Published On: Mié, Ago 24th, 2016

El emprendimiento y su contribución al desarrollo económico y social

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Movilidad social y generación de riqueza

La evolución de la economía mundial en la última década y la crisis económica y financiera por las que ha atravesado la Unión Europea y el bajo crecimiento y casi recesión de Estados Unidos nos dejan lecciones importantes en lo que concierne a la generación de riquezas.

Una de ellas la constituye la necesidad apremiante de darle el protagonismo que se merece a la actividad de los emprendedores, como los mejores instrumentos de la movilidad social. Sobre todo si tomamos en cuenta los dichos del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien ha calificado de «inaceptable» el escaso avance que se ha conseguido en el cumplimiento de los ODM (1 Objetivos de desarrollo del Milenio fijados el año 2000 por la ONU), entre los que se encuentra la reducción a la mitad de la extrema pobreza respecto al nivel que había en 1990. Según Ban Ki- moon es inaceptable que para dos tercios de la población mundial sea un lujo el acceso al agua, que además un millón de personas mueran de malaria cada año y que actualmente mil millones de personas vivan en extrema pobreza siendo prácticamente olvidadas por la economía mundial.

Lo anterior se explica por qué el sistema capitalista emprendió el camino de su asombroso crecimiento por medio del capitalismo global o la dimensión económica de la globalización, donde los actores claves han sido las empresas de gran capital, muchas de las cuales tienen vocación de convertirse en poderosos conglomerados (Villacreces 2010). Pero por este camino el sistema se torna en cierta manera excluyente, dejando fuera de sus preocupaciones la figura del emprendedor, privándose en esta forma de uno de los principales impulsores de la movilidad social. Dicha movilidad quedó, así, prácticamente condicionada a la creatividad y perseverancia de los emprendedores y no a su propio rol o actividad dentro de la economía. No obstante la movilidad social que genera el emprendimiento tiene su campo de mayor y más expedita ocurrencia en las economías desarrolladas, en las cuales normalmente existe actividad de investigación científica y tecnológica, tanto en el interior de las empresas como en las instituciones de educación superior.

Lo anterior no ocurre de igual manera en los países en vías de desarrollo, que destinan bajos márgenes de su PIB a investigación y desarrollo y donde las políticas que favorecen la innovación y el emprendimiento son escazas y débiles, lo que se traduce lamentablemente en la subsistencia aun de extensas franjas de pobreza, hecho que se presenta contradictoriamente aun cuando las mayores y más promisorias tasas de crecimiento económico lleven a pensar lo contrario (Beber 1998).

Según Andres Pumarino (2011) El emprendimiento se puede transformar en una plataforma de movilidad social. En consecuencia es necesario darle el protagonismo que se merece a la actividad de los emprendedores, como los mejores instrumentos del desarrollo económico y social de los países, propiciando su iniciativa, educando para el emprendimiento y apoyando su gestión con actores claves de la movilidad social y la lucha contra la pobreza. Así lo demuestran varias experiencias de algunos países, organizaciones y ONGs alrededor del mundo como son el Banco de los Pobres, la Fundación Esperanza, Fundación Fe y Alegría, entre otras tantas más.

Educar para el emprendimiento

 En cuanto a nuestro rol frente al complejo escenario en el cual nos desenvolvemos, la primera pregunta que surge es ¿Cómo preparar a la nueva generación de profesionales, ejecutivos y hombres de empresas chilenas, si por un lado la competencia por un puesto de trabajo se ha globalizado y, por otro, la taza de obsolescencia de lo que podemos enseñar es altísima?, ¿Cuáles son aquellas variables o conocimientos que son estables y perdurables y que, en definitiva determinan el éxito de un profesional, independiente de su carrera?.

La respuesta a esta pregunta es clave ya que determina lo que es esencial de enseñar y que deben estar presentes en todos los programas de estudios y en todas las carreras. La verdadera clave para el éxito profesional es la capacidad de adaptarse a un mundo cambiante, globalizado y tras cultural. Es decidir, los nuevos profesionales deben de ser capaz de ser flexibles, propensos al cambio y al aprendizaje, a la innovación y trabajo en equipos en grupos multidisciplinarios (Silva 1998). En una palabra, en fuerte desarrollo de las habilidades inherentes a lo que hoy entendemos como espíritu emprendedor además, el desarrollo futuro de nuestros país y el siempre prioritario combate contra la pobreza hacen imperativo un decidido avance hacia tener más emprendedores. Nuestro rol y nuestro objetivo es ayudar a cambiar el país en una tarea que llevará varias generaciones, pero que tiene como recompensa el ayudar a que el desarrollo alcance a todas las personas del país, en particular a los más pobres.

Debemos entender que el emprendimiento, más que una disciplina es una actitud frente a la vida. No solo va entregar ventajas y beneficios a los jóvenes que decidan independizarse sino que también lo hará con aquellos que inicien proyectos al interior de sus propios puestos de trabajo (intra-emprendedor), con quienes se aboquen a un emprendimiento social o quienes simplemente quieran hacer realidad sus propios proyectos personales. La importancia de esto es que el emprender es, por lejos, lo que más movilidad social y económica crea. Esto, por lo demás, es consistente con lo que ya se sabía. La educación (Desde el punto de vista tradicional de obtener una carrera técnica o profesional) crea movilidad social, pero hoy sabemos por qué esto ha sido más fuerte en algunas personas más que en otras. Solo el emprendimiento es el gran nivelador y movilizador de oportunidades ya que es completamente independiente de toda consideración de sexo, religión, o incluso estudios.

La creatividad como fuente del espíritu emprendedor

 La creatividad es el pilar fundamental del emprendimiento, ya que todo emprendimiento es en si el nacimiento de una iniciativa propia, personal y por tanto nueva y original (G. Ullmann 1977). Todo emprendimiento se encuentra tan asociado a su propio emprendedor que resulta sujeto y condicionado inevitablemente a su propia creatividad, por lo que la creatividad del emprendedor se convierte en el combustible de su nueva iniciativa.

La psicología moderna está todavía lejos de poder explicar la creatividad en términos lógicos y objetivos, pero en años recientes se han hecho adelantos en cuanto a la comprensión de los tipos de personalidad creativa y de las circunstancias en que es más fácil que aparezcan (Robert W. Weisberg 1987).

Para el científico creativo Albert Einstein está gobernada por la intuición, para otros, técnicamente es la generación de procesos de información, productos o conductas relevantes para una situación de destreza o conocimiento insuficiente, en cambio para Golemann (2006), la creatividad puede ser considerada como una forma de solucionar problemas, mediante intuiciones o una combinación de ideas de campos muy diferentes de conocimientos. Lo que quiero decir es que no existe una postura única sobre este tema y poca certeza se tiene todavía sobre cómo se gesta y desarrolla la creatividad.

Una cosa, sin embargo, es posible afirmar; las instituciones de educación pueden contribuir al desarrollo de esta capacidad a través de metodologías y procesos de enseñanza que faciliten o estimulen su presencia (Csikszentmihalyi 1998). Con estos antecedentes el rol de las instituciones de la educación superior aparece más claro. No solo debemos asegurar la entrega de conocimientos duros, los que han estados por décadas asociados a las profesiones en chile, sino que además debemos promover otros dos elementos que son claves para la información de emprendedores. El primero es el desarrollo de conocimientos blandos, que son todos los temas relacionados con lo que hoy se conoce como inteligencia emocional (habilidades de trabajar en equipo, de negociación, de formar redes, presentar y defender convicción, etc.). El segundo es el desarrollo de un estilo orientado a la superación de adversidades, basado en conocerse y reconocerse en sus propias capacidades y habilidades.

Históricamente se ha perpetuado una metodología orientada hacia la acumulación de conocimientos más que la aplicación de los mismos. En tras palabras, la educación universitaria a sido tradicionalmente “acopiadora de conocimientos” orientada a juntar o almacenas grandes cantidades de información y hoy en día no resuelve las necesidades y problemáticas actuales. Se requiere por tanto un proceso de cambio hacia el desarrollo de destrezas y habilidades de carácter más flexible, transversal y adaptables en el tiempo que permitan una mayor aplicación en el campo laboral y profesional.

Metodologías para formar emprendedores

 El progreso de los países depende principalmente de su espíritu emprendedor y se va a desarrollar más en aquellos países en donde la política económica lo estimula. Sin embargo, eso no basta. La educación es un pilar fundamental para el cultivo del emprendimiento. Aunque se conocen algunas metodologías para enseñar el emprendimiento como CEFE (Competency Economie Formation Entrepreneurs.), Design Thinking, entre otras y las experiencias de Babson College, en Estados Unidos, no existe actualmente un consenso con respecto a una metodología en particular, sino que solo en torno a algunos elementos comunes que es necesario destacar y utilizar dentro de la formación de los emprendedores. En mi opinión debemos partir desde lo más básico e inicial ya que desde los primeros niveles de educación es posible desarrollar un espíritu emprendedor, por lo que a nivel de la educación básica y de la educación media es necesario promover la cultura emprendedora.

Lo anterior se logra promoviendo valores como: la responsabilidad, el amor al trabajo, la valorización de la innovación, el premio al riesgo, el respeto por la palabra empeñada, la honestidad y la perseverancia. Estos valores deben ser cultivados en nuestro sistema educacional. Hoy ello no ocurre con la profundidad que se requiere. Es recomendable revisar las materias, los textos y las metodologías de enseñanza para pernear a nuestro sistema educacional con estos principios tan necesarios para promover el espíritu emprendedor.

Sin embargo, ello no basta. El espíritu emprendedor se fomenta también enseñando habilidades a los niños y jóvenes. Habilidades tales como; el trabajo en equipo, el liderazgo, el reconocimiento a las actitudes innovadoras y la comunicación (A. Bacus y C. Romain 1992). Estas habilidades son más necesarias en el mundo actual, en donde las estructuras organizacionales son menos verticales y en donde los métodos de comunicación son cada día más visuales. Para lograr este objetivo estas habilidades deben introducirse en el currículum de nuestros alumnos.

Para hacer más fructífero el aprendizaje de estos principios y habilidades es posible introducir juegos individuales y grupales del tipo simulaciones, recreaciones o casos prácticos. Se necesita también innovar en la educación a nivel universitario tanto de pre grado como de post grado (J.P. Guilford 1983). En el pre grado se observa la necesidad de modificar lo que ha sido la enseñanza tradicional de las escuelas de negocios en el país. Esa innovación debe ser realizada en el campo curricular como en la metodología en la enseñanza.

Fredy H. Wömpner G.
Economista
Dir. Capacitación y Form. Continua

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Bibliografía

 
-Silva Ernesto “El rol del sistema universitario en la formación de los emprendedores”, Managenment del emprendedor, Ed. Diario financiero, 1998.
– Villacreces Roberto 2010., Los retos para el emprendimiento. Revista Perspectiva N°23/2010. Bogota. Colombia.
-Golemann Daniel 2006. La inteligencia Emocional. Editorial Vergara. Madrid. España.
-Beber Harald “Educación y emprendimiento: una visión desde la economia”, Managenment del emprendedor, Ed. Diario financiero, 1998.
-A. Bacus y C. Romain, “Creatividad. Cómo desarrollarla”, Barcelona: Paidós, 1992.
-G. Ullmann. “Creatividad”, Madrid: Ediciones Rialp, 1977.
-Mihaly Csikszentmihalyi, “Creatividad: el fluir y la psicología del descubrimiento y la invención”, Barcelona [etc.]: Paidós, 1998.
-Robert W. Weisberg, “Creatividad: el genio y otros mitos”, Barcelona : Labor, 1987.
-J.P. Guilford, “Creatividad y educación”, Barcelona: Paidós, 1983.
-Ban Ki- moon 2008. “El Foro de Davos lanza un SOS”. Diario El país (25-01). Madrid. España.

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