Published On: Lun, Feb 13th, 2017

Caleta Milagros : el imperio del más fuerte

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No es primera vez que pescadores de Bahía Mansa son atacados desde Caleta Milagros en el Sector de San Juan de la Costa. Y no es la primera vez que los medios de comunicación desvirtúan la realidad de los hechos de violencia ocurrido en la zona. Eso es lo que denuncian pescadores y vecinos del sector de Bahia Mansa. Quieren que quede claro: No existen en el sector vendetta entre delincuentes. No existen rencillas entre comunidades indígenas y pescadores. No se trata de riñas entre turistas y peñis en estado de ebriedad. Ni peleas por tierras como el caso de Rucamañio. Tampoco se trata de la Guerra del Loco o la Guerra del Cochayuyo como se intenta dejar de manifiesto comunicacionalmente.

Es lisa y llanamente el ataque indiscriminados de un grupo de personas pertenecientes a una familia del sector de Caleta Milagros identificados preliminarmente por los pescadores como la familia Jaramillo Navarro que contaría con amplias conexiones políticas, redes de protección y un futuro plan de negocios en torno a la industria de la piscicultura que les alentaría a burlar la acción de la justicia manipulando con desinformación a los medios de comunicación cada a vez que se desarrollan uno de estos ataques. Así lo expresarían los lugareños, pescadores, locatarios y los propios dirigentes de los pescadores entrevistados y consultados por este medio.

El día sábado en horas de la mañana solo por accidente nos encontrábamos en el muelle de Bahía Mansa cuando fuimos alertados por la presencia de una ambulancia. Al acudir al lugar nos encontramos con un grupo de hombres y mujeres en cantidad cercana a las 20 personas esperaban el arribo de una lancha que traía un herido. Se trataba de Enrique Ismael Pailapichun, pescador de oficio, recolector y buzo que era trasladado con la pierna izquierda destrozada por un tiro de escopeta. Fue auxiliado por los pescadores e izado desde la embarcación hasta la ambulancia. A escasos metros tres funcionarios de carabineros y dos funcionarios de la armada observaban la escena sin intervenir en modo alguno. Nadie consulto por el nombre del herido. Nadie consulto por los atacantes. Nos alerto tal indiferencia. Por lo que nos sumamos observantes a la breve marcha de hombres y mujeres que con rabia y miedo marchaban desde el muelle pidiendo justicia “a las buena o las malas” . “¿ Pero carabineros o la armada no intervienen?”, pregunte a un pescador. “Si no pueden hacer nada”, fue la respuesta.

“Son los Jaramillos”, me señalo otro lugareño.

Los dirigentes de los pescadores llamaban a la calma sumando también sus rabias.

“¿ Por qué no lo hacen público ?, consulté. Solo ahí uno de los dirigentes reparo en que yo no era del lugar. “Lo intentamos siempre pero los medios de comunicación no vienen y después informan lo que quieren”, señalo. Varios pescadores me rodearon con curiosidad. “permítanme ayudar” les dije extendiendo mi credencial de prensa. “Vamos al galpón porque aquí nos están mirando” señalaron varios pescadores.

Unas 10 personas a los que se sumaron posteriormente los dirigentes Luis Aidue y Juan Higuera nos invitaron a una especie de galpón que sirve de sede de los pescadores. Todos querían hablar. Todos querían contar su porción de historia frente a los hechos. Las principales acusaciones apuntan a la desinformación a través de los medios por lo que hice el compromiso de contar de manera textual todo lo ocurrido. Para tranquilizarlos les señale que publicaríamos via facebook una primera información. A las 10:15 comunicamos preliminarmente el hecho. A las 10:20 Luis Aidue recibía un llamado solicitando antecedentes del “periodista” que se encontraba en terreno. A las 11:00 de la mañana todos los medios de comunicación tenían “la película clara” con diferentes conjeturas. Se nombraba un fiscal del Caso. Y carabineros y la armada iniciaban “aparentemente” los peritajes de rigor. Las redes sociales sin embargo ya tenían sus propias conjeturas. Ocurrió lo, que según le adelantamos a los pescadores y dirigentes, se sabía que iba a ocurrir.

La Caleta Milagros.

En el marco de la ley Lafquenche y a fin de mantener la concordia con las comunidades indígenas es que los Gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría han buscado mediante regulación proteger el borde costero en beneficio de las comunidades pertenecientes a pueblos originarios evitando la depredación de los recursos y otros males .

Para ello las comunidades indígenas conformadas de acuerdo a la ley podrán solicitar basado en la costumbre de uso (uso consuetudinario) el privilegio sobre determinado sectores del borde costero.

Aparentemente, según lo que señalan los pescadores a la fecha la Familia Jaramillo Navarro estaría solicitando a través de sus respectivas comunidades el uso del borde costero de Caleta Milagro, resolución que dependería de una comisión integrada por distintas instancias de Gobierno.

La sola solicitud, sin embargo, ha hecho que de forma arbitraria y abusiva se sientan con el privilegio de apropiarse del territorio realizando actos violentos en base a una supuesta “defensa de propiedad privada” la que segun habrian señalado en la ultima reunión sostenida entre pescadores y representantes de la familia Jaramillo Navarro se haría mediante el uso de la fuerza y la violencia que sea necesaria.

Este hecho y los graves atropellos que han venido cometiendo los integrantes de la familia Jaramillo Navarro han sido advertidos a todas y cada una de las autoridades políticas a nivel regional, provincial y comunal sin que nadie haga nada para impedir acciones de tipo violento y que rayan en lo criminal.

Los pescadores incluso acusan que dichas comunidades “ni siquiera se dedican a la pesca o a la recolección” por lo que extraña que prohíban la extracción de cochayuyo, la recolección de luche o de luga o el paseo por sus playas o el tránsito de botes por el sector.

Addis Ancapan es el primero en narrar un hecho ocurrido hace varios años atrás en que un grupo de encapuchados en distintas embarcaciones y con armamento de distintos calibres lo habrían esperado que emergiera de las aguas para amenazarlo y dispararle en el rostro a muy cerca distancia. Producto del disparo perdió uno de sus ojos. Pese a que el hecho obtuvo amplia cobertura periodística. No hubo investigación de ningún tipo. No se requiso armamento. No existieron detenidos. Y jamás fue citado a tribunal alguno. Después de aquello las situaciones de este tipo han ido en aumento.

Juan Coffre, otro pescador de bahía mansa también fue agredido y tiroteado por los mismos encapuchados. Suma y sigue. Carlos Vega, un buzo recolector de la zona, en un acto verdaderamente criminal le cortaron a cuchillo la manguera de buceo mientras se encontraba sumergido. Luis Naranjo fue atacado a palos por otro grupo de encapuchados. Claudio Peñailillo fue tiroteado igualmente.

Lo mismo habría ocurrido con tres turistas que decidieron acampar en la zona y cuyas carpas fueron destrozadas debiendo arrojarse al mar para salvar sus vidas.

Todos estos hechos son conocidos en el sector. Se han enviado cartas a las autoridades e incluso a la Presidenta de la Republica sin que existan respuestas de ningún tipo.

Los agresores de Caleta Milagros, según indican los testigos, son en su mayoria encapuchados que actúan coordinadamente y con amplio conocimiento del territorio, que patrullan diariamente en botes una amplia zona frente a la caleta. Que montan guardia en puntos estratégicos y bien apertrechados y que cuentan con armamento de distintos calibres. Por si fuera poco mantienen en la zona de Bahia Mansa una red de informantes bien organizados. Dirigentes coaptados que asumen rápidamente las vocerías y defensas publicas y un apoyo no menor en redes sociales que permitan desviar la atención de los hechos aquí expuestos.

A nivel de gobierno contarían también con redes de apoyo y de influencia, según denuncian los pescadores lo que hace imposible ubicarlos o sancionarlos.

Ahora son los pescadores quienes nos anticipan lo que va a ocurrir : ” van a nombrar un fiscal que no conoce la zona, que no tendrá apoyo y cuyas diligencias jamás se cumplirán y si se cumplen no tendrán resultados”, anticipan. “esto va a quedar en nada”.

Uno de los dirigentes, Luis Aidue, se apresura a señalar que ” no hay problema con las comunidades indígenas…todos somos peñis”, tratando con ello de colocar paños fríos a una situación que a simple vista es más compleja de lo que se cree y que bajo ningún punto de vista esconde a un “Chiapas del Sur” o una “zona caliente “, sino que el simple accionar de delincuentes con amplios contactos políticos que se están adueñando en base a la ley de un territorio que terminaran cediendo al mejor postor, según denuncian los propios pescadores y todo ante la vista de las autoridades y la armada que no están cumpliendo a cabalidad con el rol que les compete.

 

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