; hay otro tipo de enseñanza que interpela a nuestra realidad e intenta transformarla. Para ejercer la práctica de la filosofía, nos decantamos por la última opción; José “Pepe” Jara pertenecía, sin duda, a este tipo de pensadores-educadores[3].

Tras esta anécdota se encuentra anunciado un problema de gran interés filosófico y educativo: ¿Quién decide sobre qué debo aprender? ¿Un “ente” que selecciona cuáles son los mejores contenidos y métodos para aquellos que se educan o debe existir cierta libertad que provea un amplio abanico de posibilidades para la formación del estudiante? Hoy un organismo como el Consejo Nacional de Educación (CNED) quiere limitar la enseñanza de la filosofía y no es la primera vez que se sugiere acometer una reducción de las horas de nuestra disciplina. ¿Pero cuáles son las razones que conducen a una propuesta tan funesta?

Los profesores de filosofía del Departamento de Educación de la Universidad de Los Lagos creemos lo siguiente: el contubernio entre el mercado y estado, las políticas neoliberales y una débil y tutelada democracia chilena han forjado una educación con fines estrechos, donde el destino de disciplinas como la filosofía, la literatura y el arte debe ser su desaparición. Si existe una libertad que debe ser ampliamente concedida es la de mercado, pero no aquella que nos permite una educación inclusiva y nutrida de todas las dimensiones en que puede entenderse cabalmente el ser humano. De romper con las reglas del juego que dan privilegio a las políticas educativas de tamiz neoliberal, siempre está la posibilidad de acudir a la autoridad de un grupo de iluminados que expresen qué debe y qué no debe ser parte de nuestra educación.

Robo una cita de la columna de mi colega Braulio Rojas[4] acerca del valor que la Unesco da a la filosofía: “La filosofía es una ‘escuela de libertad’ ya que no sólo elabora instrumentos intelectuales que permiten analizar y comprender conceptos fundamentales como la justicia, la dignidad y la libertad, sino que además crea capacidades para pensar y emitir juicios con independencia, incrementa la capacidad crítica para entender y cuestionar el mundo y sus problemas y fomenta la reflexión sobre los valores y los principios”[5]. Por lo mismo, la filosofía debe ser entendida como una herramienta transformadora de nuestros procesos de subjetivación y de nuestro entorno. Su eliminación sería un atentado contra la esencia misma de la educación, que es permitir la autonomía del individuo a partir de la apertura del mundo en su diversidad y riqueza. Menos aún puede arrogarse un organismo la potestad de tomar decisiones sin consultar a todos los actores educativos.

Si explícitamente los profesores de filosofía del Departamento de Educación de la Universidad de Los Lagos afirmamos nuestro rechazo a la eliminación o limitación de la filosofía en el curriculum de enseñanza media, implícitamente estas palabras abordan un problema filosófico de fondo que interpela a nuestra realidad y a la forma en que hoy se toman las decisiones. Afirma Renato Cristi que “las nociones de autoridad y libertad son los pilares sobre los que se asienta el pensamiento político de Jaime Guzmán. Constituyen las ‘palancas armoniosas y equilibradas’ que le permiten conjugar un Estado autoritario y una economía de libre mercado”[6]. Conociendo la inspiración del redactor de nuestra actual Constitución, conocemos también la forma como las relaciones de poder han sido practicadas en la cultura institucional chilena: predomina la autoridad técnica de un grupo de “sabios” por sobre la decisión colegiada de la comunidad; predomina la libertad económica por sobre la libertad que entrega las herramientas para que los seres humanos pueden comprenderse mejor a sí mismos. ¿Para qué sirve la filosofía? Precisamente, para repensar los viejos discursos y prácticas y proponer nuevas formas de pensarnos y hacernos.

Suscribimos este texto,

Académicos ULagos: Rodrigo Lagos Vargas y Cristian Tejeda Gómez

[1] José Jara García. Doctor en Filosofía, Ludwig-Maximilians-Universität München, Alemania, 1975. Magister en Filosofía, The University of Texas, Austin, USA., 1965. Profesor de Estado en Filosofía, Universidad de Chile, 1963. Falleció en el año 2017.
[2] Sánchez, Cecilia. Una Disciplina de la Distancia. Editorial LOM. Santiago, 1992, p. 14.
[3] Ver: Vera, Adolfo. Pepe Jara (1940-2017), una vida filosófica. En: El Mostrador.  http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/10/14/pepe-jara-1940-2017-una-vida-filosofica/
[4] Ver: Rojas, Braulio. La defensa de la filosofía como lucha por una democratización epistemológica de los saberes: más de una década de disputas. En: Le Monde Diplomatique. https://www.lemondediplomatique.cl/La-defensa-de-la-filosofia-como.html
[5] Informe del Director General UNESCO relativo a una estrategia intersectorial sobre la filosofía, 2005. http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001386/138673s.pdf
[6] Cristi, Renato. El pensamiento Político de Jaime Guzmán. Editorial Lom, Santiago, 2011, p. 35.

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